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Variedades - 26/12/19 - 12:00 AM

¿Bebió y comió mucho?

Los abusos durante estas festividades a veces pasan la factura. Pero, siempre hay solución.

Un buen sancocho contribuye a que la persona se sienta mejor. Pixabay

La parranda empezó la tarde del 24, porque, cuando de celebrar se trata, Juancho en la lista está de primero. Empezó con unas cervecitas. Bien frías. Después, boquitas con picante, chicharrones (bien cargados de grasa de la mala, ¡pero sabrosa!), para ir entonando el estómago para la comilona de la Nochebuena.

Entonces, llegada la medianoche, entre pavo relleno, pierna asada, arroz con guandú y coco, la ensalada de papas, que si las nueces, almendras y otros frutos secos, el ron ponche o el saril, el plátano en tentación, los tamales y la tentación de los vinillos u otros licores, el dulce de frutas... Tremendo revoltijo en el pobre estómago que quedó lleno a más no poder, porque en Navidad todos quieren tirar la casa por la ventana, aunque después queden endeudados hasta el cuello. ¡Ah, cómo gozó!

Y sigue la celebración, porque el 25 es libre y quedó comida y bebida. ¡A comer y beber de nuevo, se ha dicho! Pero, todo tiene su límite, aunque muchos en medio del jolgorio se olvidan de ello. O prometen no abusar.

 

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Por supuesto, no lo cumplen. El cuerpo aguanta. Aguanta hasta que dice: ¡Ya basta!

Lamentarse, o como dice el viejo adagio, "de nada sirve llorar sobre la leche derramada". Entonces, vienen los malestares. En la cabeza, el estómago, el hígado... ¡Todo!

Todo el cuerpo duele. Unos sienten como si les hubiera pasado una aplanadora por encima. Otros como fuego en el estómago. Están los que se toman el día y aquellos que se les cierran los ojos solitos en el trabajo (quisieran poder ponerse palillos para mantenérselos abiertos aunque la mente también esté lenta por el cansancio) y qué les queda, contentarse con pensar que "nadie me quita lo comido ni lo gozado". Estos últimos no ven la hora de irse para la casa. Mientras, se contentan con mirar el reloj y sufrir.

Buenas noticias, en este mundo hay solución para casi todo. Al menos para la indigestión, la migraña, la resaca (también llamada cruda, goma, borrachera), diarreas, mareos, náuseas, la deshidratación, la gastritis...

 

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Veamos cómo algunos alivian estos malestares producto de tanto desarreglo:

En Panamá es muy común que la gente se coma un buen sancocho para tratar de amortizar los daños ocasionados por las copas de más. También se recurre mucho a los analgésicos, antidiarréicos, antiácidos..

Sobre el tema José Manuel Sánchez Cozzarelli comparte consejos para la indigestión y exceso de bebida: "Tomar té de boldo, tomar Ribarbo y Soda, tomar mucha agua, tomar jugo de sábila, Powerade, Gatorade o Pedialyte, tomar Coca Cola o Ginger Ale, tomar Alka Seltzer Negra, sopa o caldo de pollo".

Por su parte, Félix Gómez, dice que en algunas ocasiones ha comido demasiado y "a mí me han servido mucho los siguientes remedios":

"Tomar 2 tabletas de Alka Seltzer, preferible Alka Seltzer Extreme cuya acción es más rápida,  tomar té de manzanilla ayuda a la digestión, tomar limón con bicarbonato, caminar una media hora y acostarse hasta 3 horas después".

 

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Clara.es recomienda "toma agua nada más levantarte y sigue haciéndolo a lo largo del día".

También, darse una buena ducha, la ingesta de vitaminas C y B12, huevos, lácteos, carne, pescado, evitar el café y la comida chatarra, ejercitarse y descansar.

Al rescate también salen las infusiones cuando de recuperarse de la cruda se trata. En la lista de viviendolasalud.com están: "la infusión de menta, la de jengibre, los tés clásicos -ya sea negro, verde o rojo-, la camomila, la manzanilla o la clásica agua con limón". Igualmente, "miel y limón y comer frutas".

 

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