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Opinión - 17/9/19 - 12:00 AM

Otra estocada al periodismo panameño

El periodismo en nuestro país no soporta más mediocridad. El desenfreno liberal al que está expuesto, nos llevará en algún momento a desaparecer como profesión.

Lo bueno es que, aún hay jóvenes que ven en el periodismo una herramienta que busca solucionar los conflictos sociales y denunciar la corrupción. Foto: Archivo.

Recientemente, la diputada Mayín Correa, propuso un anteproyecto de ley que buscaba reglamentar como profesión liberal, el ejercicio del periodismo en Panamá.

Después de una conversación que sostuvo con un gremio que aglutina a algunos periodistas del país, en su mayoría de la ciudad capital, la diputada desiste y dijo que no presentaría el anteproyecto debido a que no era su intención crear polémica.

Lo que otros gremios de periodismo en el país no podemos entender es, por qué cuando se piensa tener una propuesta de ley que dignifique la profesión del periodismo panameño, no se promueve una consulta previa con todos los gremios, academias y sectores afines en todo el país.

Al parecer, ese gremio que, si bien es cierto, tiene entre sus filas periodistas que representan los intereses de los medios de comunicación, quedó complacido con la decisión; otros quedamos esperando un debate para poder sustentar que es imperante que exista una ley que regule nuestra profesión.

En otros artículos he manifestado lo nefasto que ha sido para el periodismo nacional, dejar que cualquier persona mal intencionada y sin competencia cognitiva alguna sobre el tema, tenga en su pecho un carnet de prensa que lo acredite para hacer lo que profesionalmente los que estudiamos la carrera en las universidades queremos desempeñar con ética y responsabilidad.

A mi parecer, tener la iniciativa de darle a la profesión la legalidad que necesita, es fundamental para hacer de esta, una función calificada, que cumpla con las normas éticas y que goce de credibilidad ante la opinión pública.

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Obviamente, todo proyecto de esta magnitud necesita ser consultado y analizado.

No se trata de graduar a los empíricos de uno o dos años de ejercer.

Se trata de darles el reconocimiento a quien en verdad lo merece y a los que estudiaron la profesión.

El periodismo en nuestro país no soporta más mediocridad.

El desenfreno liberal al que está expuesto, nos llevará en algún momento a desaparecer como profesión.

uevamente los detractores del periodismo nacional, se escudan en la supuesta libertad de expresión, para negarles los derechos a los profesionales del periodismo que nos preparamos en las universidades.

Observo con mucha pena a los jóvenes que están en las escuelas de periodismo, que con entusiasmo y esfuerzo se capacitan, esperando completar sus estudios y tener una oportunidad para ejercer la profesión en algún medio de comunicación.

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Lo más triste es que, así como vamos, en poco tiempo no existirán medios de comunicación social que tengan el compromiso moral de contratar a esos estudiantes, quienes todavía creen que esta profesión debe practicarse con responsabilidad.

Lo bueno es que, aún hay jóvenes que ven en el periodismo una herramienta que busca solucionar los conflictos sociales y denunciar la corrupción.

En los últimos tiempos, es común ver a muchos periodistas que ejercieron la profesión durante años en los medios de comunicación y que, en algún momento, deciden terminar con la desdicha de ser explotados laboralmente buscando refugio en las oficinas de comunicación del Estado.

Hoy, la suerte les puede cambiar.

Como la profesión del periodismo no está regulada por ley, en las instituciones del Estado cualquier persona que tenga solamente experiencia en el periodismo (no importa los años) o que simplemente con una licencia de locutor haya participado en programas de radio haciendo campaña política para el oficialismo, puede reemplazar al periodista titulado (resolución 69 y 84).

Esta situación no es nueva.

No obstante, este es uno de los motivos por los cuales las relaciones públicas y la comunicación del Estado son tan deficientes.

Algunos de los objetivos principales del Consejo Nacional de Periodismo (CNP), es el de "Elevar la dignidad del periodismo nacional".

Sin embargo, en esta ocasión el silencio de este organismo fue evidente.

Ahora entiendo el sentir de muchos colegas que me expresaban que para ellos el CNP no existía, que solo era un organismo que buscaba protagonismo y que lo único que hacía era velar por los intereses de los dueños de los medios de comunicación social.

Durante el año que actué como presidente de ese organismo, se buscó la manera de ser más inclusivos y, sobre todo, de cumplir con los siete objetivos por los cuales  fue creado.

Sin embargo, los intereses de un selecto grupo de medios de comunicación social que siempre luchan por tener el poder a lo interno de este organismo, predominó y no se pudo lograr que se cumpliera con los propósitos.

Ahora veo un CNP agonizante y abandonado por sus creadores.

Un gremio que nació con un designio noble, se ha convertido en un cascaron que está en decadencia.

¿Quién salvará al periodismo en panameño?

Periodista.