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Opinión - 15/10/18 - 12:00 AM

Educación inclusiva como estrategia para una sociedad incluyente

...la situación panameña demuestran que el alto crecimiento de la riqueza material tiene un patrón de distribución que caracteriza nuestro crecimiento como uno con grandes asimetrías. Es inadmisible que en Panamá sigamos teniendo dos circuitos diferenciados en nuestro sistema educativo: uno de educación de calidad para la élite, y otro de educación degradada para la mayoría.

La educación de calidad para todos es el mayor reto del desarrollo humano integral.

La educación es un factor fundamental del desarrollo humano.

La educación es una condicionante y un producto del desarrollo.

La educación permite la reproducción social, pero potencialmente mejorará la sociedad toda.

La educación nos lega el pasado, nos conecta con lo que somos, pero al mismo tiempo es el elemento clave para inventar el futuro.

La educación de calidad para todos es el mayor reto del desarrollo humano integral.

Si un país crece, pero los frutos de ese crecimiento no llegan a todos, o llegan de manera muy asimétrica, el propio desarrollo se estanca y se pervierte.

Tenemos pruebas fehacientes, en países como Panamá, de que se puede crecer y crecer mucho, y no por ello tenemos más desarrollo, o si se tiene, este no alcanza a todos de la misma manera.

Los datos de la situación panameña demuestran que el alto crecimiento de la riqueza material tiene un patrón de distribución que caracteriza nuestro crecimiento como uno con grandes asimetrías.

Por eso somos punteros del crecimiento regional, pero igualmente estamos en el segmento de los más asimétricos en la distribución de la riqueza.

Ciertamente la riqueza social acrecentada de la sociedad panameña ha permitido reducir significativamente la pobreza y la pobreza extrema en la última década, mediante una política social que ha hecho de los programas de transferencias condicionadas su principal instrumento.

Incluso, la acción redistributiva del Estado ha logrado atenuar levemente la inequitativa distribución de la riqueza.

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Igualmente, las reivindicaciones laborales han logrado detener la pauperización creciente que caracterizó las peores fases del ciclo económico.

Sin embargo, esto no ha alterado el patrón básico de acumulación de la riqueza, centrado en sectores muy específicos como los servicios vinculados al transporte y al comercio internacional, las finanzas y la energía.

Por ello, deben aparecer nuevos sectores y ramas económicos (transformación productiva), y se deberá innovar profundamente en todos los sectores de manera de crear valor y valores nuevos en el sistema socioproductivo, incorporando tecnología y conocimiento, pero igualmente procesos de trabajo más eficientes (transformación social y cultural).

Es claro que sin educación de calidad no habrá generación de esos nuevos valores agregados ni empleo decente para la mayoría.

La vida social de los panameños y panameñas ha cambiado aceleradamente.

La incorporación al control nacional de nuestro activo más importante nos ha dado riqueza, pero en paralelo acentuó las migraciones campo-ciudad, reconcentrando en la urbe metropolitana y sus zonas circunvecinas más del 80% de la población nacional.

Al mismo tiempo experimentamos la transición demográfica, haciendo que la pirámide de población empiece a perder la amplitud de su base y engrosando sus lados.

Esto supone hacinamiento, problemas de transporte y suministro de servicios, tan básicos como el agua y la energía, pero igualmente de salud y de educación.

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En correlato también, los problemas de la convivencia social se han acrecentado y la institucionalidad se ha debilitado.

La vida política se ha degradado, por temas como el clientelismo y la corrupción público-privada que evidencian la crisis de nuestros valores fundamentales como ciudadanos.

Nuestra cultura social empieza a mostrar asimetrías y contrastes muy violentos Estamos en los Grammy, llegamos a la Copa Mundial de Fútbol, pero igualmente los mal llamados "Panama Papers" compiten en definir el carácter con el que nos percibe el mundo.

Tampoco nuestra pobre educación nos permite discernir en los asuntos que crea la complejidad del manejo de nuestro nuevo rol en el mundo globalizado, y por ello el público es manipulado fácilmente apelando a miedos y pasiones atávicos.

Es inadmisible que en Panamá sigamos teniendo dos circuitos diferenciados en nuestro sistema educativo: uno de educación de calidad para la élite, y otro de educación degradada para la mayoría.

Esa asimetría educativa crea y refuerza la asimetría social y económica; no es su causa, pero la refuerza.

Si como dice nuestra propia Constitución política y señala la agenda internacional que hemos decidido adoptar como nuestra, todos tenemos derecho a una educación de calidad, entonces, el cómo hacer cumplir este derecho es la respuesta clave que deberemos construir lo más urgentemente posible.

Economista y docente universitario.