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Opinión - 09/2/19 - 12:00 AM

Velereando el Istmo

Existiendo múltiples formas habituales de turismo, harto tradicionales y moderadas, durante la recién residencia de un grupo de 28 estudiantes de la Universidad de Nebraska que nos honró acoger en Ciudad del Saber, bregamos un proyecto para el desarrollo de marinas a lo largo y ancho de los estuarios pacíficos y caribeños del istmo.

Previa la visita, a lo largo del semestre otoñal, los universitarios, peritos en diversas disciplinas, emprendieron apasionadas investigaciones sobre el tema, ilustrándonos sobre esta modalidad, diferente y única, que nos permite optimizar las bondades ecológicas de nuestras magnánimas costas y cuantiosas islas.

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Enfilados en el Caribe, las pesquisas arrojaron la presencia de más de un millón de corbetas en sus azules aguas, que, en ausencia de cienes de marinas, esquivan el istmo en búsqueda de otros horizontes. Si bien es cierto, la temporada alta debiese ser durante nuestro verano, el primer trimestre del año, resulta seductora la jornada anual de miles de veleros, en su mayoría de alto calado, hacia el sur, evitando de esta manera las onerosas primas de seguros contra huracanes que inciden de junio a noviembre.

Bien valdría la pena que nuestras autoridades de turismo, en conjunto con los ministerios de Economía y Comercio promovieran un proyecto de incentivos que estimularan la inversión en la multiplicación de marinas a lo largo y ancho de nuestras costas, complementando de esta manera la oferta con actividades afines que extiendan al tope la estancia de los visitantes.

Segundo acto, se abre el telón en la fastuosa marina de Vistamar, un brinco antes del poblado de San Carlos, en la carretera Interamericana, kilómetro 92, equipada con 206 mangas de atraques para embarcaciones de hasta 200 pies de largo. El actor principal, el capitán Dietmar Petutschnig, oriundo del enclave de Austria, país europeo sin costas, pero con este formidable, emprendedor marino.

Por tercer año consecutivo, emprende la travesía PanamaPosse, decenas de veleros que inician el trayecto en las costas del Pacífico mexicano y optan por atravesar el Canal de Panamá hacia aguas caribeñas en una excursión que se extiende a lo largo de varios meses y que arroja innumerables beneficios a nuestro turismo, desde su obvio efecto económico hasta la propagación de un cuadro de embajadores de lujo, en su gran mayoría de bolsillos profundos, que irradian positivamente las virtudes de nuestro entorno en un mundo deseoso de naturaleza y del resplandeciente verdor istmeño.

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El capitán Dietmar, un genuino Cristóbal Colón del siglo XXI, enaltece nuestro turismo sin ser oriundo de estas tierras, ebrio con un profundo amor por lo nuestro. La mayoría de su flotilla proviene de Canadá y Estados Unidos, pero se unen cada vez más, embarcaciones del lejano pacífico en esta aventura de seis meses, nueve marinas, 200 embarcaciones y 2,000 millas.

Puntualmente desarrollando este genuino esquema de ocio, lograría Panamá presentar el panorama que nos convierte sin duda alguna en los fenicios del siglo veintiuno, no solamente con la mayor flota mercante del universo, sino también exaltando nuestra privilegiada ubicación geográfica y ecológica para apuntalar un turismo sin par en la región. Ahoy Captain Dietmar!