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nytimesinternationalweekly - 05/9/19 - 11:45 AM

Los refugiados encuentran hogar en los museos

La crisis de personas que huyen de sus países está fuera de control. El arte refleja la situación y ha creado un discurso a su alrededor

  • Jason Farago

WASHINGTON — En primer lugar, no nos gusta que nos llamen ‘refugiados, escribió Hannah Arendt en 1943. Estaba en Nueva York para entonces. Una década antes, la filósofa había huido de su natal Alemania. Luego de años en París, fue enviada con otros judíos a un campo de internamiento. Escapó y logró llegar a Portugal, luego a Estados Unidos.

Pero, en 1943 aún era apátrida, y en su mordaz ensayo We Refugees (Nosotros los refugiados) intentaba comprender su lugar en un torrente de inocentes desplazados. El infierno ya no es una creencia religiosa o una fantasía, sino algo tan real como casas y piedras y árboles, escribió Arendt.

Hoy, las Naciones Unidas estima que hay 25.9 millones de refugiados en todo el mundo, la cifra más alta registrada desde la Segunda Guerra Mundial. Esa cifra es el doble del total del 2012, y podría no incluir a los recientes y enormes desplazamientos de ciudadanos de Venezuela (se estima que unos 4 millones han huido del país).

Cada uno de ellos tiene el derecho a asilo seguro, de acuerdo con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero pocos lo están encontrando.

Éstas son las vidas que pueblan The Warmth of Other Suns (El calor de otros soles), una desgarradora y totalmente avergonzante exhibición en el museo Phillips Collection, en Washington. La muestra llena el recinto con la obra de 75 artistas.

Su enfoque en la migración está inspirado por la reconocida Migration Series de Jacob Lawrence, de 1941, y escenas de Lawrence de la migración interna afroamericana están presentes en esta exhibición.

Sin embargo, esta muestra se enfoca en una clase específica de migrante: los refugiados que cruzan las fronteras no en busca de oportunidad, sino temiendo por sus vidas. Eso significa que se concentra en el Mediterráneo, el epicentro de la crisis de refugiados de esta década. Una preponderancia de los refugiados de hoy, 6.7 millones, proviene de Siria. Aquí, dibujos góticos de la artista Anna Boghiguian presentan a sirios dirigiéndose al oeste desde Beirut, mientras que el artista chino Liu Xiaodong estableció un estudio en Lesbos, donde pintó a sirios sonrientes y preocupados. Otros, como el fotoperiodista mexicano Guillermo Arias, examinan la migración a Estados Unidos.

Una sala de cuatro imágenes abstractas de Rothko, cuya familia huyó de los pogromos de Rusia, tiene altavoces que reproducen entrevistas con migrantes mexicanos.

El valor de The Warmth of Other Suns radica en esta mezcla de un sincero retrato de los refugiados con obras de arte más relajadas y más abstractas. Delinean una visión más tensa del arte del siglo pasado, en el que el refugiado no es un forastero de visita, sino un actor central en nuestra cultura global.

En la Bienal de Venecia de este año, la crisis de refugiados es más que visible. En Barca Nostra de Christoph Büchel, el artista suizo exhibió una embarcación real en la que se ahogaron cientos de migrantes.

El refugiado de antaño era un simple hecho de la vida, y refugiados judíos como Arendt, Einstein, Freud, Adorno, Claude Lévi-Strauss y Eric Hobsbawm pronto transformarían las bases del arte y la sociedad.

La cultura occidental moderna es en gran parte la obra de exiliados, emigrados y refugiados, escribió el filósofo palestino-americano Edward Said.

El cine de Billy Wilder, Fritz Lang, Marlene Dietrich y Milos Forman. Las novelas de Thomas Mann, Vladimir Nabokov, Viet Thanh Nguyen y Herta Müller. La música de Freddy Mercury, Gloria Estefan y M.I.A. Todo esto es el arte de refugiados.

The Warmth of Other Suns imagina al arte moderno en sí como una especie de campo de refugiados, donde la desesperación y la inercia se entremezclan con evocaciones del hogar y la familia.

La forma más significativa de condenar la negligencia de hoy es descubrir cómo nosotros mismos somos herederos de las historias de refugiados.

Ésa fue la estrategia de la única obra maestra de la crisis de hoy: la película Transit, del director alemán Christian Petzold, que traslada con facilidad una novela de 1942 sobre refugiados desesperados por escapar de la incursión nazi de Marsella a la Francia de hoy. Ésta dice de la manera más sencilla: ignorar a los indefensos no es perdonable, y definitivamente no es nuevo.