Opinión - 10/10/18 - 12:00 AM

Constituyente ante situación nacional

No puede reducir directamente el costo de vida, ni mejorar los servicios públicos, ni mejorar la seguridad social y menos en las calles. Es el mejor mecanismo directo para refundar una nación que tiene su institucionalidad colapsada y está atorada en medio de una rampante corrupción estatal y empresarial.

La Constituyente podría ayudar a resolver problemas de la economía y situación social si se basa en un Gran Concordato Nacional.
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Cristóbal Silva [email protected]

Según datos recogidos en los registros del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), el año pasado la economía nacional (PIB) creció un 5.5%, aproximadamente.

Para el Gobierno esto es bueno.

Para la gran mayoría de la sociedad panameña esto es malo, ya que demuestra un decrecimiento notorio.

Peor este año que durante el primer semestre crecimos casi un 3.5%.

Para los organismos internacionales, el crecimiento es comparativamente alto a nivel mundial, solo inferior a la China y a la India, las más reconocidas como exitosas economías.

Los panameños no reconocemos esto como una buena situación económica del país, ya que se experimenta un decrecimiento de casi un 35% a como veníamos marcando desde la Administración anterior, a la que tanto le gusta referirse la Administración actual.

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La sensación de estancamiento es notoria y contagiosa a todos los niveles sociales, principalmente entre los consumidores y comerciantes.

Los precios siguen subiendo y las ventas siguen bajando por pérdidas de empleos en el país, que de un 4.5% en 2014, ya está llegando a un 9%, aproximadamente.

La situación que casi todos reconocemos es que la demanda interna ha caído significativamente, lo que sugiere que los ciudadanos tienen menos ingresos disponibles para comprar.

También, el sistema financiero, así como el sector comercial, no están dispuestos a dar mayor crédito.

No obstante, entidades internacionales Fondo Monetario Internacional (FMI) calculan que el poder adquisitivo del panameño sería este año el segundo más alto de América Latina, cerca de $24 mil 300, muy cercano al de Chile.

Pero esto no es lo que se percibe en el país.

La razón principal es que tenemos un índice GINI muy alto (peor) y por eso estamos entre los 15 países (de 154) con las peores distribuciones de los ingresos.

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En consecuencia, nuestro nivel de educación es pobre, hay gente sin agua potable y mala sanidad y un sistema de transporte malo.

Ante este escenario económico, algunos preguntan si una Constituyente puede ayudar a cambiar esto.

¿Puede una Constituyente rescatar el turismo, el sector agrícola, impulsar políticas públicas adecuadas, motivar una planificación efectiva y precisa del quehacer nacional, reducir la corrupción, refundar el Estado de derecho, mejorar la administración del Estado?

No debemos interpretar la Constituyente como una panacea.

No puede reducir directamente el costo de vida, ni mejorar los servicios públicos, ni mejorar la seguridad social y menos en las calles.

Pero tiene otras virtudes.

Es el mejor mecanismo directo para refundar una nación que tiene su institucionalidad colapsada y está atorada en medio de una rampante corrupción estatal y empresarial.

¿Lograría una Constituyente ayudar a resolver problemas de la economía y situación social?

SÍ, si se basa en un Gran Concordato Nacional.

Debemos enfocar esfuerzos en este sentido.

Ingeniero