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Opinión - 10/2/19 - 12:00 AM

Juventud en política

La clase gobernante actual expira y estos problemas exigen solución inmediata, porque si no se resuelven, el caos social inundará las calles. Por esto la real juventud soberana e independiente debe involucrarse en los asuntos de la nación.

Ser joven e inmiscuirse en los asuntos políticos de Panamá es visto como un acto de valentía en algunas ocasiones y, en otras, como de oportunismo. Valentía porque es un mundo en el cual existen relaciones de fuerza y poder establecidas que se afirman en el clientelismo, botellismo y corrupción. En donde ejercer el cargo de manera transparente e integral es un obstáculo para poder realizar el trabajo para el que se fue escogido.

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Pero ¿estas son razones para alejarse de la política y no desafiar el régimen preestablecido que nació posinvasión? ¿Qué razones hay para adentrarse en ella?

Panamá ha experimentado durante casi las dos últimas décadas un crecimiento sin precedentes, pasando de un PIB en 1997 de $10,677 millones a uno de $61,838 millones en 2017. Si lo observamos más de cerca tenemos que Panamá, entre 2001 y 2013, tuvo un crecimiento porcentual medio de 7.2% que es una cifra significativa hablando económicamente. Ningún país en América Latina ostenta estos datos récord en lo que va de este siglo. Entre los protagonistas de ese crecimiento tenemos al Canal de Panamá, la Zona Libre de Colón, el turismo y el sector financiero. Todo positivo con estos números, pero ¿ha sido significativo para la población? ¿Ha llegado a la vida de los panameños esa prosperidad y del cual los gobiernos de turno en organismos internacionales se jactan y adjudican a sus respectivas administraciones?

Actualmente contamos con alrededor de 400 mil personas en estado de subalimentación (debajo de los requerimientos calóricos diarios para llevar una vida saludable) según la FAO. Mientras que alrededor de 250 mil personas tampoco cuentan con acceso al agua potable según un informe del Centro de Incidencia Ambiental y otras 400 mil no cuentan con acceso a servicios sanitarios.

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Podemos responder determinadamente a nuestras preguntas con un fáctico y rotundo no. Mientras que a la población panameña le aquejan problemas de primera y básica necesidad; habiendo aún así los medios para resolver estos problemas el Estado se hunde en una buro-pluto-cleptocracia que está trazando un destino de desgracia irreversible para muchas generaciones de familias. La falta de políticas públicas responsables y dirigidas hacia un desarrollo social del país brilla por su ausencia y el sueño panameño de superación ya no es el estudio, ni el trabajo, sino convertirse en un engranaje de este sistema que se reproduce cada vez con más lubricante de falta de conciencia y deshonestidad que unge a nuestra clase gobernante.

Tenemos a los indígenas más miserables de América, según cualquier estudio que salga por ahí; nuestros estudiantes salen cada vez peor en cualquier prueba de capacidades académicas a nivel internacional; contamos con universidades que no cumplen con la acreditación para poder desarrollarse en cualquier parte del mundo.

La clase gobernante actual expira y estos problemas exigen solución inmediata, porque si no se resuelven, el caos social inundará las calles. Por esto la real juventud soberana e independiente debe involucrarse en los asuntos de la nación, buscando soluciones y de inclusión que contengan en sí las respuestas estructurales y coyunturales que se necesitan. Que no dependa del poder económico-empresarial, ni que responda políticamente a ningún interés que no sea exclusivamente del pueblo panameño. Una juventud que saque a Odebrecht del país, que saque a Cusa, que no dé país por cárcel a ningún ladrón de cuello blanco. Que no negocie con la comida del panameño. Una juventud que sea panameña de verdad y que no pase más tiempo fuera del país que todos los diputados, ministros, representantes y cuanto funcionarillo que tenemos.

Maycol A. Núñez, estudiante de Economía y dirigente estudiantil.