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Opinión - 19/4/19 - 12:00 AM

"La fe nos sustenta"

La crucifixión, muerte y resurrección de Jesús, el Hijo de Dios, no quedó como un hecho aislado. Impactó o trascendió a todas las esferas de la vida humana.

Todos necesitamos del Cristo de Nazaret. Del Jesús de Belén. Del Dios hecho hombre, que se hizo plena humanidad por nosotros. Foto: Archivo.

Como todos los años anteriores, como cristiano, no puedo dejar pasar esta año sin dedicar, como ofrenda amorosa a mi Dios, a mi Señor, un artículo destinado a reflexionar en torno a la Semana Mayor y en especial al Viernes Santo.

Nadie, absolutamente nadie, ni sabios ni científicos, filósofos o historiadores, niegan el acontecimiento más importante de nuestra humanidad.

Ese acontecimiento cambió la ruta del mundo, de nuestra hoja de vida personal y global.

La crucifixión, muerte y resurrección de Jesús, el Hijo de Dios, no quedó como un hecho aislado.

Impactó o trascendió a todas las esferas de la vida humana.

El mensaje claro y regio: Jesús murió por nuestros pecados.

Para salvarnos de la muerte eterna.

Él resucitó. Si vivimos en Cristo y morimos en Cristo nos está guardada la vida eterna.

No se trata de huir del infierno.

Jesús nos ha amado desde antes de venir nosotros a este mundo.

La Biblia lo dice. La Biblia no miente.

El Señor nos conoce desde antes de ser nosotros concebidos en el vientre de nuestras madres.

Grande es este misterio.

El ministerio del Amor de Dios.

El Señor resucitó, dijo el ángel a las mujeres que se asomaron al Santo Sepulcro.

No busquemos entre los muertos al que ha resucitado.

¡Él vive! No podemos seguir una hoja de ruta equivocada.

La ruta está demarcada claramente en la Palabra de quien sufrió, murió y resucitó por nosotros.

Jesús dijo que Él es el pan de vida.  

Pan es alimento. Alimento para el alma.

Si creemos en Él, no tendremos hambre jamás y si vamos a Jesús, tampoco tendremos, nunca más, sed alguna.

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Jesús no compite con psiquiatras ni psicólogos.

Los psicólogos y psiquiatras pueden orientar y asomarse al alma.

Pero no pueden impactar el espíritu del hombre.

Solo Cristo puede hacerlo.

El es el Hijo de Dios. El Dios viviente. El Dios de Amor.

No compite Jesús con ricos ni famosos.

No entra en contradicciones con empresarios ni con millonarios.

Él solo nos dice que nos amemos los unos a los otros y que fuera de Él no hay riqueza ni fama que valga ni que conduzca a ningún lado bueno.

Vivir sin Dios es vivir divorciados de quien nos creó, de quien nos hizo.

Él es nuestro Creador.

Como nuestro Hacedor, conoce nuestros pensamientos.

Sabe de nuestros sentimientos.

Es sabedor de nuestros padecimientos.

Pero también, Él es la solución.

Sin duda alguna. Lejos de Dios, nada podemos hacer.

Ningún fruto bueno hay en nosotros lejos de Dios. Lejos de Él todo es vanidad.

Carnalidad pura.

Sin Cristo en nuestras vidas nada tiene sentido.

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En esta Semana Santa ofrendamos al Señor nuestros corazones.

Entreguemos a Dios nuestra vida y que Él se encargue de guiar nuestra fe y nuestra alma hacia Él.

La resurrección de Jesús de entre los muertos.

Es la prueba indubitable de que Él vive hoy.

No es cuento. No es historia. No es una narración más de la humanidad.

Es la Fe en acción. Prueba de que Él vive es la tumba vacía.

El mundo entero sin Dios va rumbo al despeñadero.

Eso lo vemos todos los días.

Conflictos por doquier. Anuncios de guerras.

Muerte y desastre es el escenario que día a día advertimos.

Y ¿qué haremos? Seguir sin Cristo.

¿Seguir sin Él? Volvamos pues a Dios.

A sus caminos. A andar por sus sendas que son sendas de luz y de paz.

Quitemos la mirada nuestra del hombre.

El hombre es nuestro semejante.

Pongamos los ojos de la Fe en Jesús.

Tenemos así garantizados un mejor vivir y un futuro promisorio.

No es que no habrá problemas. Solo que en Jesús el problema no nos dominará ni nos destruirá.

Todo es pasajero. En Jesús todo es eterno. Niños y jóvenes. Adultos y ancianos.

Todos necesitamos del Cristo de Nazaret. Del Jesús de Belén. Del Dios hecho hombre, que se hizo plena humanidad por nosotros.

Con amor eterno. Amemos a Jesús. Invitémoslo al corazón nuestro.

Que haga morada permanente en nuestras vidas y en nuestros corazones.

Que reine en nuestras familias.

Malas pasiones, bajos instintos, alcohol, drogas, culto al cuerpo y entrega irrefrenable al sexo, endiosamiento al hombre, son, entre otros factores, los que nos están destruyendo.

Váyanos a Dios con humildad y reconociendo que solo Él nos puede ayudar.

Satanás está haciendo todo por ganar la partida. 

Pero no podrá. La Biblia lo dice. Dios ama a su pueblo.

A los suyos. Ingresa a ser pueblo de Dios.

¿Como? Entrégate a Cristo.

A los jóvenes hay que decirles que solo en Jesús tendrán una vida recta y correcta.

Garantizada. En todos los aspectos.

Pero sobre todo garantizada la eternidad.

Ruego a Dios que este mensaje traiga paz a la vida de nuestros semejantes.

Primero a mis compatriotas y a todo aquel que lo lea.

Siento y puedo testimoniarlo: que las tormentas se disipan cuando el guía nuestras vidas.

Paz en medio de la tormenta. No hay duda.

Dios bendiga a la Patria.

Abogado.