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Ricardo Martinelli - 27/4/18 - 12:00 AM

La envidia y el poder

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Una de las cosas que más difíciles le resultan al ser humano es manejar apropiadamente sus sentimientos de inferioridad. Los individuos envidiosos siempre le han hecho un daño mortal a la sociedad y de ellos debemos apartarnos por ser estos los más peligrosos, pues cubren sus actos y acciones con una aurora de decencia no existente. Cosimo de Médici, fundador de esta afamada familia florentina que con su fortuna y poder, llegó a dominar e influir en el quehacer civil, eclesiástico, político, económico y militar de la época, una vez dijo: "La envidia es una hierba que no debe ser regada", el envidioso es una persona que no conoce límites en su maldad y si esta la tiene un ser con poder, su capacidad destructiva es superior a la de los demás. Para esta gente, todos los seres son inferiores, ellos son lo máximo y el mundo entero debe saberlo, por tanto, hay que ser muy necio para desafiarlos y picarlos con ostentaciones del triunfo, críticas, etc. Como dicen, con ellos mejor "pasa agachado" hasta que la posición de poder disminuya o acabe y les vendrá lo que dicen en inglés "pay back time" o tiempo de repago por lo actuado.

Los seres con envidia en verdad son personas con sentimientos de inferioridad que una vez enfrentados a otros seres o enemigos que odian, se sienten superiores, perturbados e incómodos; esto se debe a tener una conciencia exagerada de él mismo, al encontrarse con otro que lo supera y allí internamente se percata de lo mediocre que es o no tan brillante como se creía ser. Esto no se tolera por mucho tiempo y refleja en él una imagen muy negativa de acoso y persecución hacia otros, sus familias, negocios, partidos o contra todo lo que represente esa persona.

Ante la sociedad no está permitido reflejar este malévolo sentimiento, ya que esta lo rechaza y le enseña que lo que realmente se tiene es un sentimiento de inferioridad tan íntimo como clandestino, que se disimula criticando, acusando e inventando, que el otro no tiene valores morales y de esta forma trata de erosionar su base de poder y popularidad, la cual no es más, que otra manera sutil de ocultar su complejo de inferioridad y envidia hacia otros. Es recomendable no expresar hacia afuera el mismo, ya que este envenena el alma, al no poder expulsar todos los sentimientos expresados sin saber lo más esencial, que es ese don divino que nos da Dios, el perdón, algo duro de hacer por personas que no aceptan ni asimilan la crítica de los demás al creerse seres superiores.

Lo malo de todo esto es que nadie admite este sentimiento. Plutarco decía: "De todos los trastornos del alma, la envida es el único que nadie admite tener", es por esto por lo que consume a los individuos y los transforma en seres que no entienden razonamientos lógicos. No te enfrentes con alguien que tenga esta malsana forma de ser por más racionales que aparenten ser, pues no lo son.

Es muy duro defenderse de este tipo de ataques y lo mejor es esperar el tiempo preciso, ya que la envidia y el resentimiento en personas de poder tienen fecha de cumpleaños y con el tiempo al descender, si estos ven con luces largas el futuro y explorar en buscar un futuro acomodado aceptado por la sociedad que proyecta madurez y entendimiento en la nueva relación, salvo que por terquedad no entienda, ni los puedan convencer que no es lo mismo tener poder con envidia que sin ella.

La vida nos enseña que a veces se está en la cúspide del Empire State o en el sótano del metro, la diferencia es tener la confianza en sí mismo para reconocerlo y superar las adversidades, ya que nada permanece arriba ni abajo para siempre. La vida es como un elevador, que sube y baja, parando entre pisos, abre y cierra la puerta volviendo a coger su curso. No entenderlo es propiciar su propio fin.

Los ricos de verdad en la Edad Media los Médici, su casa por fuera tenía una apariencia modesta, pero por dentro estaba llena de lujos. Así mismo debe ser la vida, afuera no des la imagen de lo que eres internamente en especial si odias y envidias a otros. El país rechaza esa actitud de todos y en especial de seres con poder, por eso se debe aprender a perdonar y entender que sin poder jamás serás lo efectivo que una vez fuiste y ahora al no tenerlo, otros perforan esa coraza que antes se tuvo y que ahora no es más que una línea imaginaria e irán contra ti si no supiste parar a tiempo lo que planeaste y no pudiste a cabalidad terminar. El abandono de quienes te apoyaron se traduce sobre todo en el desprecio. Por eso, la envidia y los complejos de inferioridad, que se reflejan como si fueran se superioridad, hay que superarlos y dejarlos morir internamente en la eternidad del olvido tan pronto como entiendas que el poder es efímero y se acaba cada cierto tiempo.

Adolfo Hitler en la batalla de las Ardenas antes de empezarla dijo: "La guerra es un examen de fortaleza y aguante entre los involucrados. Lo que se decida al final cuando un lado o el otro realicen que la guerra como tal no se puede ganar más. Es por eso por lo que nuestra teoría más importante es forzar al enemigo a que realice esto. Él nunca puede considerar que nosotros nos rendiremos".