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Opinión - 26/3/19 - 12:00 AM

Francisco, lee Panamá

Afirmaría el Papa: “Vuestro país, por su privilegiada ubicación, se vuelve un enclave estratégico no solo para la región sino para el mundo entero. Puente entre océanos y tierra natural de encuentros, Panamá, el país más angosto de todo el continente americano, es símbolo de la sustentabilidad que nace de la capacidad de crear vínculos y alianzas.

La visita papal proyectó la mejor imagen de Panamá, más allá y mejor que ninguna campaña turística pre-fabricada. Foto: Archivo.

El pontífice romano ha dejado un rico legado en nuestra tierra panameña.

No solo se ganó el corazón de todo el pueblo con su sonrisa, sencillez y gestos de genuina humanidad; sino que con su visita logró levantar la autoestima de una nación mermada por los escándalos políticos y la mala prensa internacional que asocian el nombre del país a los tristemente célebres Panama Papers, o a las listas grises de quienes oscuramente pretenden avasallarnos.

La visita papal proyectó la mejor imagen de Panamá, más allá y mejor que ninguna campaña turística pre-fabricada.

Grey y pastor se confundieron en un abrazo cálido bajo el esplendente sol de nuestro istmo, no solo para renovar la fe que nos ha sostenido espiritualmente en cinco siglos, sino también para acopiar esperanzas frente un futuro incierto.

Fue un momento mágico que deja hondas huellas en la psiquis colectiva y será un referente de las tareas nacionales que hay por cumplir. 

Son tantas las lecciones de la presencia de Francisco en Panamá que es imposible abarcarlas todas en un solo escrito.

Por eso, hemos seleccionado algunos aspectos de la presencia del papa Bergoglio entre nosotros para comentarlas en varias entregas.

Esta primera nota la enfocamos en la lectura que el Papa hizo de nuestra situación histórica y sociocultural.

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Lectura que, por cuya riqueza,  afirmamos que el Papa pensó nuestra Patria con penetrante visión.

Su Santidad justipreció y aquilató dos aspectos sobresalientes de la llamada vocación histórica de nuestro delgado istmo.

Tales aspectos adquirieron relieve en su saludo a las autoridades del país y al cuerpo diplomático congregado en el histórico Palacio Bolívar.

Allí, el jefe de Estado pontificio, caracterizó nuestro país en dos dimensiones: Punto de Encuentro y Tierra de Sueños.

Como era de esperar, el mensaje del presidente Juan Carlos Varela y del pontífice echaron mano del atisbo genial del Libertador, quien desde su exilio jamaiquino supo otear el destino de Panamá como punto de encuentro continental y llegó a augurarnos ser la capital del mundo hace más de 150 años.

Afirmaría el Papa: Vuestro país, por su privilegiada ubicación, se vuelve un enclave estratégico no solo para la región sino para el mundo entero. Puente entre océanos y tierra natural de encuentros, Panamá, el país más angosto de todo el continente americano, es símbolo de la sustentabilidad que nace de la capacidad de crear vínculos y alianzas. Esta capacidad configura el corazón del pueblo panameño.

Francisco reconoció nuestro talante como vocación de ser tierra de convocatorias y encuentros, la cual está afincada desde  tiempos precolombinos.

Por ello dijo: La genialidad de estas tierras está marcada por la riqueza de sus pueblos originarios.

Importante nota, pues se suele comenzar el relato de nuestra anfictionía desde la Colonia.

En esta cogitación pontificia, hallamos no solo reconocimiento, sino también conocimiento de que la realidad del encuentro de los que son diferentes, debe ser reconstruida cada día.

En un párrafo prospectivo del mismo discurso señalará el obispo de Roma: Ser tierra de convocatorias supone celebrar, reconocer y escuchar lo específico de cada uno de estos pueblos y de todos los hombres y mujeres que conforman el rostro panameño y animarse a entretejer un futuro esperanzador, porque solo se es capaz de defender el bien común por encima de los intereses de unos pocos o para unos pocos cuando existe la firme decisión de compartir con justicia los propios bienes. Llamemos la atención del lector sobre el antecedente y el consecuente de esta frase apodíctica: Solo si hay equidad habrá futuro.

En otro discurso, al agradecer al arzobispo José Domingo Ulloa y a su equipo su trabajo el organizar la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), añadió Francisco la dimensión religiosa de nuestra tierra de encuentros.

Allí apuntaría: Graciaspor ayudar a que Panamá hoy sea no solamente un canal que une mares, sino también canal donde el sueño de Dios siga encontrando cauces para crecer, multiplicarse e irradiarse en todos los rincones de la tierra".

Dios sueña Panamá y nos recrea cada día para el bienestar propia y de la Humanidad.

Igualmente relacionado al tema del encuentro civilizatorio, el Papa incorporó en otra intervención que el encuentro supone, no solo decirnos hola y chau, sino un caminar juntos.

El verdadero encuentro recusa la negación de las diferencias, la segregación y la xenofobia.

Por eso los sostenedores de la visión del encuentro son unos que, según el Papa: Con sus gestos y actitudes, con sus miradas, sus deseos y especialmente con su sensibilidad desmienten y desautorizan todos esos discursos que se concentran y se empeñan en sembrar división, en excluir o expulsar a los que no son como nosotros.

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Como en varios países de América decimos, no son GCU: gente como uno.

Todos somos gente como uno, todos con nuestras diferencias.

Y esto porque tienen ese olfato que sabe intuir que el amor verdadero no anula las legítimas diferencias, sino que las armoniza en una unidad superior, lo cual formuló Bergoglio citando a Benedicto XVI.

Esta visión del encuentro, que crea puentes, se contrapone a la cultura de la creación de muros.

Por ello sentenciará el Vicario de Cristo: sabemos que el padre de la mentira, el demonio, siempre prefiere un pueblo dividido y peleado, a un pueblo que aprende a trabajar juntos. Y este es un criterio para distinguir a la gente, los constructores de puentes y de muros, esos constructores de muros que dividen a la gente.

En el momento histórico donde la administración Trump, pugna por la construcción del muro en su frontera mexicana y latinoamericana, tal señalamiento es más que admonitorio y particularmente por la llamada crisis migratoria que azota el planeta y que en Panamá tiene rostro venezolano, colombiano, cubano, nicaragüense y africano.

Una idea complementaria, Francisco planteó en sus meditaciones, luego del rezo del Angelus en la liturgia compartida con los jóvenes privados de libertad, en el Centro de cumplimiento de menores en las Garzas de Pacora, el pasado 25 de enero.

En esa fecha, en la cual el mundo rememora cada año el Holocausto, Francisco nos recordó que para lograr una verdadera integración civilizatoria: Necesitamos mantener vivo el recuerdo pasado, de las tragedias pasadas, y aprender de las páginas negras de la historia para no volver a cometer nunca más los mismos errores. Sigamos esforzándonos sin descanso por cultivar la justicia, fomentar la concordia y sostener la integración para ser instrumentos de paz y constructores de un mundo mejor. 

Palabras que referidas a la mayor tragedia civilizatoria del siglo XXl, los panameños, renacidos del holocausto del 20 de diciembre de 1989 y del trauma que una invasión militar foránea supuso en nuestra historia, bien podríamos aplicar honestamente para evitar que eso nunca se repita ni en Panamá ni en la región.

(Tríptico franciscano. Primera de tres entregas)

Docente y gestor universitario.