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Economía - 29/4/19 - 04:15 PM

Robots, ¿el futuro de la producción?

El mundo laboral está cambiando y los profesionales de los diferentes sectores deben adaptarse a los nuevos modelos para sobrevivir en un mercado cada vez más competitivo

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Ahora estamos dividiendo nuestras vidas en dos mundos distintos, online y offline. La vida online, en gran medida, está libre de riesgos. Es muy fácil hacer amigos por Internet, en ningún momento notas tu soledad y si las actitudes de otros usuarios no te gustan, solo tienes que dejar de comunicarte con ellos. El riesgo viene cuando estás offline, descubres la realidad de la diversidad humana y la necesidad de dialogar. La gente que ha sido educada en la independencia y con políticas gubernamentales que le facilitan todas las comodidades, ha perdido la capacidad de negociar la cohabitación con otras personas porque no se le han enseñado las habilidades propias de la socialización. Pero, aunque al principio parezca un sistema perfecto, tarde o temprano descubres que al final de la independencia no está la felicidad. Al final de la independencia, está el vacío de la vida y un aburrimiento absolutamente inimaginable. Esto es el reflejo de una cuestionada sociedad sueca, analizada por el sociólogo Zygmund Bauman al final de ‘La teoría sueca del amor Eric Gandini, 2016-, pero, ¿es posible que los robots lleven todavía más al extremo esa independencia y desconexión humana?

La denominada ‘computación afectiva y sus progresos de los últimos años nos llevan a responder que sí podrían: el robot doméstico Zendo que canta, cuenta historias y es capaz de controlar diferentes factores del hogar a través de órdenes de voz; la aplicación Afectiva, capaz de determinar nuestro estado de ánimo solo con vernos la cara; carros que detectarán si vamos distraídos o en los que llevaremos de copiloto a Kirobi Mini, capaz de reconocer expresiones faciales, darnos conversación para mantenernos despiertos o avisarnos si queda suficiente combustible. Y al llegar a casa, el robot de Google Home, que nos pinchará nuestra canción favorita para levantarnos el ánimo.

Estos son solo algunos de nuestros futuros compañeros de piso, que se añadirán a los actuales robots que ya nos cocinan, nos barren y friegan los suelos y nos limpian las ventanas. Fuera del hogar, también encontramos ya muchos avances en la automatización absoluta de los procesos industriales y las primeras pruebas de robots encargados de ofrecer servicios: el ya de sobras conocido carro sin conductor de Google, los barcos autónomos ideados por el Pentágono, los robots pensados por Airbus para trabajar junto a humanos en la línea de montaje, los humanoides que podrían operar con escasa colaboración de médicos humanos y que de hecho, ya casi lo hacen, como es el caso de Da Vinci, el autómata más conocido en los quirófanos de todo el mundo, especializado en la extracción de la próstata-, Amelia, que puede manejar treinta idiomas y aprender a interactuar con los humanos, los restaurantes robóticos como el de Eatsa de San Franciso, o el coro Mirai Capsule, compuesto por 14 robots y dos humanos que ya ha interpretado en público la Novena Sinfonía de Beethoven.

Un debate para el futuro
Si a estas posibilidades de convivir, ser ayudados en casa y disfrutar del ocio de la mano de robots humanoides, le sumamos la posibilidad de quedarse en casa porque ya trabajan ellos por nosotros y el estado ofrece una renta básica idea que ya se está estudiando y testeando en países como Finlandia, Países Bajos y Canadá aunque con el objetivo es animar a la población a reciclarse y buscar nuevas opciones de trabajo más adaptadas a la nueva demanda-, ¿por qué iban los ciudadanos querer salir, relacionarse o involucrarse en el desarrollo social de las comunidades?

En primer lugar porque todavía son muchas las sociedades que creen en la comunidad y en la colaboración humana para el desarrollo local y global. La domótica, el Internet de las cosas y los primeros asistentes de Inteligencia Artificial apuntan hacia una cierta robotización de los hogares, pero son pocos los que se plantean que esto pueda substituir realmente todo lo que aporta la convivencia con otras personas.

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Y en segundo lugar porque los escuadrones de robots proletarios son todavía, y a pesar de los intentos, una utopía. Son pocas las empresas que consideran la posibilidad de substituir una parte importante de su plantilla por robots humanoides y, aunque si mecanizan sus procesos e instalan algunos robots que desarrollan tareas específicas, siempre es para apoyar el trabajo humano, no para substituirlo.

Un buen ejemplo de ello lo representa la empresa americana Amazon, que ya ha empezado a experimentar con la entrega por drones y que utiliza la robótica en sus almacenes para trasladar mercancías, pero no para manipularla. De momento, las habilidades táctiles para distinguir formas, tamaños y texturas no han llegado a las capacidades robóticas.

Si eso pasa con objetos grandes, más aún con los pequeños. Así, aunque los robots pueden colocar componentes electrónicos en una placa de circuito plana sin problemas, ya lo tienen más difícil para montar, por ejemplo, una batería de auto con muchas piezas pequeñas que deben ser instaladas en ángulos complicados. Pasa un poco lo mismo con tareas de trabajo muy intensivo como varios tipos de costura o acabados delicados. En definitiva, a los robots les falta la movilidad precisa, la sensibilidad y, por supuesto, la capacidad de pensar de manera independiente y no sujeta a los parámetros introducidos a través de un código informático concreto.

De la misma manera, la inteligencia artificial va dando pasos hacia la automatización, pero aún está en duda que la sofisticación y humanización de las habilidades de los robots-ordenadores puedan llegar a calcar exactamente las de los propios humanos. El economista estadounidense Robert Gordon nos recuerda que no es nuevo que haya algunos puestos de trabajo que puedan ser reemplazados, y que siguen los pasos de las víctimas de Internet de hace dos décadas como los agentes de viajes, los vendedores de enciclopedias o los trabajadores de los videoclubs. No obstante, y aunque la Inteligencia Artificial ya trabaja en el diagnóstico médico, la prevención del crimen, la aprobación de créditos, o los agentes de seguro, entre otros, los ordenadores solo consiguen acelerar el proceso y volverlo más preciso trabajando en colaboración con los humanos. Para Gordon, habrá que esperar mucho tiempo antes que estos humanoides puedan reemplazar totalmente el trabajo humano en el transporte, la construcción o los servicios, sectores sobre todo el último- que ocupan un lugar creciente en la economía global.

Nuevos modelos de negocio, nuevos profesionales
A pesar de las dudas y de que la evolución de la robótica y, sobre todo, de la Inteligencia Artificial, es un proceso vivo pero lento, lo que sí está claro es que todos estos desarrollos están provocando un nuevo cambio de paradigma, en el que desaparecen algunas industrias y puestos de trabajo pero aparecen nuevos modelos de negocio que requieren nuevos especialistas. En 2025, según Boston Consulting Group, el 25% de todas las tareas laborales serán realizadas por robots. El reto es pues mayúsculo para los Gobiernos y los ecosistemas educativos de cada país para afrontar las necesidades de los profesionales humanos del futuro.

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En Panamá no hay una estadística de la demanda de profesionales de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas pero es algo que está pasando, asegura Andrés Salazar, director de Empleo del Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral. Y pone como ejemplo concreto el tema del sector salud, ya que la esperanza de vida de las personas va a ir en aumento y demandará profesionales en todas las áreas. Pero carreras como química, física, farmacia o biología son en las que menos estudiantes hay".

Yodo lo que es área de tecnología, informática e innovación va a ir transformando el mercado de trabajo. Pero no hay que tenerle miedo, porque siempre se va a requerir personal para esas áreas y otras áreas. Lo que sí tenemos es que estar a la par de la tecnología, porque a lo mejor muchos estudiantes ni sabrán qué carreras estén vigentes cuando se terminen de graduar, remarca Salazar, añadiendo que lo cierto es que uno no se puede quedar atrás, porque el futuro del trabajo va a cambiar incluso las relaciones obrero-patronales.

¿Cómo pueden los países ayudar a la población para que se prepare para trabajar en una economía cada vez más especializada? Motivándola, cambiando la percepción de las asignaturas de ciencias en los institutos y facilitando el acceso a esa educación especializada desde los años de educación infantil.

Captando a los más pequeños
En la actualidad son muchas las iniciativas encaminadas a introducir la ciencia y la tecnología en las opciones para complementar la educación de los más jóvenes, algunas impulsadas desde el sector privado como DigiGirlz, de Microsoft, un proyecto internacional que busca exponer, capacitar y alentar a las jóvenes para que continúen rompiendo paradigmas y triunfando en el sector de las ciencias y la tecnología. DigiGirlz es una actividad que se realiza una vez al año, y lo hacemos llevándole el mensaje a chicas que tienen entre 14 y 17 años, sobre la oportunidad que presenta el sector de las STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) en el mundo actual, explica Milene Martín, Country Manager de Microsoft para Panamá. Para Martín, en los actuales y futuros empleos ya se está observando la necesidad que los jóvenes se interesen por este tipo de carreras, debido al impacto que tiene la tecnología y la ciencia en la economía y Panamá no escapa a esa realidad.

Otra iniciativa privada es la puesta en marcha por Telefónica, que, desde 2017, lleva metodologías innovadoras de enseñanza y tecnología a zonas vulnerables de Panamá, con el objetivo de disminuir la brecha digital que existe en las aulas de clase del país, desarrollando competencias digitales en niños, jóvenes y docentes. De esta manera, a través del programa Mathlab se promovió la enseñanza de las matemáticas a través del juego en 27 escuelas de Panamá Oeste y Coclé, formando  en Gamificación a 188 docentes y en estrategias lúdico-pedagógicas a 405. De este programa se vieron beneficiados casi 6.000 niños y niñas en 2017.

También Fundación Telefónica puso en marcha el Programa Habilidades para la Vida, a través del cual se formó a 502 docentes y a 6.611 niños y adolescentes de 45 centros educativos de Herrera, Los Santos y Panamá Oeste. También se propusieron hasta 27 actividades motivadoras para reforzar las competencias blandas y acercarlos al mundo laboral y académico actual. También el proyecto Aulas Fundación Telefónica ha apoyado a 1.966 docentes con formación sobre el uso de las TIC y metodologías innovadoras para su implementación en las aulas, con un impacto en más de 45.218 niños y adolescentes de 95 escuelas de Panamá, Panamá Oeste, Coclé, Veraguas, Chiriquí y Herrera.

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Por otro lado, la Fundación Centro de Ciencas y Arte Explora, Fundesteam, Panamá Stem y Cable Onda se unieron para crear el Laboratorio de Robótica Educativa STEM. Este Laboratorio permite a los colegios que no cuenten con las instalaciones y al público en general, incursionar en el mundo de la robótica y desarrollar destrezas y habilidades. El objetivo: seguir fortaleciendo la enseñanza de las STEM entre los niños y jóvenes estudiantes, procurando desarrollar, a través de la robótica educativa, el amor por las ciencias, la tecnología, la ingeniería, el arte y las matemáticas entre los futuros profesionales del país.

También desde el ámbito educativo se está trabajando en ese cambio necesario. Así, hace tres años, once universidades públicas y privadas se unieron para fortalecer la calidad educativa y generar un sistema competitivo con un programa que busca impactar, a futuro, también a los estudiantes de secundaria. En este contexto se pone en marcha el proyecto STEM Panamá, que busca fortalecer específicamente la enseñanza y el aprendizaje de las ciencias naturales, la tecnología, las matemáticas y las ingenierías. El objetivo: acabar con la deserción y los fracasos escolares por las fallas repetitivas de los alumnos en el aprendizaje de esas materias.

Desde ese punto de vista más institucional llega a Panamá la competición de RoboCupJunior, de la mano de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt) y el Comité Nacional de Robótica y Aplicaciones Informáticas. Esta actividad busca motivar a la juventud a adquirir conocimientos sobre ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, así como fomentar las vocaciones tecnológicas mediante la difusión y el desarrollo de la robótica educativa en Panamá para estudiantes de entre 11 y 19 años, explican desde la organización. Además, brinda una introducción al mundo de la robótica y a nuevas maneras de desarrollar habilidades técnicas a través de experiencia de primera mano en electrónica, en desarrollo de hardware y software, y trabajo en equipo.

Poco a poco esos nuevos enfoques van llegando a las aulas, pero aún queda mucho trabajo en Panamá. Según el reporte global de competitividad 2017-2018 del Foro Económico Mundial, entre los 137 países evaluados, Panamá se encuentra en el puesto 112 del ranking en calidad de enseñanza en matemáticas y ciencias, el 102 en calidad de la educación primaria, el 53 en capacidad de innovación y el 37 en disponibilidad de nuevas tecnologías.

Pero, mientras las escuelas incorporan estos elementos a la oferta educativa tradicional (y en espera de que tales elementos se integren pronto en los temarios educativos obligatorios), los juguetes programables para todas las edades son una opción más que recomendable para introducir desde casa a los más pequeños a relacionarse, trabajar, divertirse y afrontar un entorno robótico que ya nos acompaña en la actualidad pero que nos envolverá en el más inmediato futuro.