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Mundo - 04/12/18 - 05:15 PM

Gobierno francés retrasa el aumento al impuesto a los combustibles

El fin de semana pasado, más de 130 personas resultaron lesionadas y 412 fueron detenidas por la revuelta en la capital francesa. Tiendas fueron saqueadas y autos incendiados en barrios acaudalados alrededor de la popular avenida Campos Elíseos. El Arco del Triunfo fue manchado de grafiti y vandalizado.

Los manifestantes, conocidos como chaquetas amarillas, protestan en Marsella, sur de Francia, FOTO/AP
  • París/AP

El gobierno francés cedió este martes después de los peores disturbios en París en décadas y retrasó el aumento al impuesto a los combustibles, pero la medida fue considerada insuficiente y tardía por muchos manifestantes cuyo enojo parece enfocarse cada vez más contra el asediado presidente Emmanuel Macron.

Los manifestantes regresaron a las calles con sus distintivos chalecos amarillos. Bloquearon varias estaciones de gasolina y, en una autopista cerca de la ciudad sureña de Aubagne, tomaron una caseta de peaje para permitir que conductores pasaran sin pagar cerca de un letrero que decía Macron dictador.

Las manifestaciones comenzaron el 17 de noviembre por la molestia causada por el aumento al impuesto sobre los combustibles, pero se han extendido para incluir una amplia variedad de quejas como el estancamiento de la economía, la injusticia social, el sistema fiscal del país que es uno de los más elevados en Europa y ahora algunos incluso piden la renuncia del gobierno.

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El fin de semana pasado, más de 130 personas resultaron lesionadas y 412 fueron detenidas por la revuelta en la capital francesa. Tiendas fueron saqueadas y autos incendiados en barrios acaudalados alrededor de la popular avenida Campos Elíseos. El Arco del Triunfo fue manchado de grafiti y vandalizado.

Cuatro personas han muerto, informaron las autoridades, y más protestas están planeadas para este fin de semana.

Una queja común entre los manifestantes, que abarcan gran parte del espectro político y social, ha sido la molestia con Macron y el elitismo percibido en la distante clase gobernante de Francia.

Desde que Macron regresó de la cumbre G20 en Argentina, ha permanecido en su residencia palaciega o evitado hablar en público sobre las protestas, las cuales han creado su mayor crisis política desde que asumió su cargo en mayo.

Fue el primer ministro de Francia, Edouard Philippe, quien anunció el aplazamiento por seis meses del aumento al impuesto a los combustibles que debió comenzar en enero. Hace sólo tres semanas, Philippe había insistido en que el gobierno se mantendría firme en el plan fiscal cuyo objetivo era desestimular el consumo de combustibles fósiles. También anunció precios congelados en la electricidad y gas natural hasta mayo.

Ningún impuesto merece poner la unidad del país en peligro, declaró el primer ministro.

Macron, por su parte, visitó la sede de un gobierno regional que fue incendiada por los manifestantes, pero no habló con la prensa.

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El giro de 180 grados del gobierno pareció tranquilizar sólo a algunos manifestantes, quienes portan el chaleco amarillo que los conductores en Francia deben llevar en sus vehículos en caso de una emergencia.

Es el primer paso, pero no nos conformaremos con migajas, dijo Benjamin Cauchy, un autoproclamado líder de la protesta.

Otro líder autoproclamado, Thierry Paul Valette, le dijo a The Associated Press que los manifestantes están insatisfechos no sólo por el precio del combustible, sino también por la desigualdad económica.

Es demasiado tarde... Pido la renuncia de este gobierno, dijo Valette.

Las protestas y la violencia en las calles son una parte importante de la cultura política francesa, desde la Revolución de finales del siglo XVIII hasta los movimientos estudiantiles de 1968, y el movimiento de los chalecos amarillos refleja esta tradición.

Philippe estuvo en conversaciones con los representantes de los principales partidos políticos el lunes y se reunió con Macron, quien canceló un viaje de dos días a Serbia.

Esta violencia debe terminar, dijo Philippe.

Fue el primer ministro de Francia, Edouard Philippe, quien anunció el aplazamiento por seis meses del aumento al impuesto a los combustibles que debió comenzar en enero. Hace sólo tres semanas, Philippe había insistido en que el gobierno se mantendría firme en el plan fiscal cuyo objetivo era desestimular el consumo de combustibles fósiles.