Ricardo Martinelli - 19/3/18 - 12:00 AM

Realidad histórica

En la historia hay hombres muy grandes que se convierten en muy...

En la historia hay hombres muy grandes que se convierten en muy poderosos y empiezan a ser un peligro para sus vecinos o para su país.

Gente como Napoleón, que liberó a Europa de la monarquía feudal, del servilismo, o bien creó y dividió nuevos reinados y ducados, destronó otros y mantuvo a Europa en jaque por dos décadas con la creación de nuevos códigos y leyes, tanto civiles como administrativas, y le dio un nuevo significado al Estado moderno y libertad e igualdad a todos ante la ley, pero también alineó a todas las naciones en 7 grandes coaliciones contra él.

Algo similar le sucedió a Alejandro Magno y Julio César. Este, al final, es asesinado en el senado romano, por todos sus miembros que a "alta voce" gritaban ser sus amigos.

Esto también le sucede a Hitler, que habiendo hecho una alianza estratégica con dos grandes dictaduras y otras menores como Hungría, Rumania y Bulgaria, en la cual el mundo entero se tuvo que ir contra el fascismo y el imperialismo japonés y hasta bombas atómicas usaron, como también aniquilar y destruir la bella ciudad prusiana, Berlín, para poder erradicar el nazismo.

En esta titánica lucha, se unió el comunismo stalinista, que posteriormente con el enorme agujero hecho en su línea de flotación, años después por Gorbachev, al querer este ser un líder mundial, sin embargo, cayó en las garras maquiavélicas de occidente y cae el muro de Berlín y con ella el comunismo.

Se trata de hacer lo mismo en China, con la revuelta y masacre de Tiannamen, pero los chinos, más astutos por sus milenarias tradiciones, entendieron lo que se avecinaba a tiempo y pudieron soltar la olla de presión y abrieron su economía liberando algunas partes de ella, antes de que el mundo les caiga encima. Ahora, ellos son los que le caerán al mismo mundo.

En la historia, todos los gobernantes tienen un momento crítico y un tiempo de inflexión. El no saber aprovecharlo y prevenir lo que les viene, es la caída de todos.

La arrogancia y prepotencia de los presidentes es tal, por el control que tienen y la información controlada, que les dan sus estamentos de seguridad, que no ven la realidad y no entienden el futuro incierto que les depara hasta que es muy tarde.

Tocará la unión de todas las fuerzas vivas y políticas para sacar a estos sátrapas del poder, quienes de forma errónea creen que solo Dios los guía y la historia los absolverá, al tener ellos alianzas con grupos de poder, influencias mediáticas o de iglesias, los cuales son supranacionales y solo buscan usar a terceros para incrementar, no solo su poder, pero más su pecunio.

No se puede querer acabar con los factores de poder sin salir "muy masguñado" de una contienda que nunca se gana. Para eso véanse en el espejo de Hitler, Napoleón o Julio César.

Esto nos lleva a Panamá, donde nuestro minotauro se ha metido contra todos los grupos de poder, reales o ficticios, instalando un régimen de terror judicial, donde los otros son todos malos y nosotros los únicos buenos, pensando ilusamente que él o los grupos económicos aglomerados en la sacrosanta institución bancaria del Banco General y sus socios afines, los cuales son todos elementos importantes del desarrollo nacional, pero no son ellos los únicos, aunque son clanes necesarios e instrumentales, pero más que todo necesarios sin ser exclusivos, como se han querido vender, no solo por su gran tamaño financiero, sino también por su enorme vulnerabilidad, la cual se refleja en "no enterrarse con los muertos".

A todos en el mundo a quienes han destronado tenían igualmente sus poderosos grupos de poder, que al final los abandonaron.

Es por eso por lo que ahora vemos a nuestro presidente, muy enfadado y molesto con quienes en otrora le hicieron la venia y ahora amenazan con darle el tiro de gracia.

Le recomiendo que para asegurar el futuro y los "flancos", haga tal como hizo Hitler, al pactar con Stalin, Franco con la monarquía, De Gaulle con los comunistas o, bien ahora, todos contra Maduro, Odebrecht, o por qué no decirlo, contra Varela.

El alinear los factores disímiles por tener una obtusa, distorsionada y errada moral ética política, que en ocasiones el péndulo está de un lado, y en otras del otro, pensando él, que por ser el elemento catalizador, es la palabra de Dios. Por eso se equivocan todos los actores y es donde empieza el principio del fin.

Recomiendo a quienes no les gusta leer la historia, que mejor la empiecen a leer, ya que para salvarse hay que dejar a un lado la pelea moral, la cual ni los papas pueden hacerla tirando la primera piedra, y empezar a ver a su alrededor y entorno, a ver a quién o quiénes ha "jodido", cómo salvar o enmendar esos escollos para salvarme yo y seguir pensando fuera del "box" para hacer nuevos pactos con quien menos se imaginan, y doy un giro de timón antes de que me lo den a mí.

Se puede ser inseguro y terco, lo cual está bien, pero está prohibido ser bruto. El rencor no puede ser excusa para no tener noblesse oblige, ya que esta se paga caro y se puede perder un legado que pudo pasar como necesario y reformador, a ser uno de solo odio y resentimiento.

Cuando se está en la cúspide, es muy fácil marearse de poder, pero ese continuo mareo te enreda en tus propias redes, al creerse que esto es momentáneo y se arregla con plata y matraqueo, todo lo contrario, se soluciona sabiamente, viendo cómo enmendar y recomponer las fallas cometidas, dando un giro radical al decirle a todo el mundo lo que hiciste y dijiste en las Azores sobre Fumigallo, el cual lo tiene que entender la manzanillada y los milicos que en estas ocasiones te mal aconsejan y se busca recomponer lo que se hablaba en los viajes a la Champion, con Adrián y Kike.

Hirohito lo entendió, Napoleón no y mira lo que les pasó a ambos.