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Opinión - 03/4/19 - 12:00 AM

La desacertada visión del sector agropecuario de la campaña de Ana Matilde Gómez

La cadena alimentaria a nivel global está plenamente controlada por un reducido grupo de empresas transnacionales, con capacidad de quedarse con la parte del león de las actividades productivas y de exportación.

Los candidatos presidenciales durante uno de los foros realizados. Al centro, la candidata de libre postulación, Ana Matilde Gómez. Foto: Epasa.

De acuerdo con lo que pude entender del primer debate presidencial, realizado en la Universidad de Panamá, la Sra. Ana Matilde Gómez, al referirse al problema del sector agropecuario, afirmó que nada impedía que se revisaran los tratados de libre comercio, señalando, además, que esto, sin embargo, no era relevante.

Lo que, a nuestro juicio, está detrás de esta posición se entiende que la base de la solución está en las exportaciones agropecuarias, las cuales podrían aprovechar el contenido de dichos tratados.

Se trata de una visión semejante a la propuesta por la Apede, la cual tiene, desde nuestra perspectiva, importantes fallas en su construcción.

Se puede partir señalando que la realidad del comercio internacional no es tan vibrante como hace algún tiempo.

En primer lugar, es conocido que el ritmo de crecimiento económico a nivel global, que origina la demanda por nuestras exportaciones, ya no es tan dinámico como antes.

Esto se debe no solo a una situación preñada de incertidumbre por elementos coyunturales tales como el Brexit y la guerra comercial declarada por Trump contra la República Popular de China, sino a una tendencia estructural hacia el estancamiento global, factor en que concuerdan muchos científicos sociales de diversas corrientes, como lo son Larry Summers, Yanis Varoufakis y John Bellamy Foster.

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En segundo lugar, a lo anterior se agrega el hecho de que, mientras que en el 2011 el comercio internacional todavía crecía porcentualmente al doble del producto interno bruto mundial, esta relación se redujo a uno en promedio durante el trienio 2015 2017.

Esto expresa el agotamiento de la velocidad de la globalización.

Para el sector agropecuario aparecen otros elementos más concretos.

En primer lugar, a diferencia de otras actividades, aquí las llamadas "ventajas comparativas" no son tan diferenciadas, ni dan lugar a altas barreras a la entrada.

Es así, para seguir el razonamiento de la tesis de Dani Rodrik referida al costo del descubrimiento, es conocido el hecho de que un empresario pagando un alto costo puede descubrir que es posible producir rentablemente un producto agropecuario, para que casi inmediatamente otros, incluso en países similares, aprovechen este conocimiento y generen un elevado volumen de oferta, la cual llevará al deterioro de los precios reales.

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Esto, como desde hace mucho sabían los economistas estructuralistas, es parte importante de la explicación del fenómeno del deterioro de los términos de intercambio.

A esto se agrega, que como lo ha demostrado sobre los hechos la Heinrich Böll Stiftung en su Agrifood Atlas 2017, la cadena alimentaria a nivel global está plenamente controlada por un reducido grupo de empresas transnacionales, con capacidad de quedarse con la parte del león de las actividades productivas y de exportación.

A nuestro juicio, es fundamental darle un objetivo claro a la producción agropecuaria nacional con una estrategia de seguridad alimentaria basada en la soberanía alimentaria, asegurando el mercado nacional para el productor nacional, el cual debe ser apoyado y dinamizado por las políticas públicas.

Esto, desde luego, no significa cerrarse a las posibilidades de las exportaciones que efectivamente beneficien al productor y al conjunto del país.

Economista.