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Variedades - 30/3/20 - 12:00 AM

No hay alarma en el rebaño, el coronavirus está a kilómetros

Coronavirus no los afecta. No hay confinamiento para los pastores y sus rebaños en Cadiz.

Las actividades pastoriles tienen lugar lejos del bullicio citadino y del coronavirus. Pixabay
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Para toda regla siempre hay una excepción, acostumbra a decir la gente. Esto, precisamente se está dando en España, donde para los pastores apasentar su rebaño es una labor cotidiana de la que no los ha eximido ni siquiera la pandemia mundial del coronavirus, ya que a diferencia del resto de la población, ellos pueden moverse a sus anchas, en el área rural, donde están de por sí aislados, con sus lanudas inseparables compañeras.

Un aislamiento propio de sus labores pastoriles, que disfrutan. Es el caso de los que cuidan rebaños de cabras y ovejas en la provincia de Cádiz (sur español). Acostumbrados a ser invisibles y a vivir la mayoría de los días casi aislados en el campo, pusieron en marcha en internet la campaña "Yo hoy trabajo".

 

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Contrasta con la de "Yo me quedo en casa", que insta a la población general a cumplir con la orden de permanecer en los domicilios, salvo algunas excepciones, para contener el contagio del coronavirus mientras dure el estado de alarma declarado por el Gobierno español hasta el 11 de abril.

"La gente no se da cuenta de la labor que hacemos los que estamos en el campo. Si los agricultores y los ganaderos nos hubiéramos paralizado ahora, si hubiéramos dejado de producir, ni los sanitarios que están en la primera línea de la lucha contra el coronavirus podrían estar haciendo su labor", asegura Pepe Millán, que cuida unas 400 cabras y 300 ovejas en Zahara de la Sierra (Cádiz).

Vida solitaria

A punto de cumplir 63 años, a Millán el estado de alarma apenas le ha cambiado la vida, salvo que los hombres que cada dos o tres días van a su majada, a un kilómetro y medio del pueblo, para llevarle gasóleo o recoger la leche que ordeña aparecen con guantes y mascarilla y ya no se paran como antes a charlar con él.

 

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Este pastor cuida rebaños de ovejas y cabras en la sierra de Cádiz desde niño. Solo lo dejó, y a la fuerza, los 18 meses que tuvo que cumplir el servicio militar obligatorio y el tiempo que tardó en volver a tener su majada.


"Trabajo los 365 días del año, las 24 horas al día, no sé lo que es una semana de vacaciones", cuenta con orgullo.

Acostumbrado a la soledad en medio del campo, Pepe Millán y su mujer, su única compañera de trabajo, no han parado porque tanto los rebaños como las personas a los que alimentan, en este caso con los afamados quesos artesanales de las cabras y ovejas payoyas de la Sierra de Cádiz, necesitan de sus manos.