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Opinión - 08/8/19 - 12:00 AM

Eslabones de un accidente

Cuando un obrero muere por la caída de un martillo son culpables: el que trabajó con el martillo sin fijarlo con una cuerda a su cuerpo, el ingeniero que no ordenó colocar una malla protectora contra objetos en caída libre, la víctima por no portar su casco...

Quién es el verdadero culpable, el conductor que iba a alta velocidad o el peatón que cruzó indebidamente la calle. Foto: EFE.

Recientemente, dicté un curso sobre el manejo de desechos industriales, para la carrera de Prevención de Riesgos, Seguridad y Ambiente de la Universidad de Panamá, el cual me obligó a reflexionar sobre lo que usualmente llamamos "accidentes" y quiénes son los verdaderos responsables de los mismos.

Vinieron a mi mente una serie de expresiones y conductas populares, que estimo, en gran medida, tienen mucho significado y que, desafortunadamente, no analizamos en su debida dimensión.

"Accidente solo lo sufre aquel a quien le cae un rayo en un día soleado", es una de esas frases célebres en la que se da a entender que detrás de cada accidente hay una persona que cometió un error y otra que fue imprudente, por exponerse a los efectos de dicha equivocación.

Algo similar deduje de un artículo que en una ocasión leí, donde se indica que no debemos culpar a Dios por los desastres naturales, porque son fenómenos que se dan en áreas ya establecidas. Es la avaricia y terquedad humana la que nos obliga vivir en la Falla de San Andrés, puntualiza el artículo.

En materia de tránsito, en el pasado se promovió el "manejo a la defensiva", como evidencia de que los irresponsables del volante no iban a desaparecer, pero si conducíamos en forma precavida, podríamos no ser víctima de ellos.

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Igualmente, tengo entendido que un alto porcentaje de las muertes por accidentes automovilísticos son por atropello y que en la mayoría de los casos es por imprudencia del peatón.

Queda la interrogante de quién es el verdadero culpable, el conductor que iba a alta velocidad o el peatón que cruzó indebidamente la calle.

En salud, es común escuchar en diversos medios que en Panamá se practica más la medicina curativa que la preventiva.

Ello me hace pensar que hasta pescar un resfriado no puede ser considerado como un "accidente", porque pudieron estar involucradas muchas personas; desde el funcionario que no gestionó la compra de las vacunas a tiempo, hasta el afectado por no vacunarse; o algunos funcionarios del Ministerio de Educación, por no inculcar en la población la importancia de las vacunas.

Abordar este tema sería una excelente oportunidad para que el nuevo gobierno demuestre que realmente es "nuevo".

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Cada vez que una estructura o equipo colapsa, se exclama que en Panamá no existe la cultura del mantenimiento, como indicativo de que los daños causados pudieron ser evitados.

Más aun, el mayor daño usualmente ocurre por situaciones ajenas al evento, como por aquella ambulancia que no llegó a tiempo, porque no había agua para sofocar un incendio o porque alguien dejó encerradas unas llaves importantes. Al final, fue una cadena de eventos, supuestamente fortuitos, la responsable de las víctimas.

En el campo laboral, he sido testigo de cómo algunos trabajadores se rehúsan a utilizar ciertas medidas de seguridad, ya sea porque no están acostumbrados a ellas, porque les incomoda o porque les gusta "guapear", haciendo alardes de no necesitarlas. Cuando un obrero muere por la caída de un martillo son culpables: el que trabajó con el martillo sin fijarlo con una cuerda a su cuerpo, el ingeniero que no ordenó colocar una malla protectora contra objetos en caída libre, la víctima por no portar su casco y todos aquellos que luego tomaron medidas para que la tragedia no vuelva a ocurrir. Claro demasiado tarde.

Concluyo de toda esta reflexión que los accidentes no existen y que detrás de cada uno de ellos hay un irresponsable o incompetente, una víctima imprudente o ignorante y un número plural de personas que sabían que dichos eventos podrían ocurrir, pero no crearon las condiciones adecuadas para que no ocurra o no ocasione víctimas. Entre ellos podría estar el autor de este artículo y el lector.

Docente