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Opinión - 03/5/19 - 12:00 AM

Que la inteligencia y dignidad sean nuestro cierre de campaña

...es de urgencia notoria: la educación, la salud, la calidad de vida, especialmente, la de los que menos tienen, la seguridad, el transporte, la empleomanía, la administración de la justicia, la política inmigratoria, la industria del turismo por anotar algunas.

Los votantes ya hemos decidido por quién vamos a votar después de haber considerado, estudiado, recapacitado sobre las propuestas de los siete candidatos. Foto: EFE.

A pocos días de las elecciones, los votantes ya hemos decidido por quién vamos a votar después de haber considerado, estudiado, recapacitado sobre las propuestas de los siete candidatos.

Algunas viables; otras, utópicas, imposibles; muchas, demagógicas y poco realizables. 

Si los proyectos con los cuales trataron de convencernos se llegaran a concretar, Panamá se convertiría en el país de las maravillas.

Se ha repetido insistentemente que en esta ocasión, los jóvenes decidirán quién será el ganador, lo cual podría ser cierto, pero esperamos que ellos, inexpertos, algunos inmaduros, emocionales,  no se dejen sorprender.

Esperamos que hayan investigado, aprendido del pasado y advertido que la edad no debe ser el elemento de mayor peso en su preferencia.

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Hay otras aristas que también deben ser tomadas en cuenta en el perfil del preferido: experiencia en la gestión pública, honradez a la hora de contarnos quiénes son, preparación para ejercer el cargo, conocimiento de la realidad del país, no tener asuntos pendientes con la justicia, entre otras cosas.

Es menester no dejarse impresionar por estudios y títulos que, tal vez no son verdaderos o que puedan haber sido expedidos por universidades sin reconocimiento alguno dentro de los estudios serios que han hecho una clasificación juiciosa de la preparación que ellas proporcionan.

No olvidemos que hay universidades y universidades.

Tampoco debemos permitir ser impresionados por la elocuencia que posiblemente muchos no codifican en su justo sentido y que solo muestran la emotividad del momento; no nos dejemos enamorar por palabras rebuscadas y promesas falaces a través de las cuales se percibe un alto desprecio por la mayoría humana que no son producto del narcisismo político orgulloso de un apellido linajudo que le da importancia dentro de su casta social. 

Los hombres tenemos historia y por nuestros hechos, los demás nos conocerán. 

Esta vez seamos tercos y exigentes; dejemos de ser egoístas; de pensar exclusivamente en  el beneficio propio.

Panamá es primero. Ahora, lo que importa es la patria, destruida, vilipendiada, la que solo es para unos, los del círculo y no para la mayoría ciudadana.

Tenemos situaciones críticas que nos competen a todos; su atención es de urgencia notoria: la educación, la salud, la calidad de vida, especialmente, la de los que menos tienen, la seguridad, el transporte, la empleomanía, la administración de la justicia, la política inmigratoria, la industria del turismo por anotar algunas.

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Todo ello nos obliga a pensar en el país que tenemos y el que queremos. Aquel en donde la equidad y las oportunidades sean para todos.

Esta vez, seamos sordos a los cantos de sirenas; no nos dejemos concienciar por líderes improvisados con ambición de poder.

No a la reelección de candidatos con cuentas pendientes con la ciudadanía; no a los que no ejercieron las funciones para las cuales fueron elegidos, no a los que no poseen la formación académica para actuar en beneficio de la nación.

A ellos, digámosles un No rotundo.

El 5 de mayo, tendremos la oportunidad de cobrar las cuentas pendientes; decirles que No a los que andan repartiendo dinero que no es suyo, dádivas que ofenden la dignidad del ser humano aunque se esté urgido.

Tengamos dignidad, seamos hidalgos, hagamos honor a nuestros antepasados, a nuestros maestros, a todos los que nos inculcaron los valores que ahora vamos a rescatar con nuestro voto, decisión que haremos pensando primero en Panamá.