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Opinión - 12/10/19 - 12:00 AM

Solo en Dios seremos felices

...cuando él dice que hay que darle a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César, está quitándole a este último la supuesta divinidad inventada para adorarlo.

Todos tenemos hambre de Dios, de auto trascendernos y tocar el cielo. 

Hay en el alma una sed de infinitud, de belleza y verdad total, de vivir en un estado de celestial bienestar, de contemplar a un Ser vivo, de pleno amor y estar en Él para siempre. 

Todos tenemos sed de inmortalidad, de vivir para siempre

No aceptamos la muerte como un acto total, devastador, aniquilador. 

Rechazamos totalmente la idea de desaparecer.

Por eso las personas no creyentes quieren extenderse en sus obras, en sus ideas, en sus hijos, en el recuerdo de otros. 

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Pero cuando se tiene fe, uno quiere y desea con toda el alma permanecer para siempre en Dios, vivir con Él de manera eterna.

El gran drama nuestro está en desviarnos y fabricarnos unos dioses baratos, de bolsillo, que sustituyen de manera absurda al único Dios verdadero, quien tiene todo el poder y la gloria.

A esos dioses los revestimos de inmortalidad, de todo poder, los glorificamos.

Les rendimos culto. 

Y así aparecen los templos de la moda, el cuerpo, el dinero, el placer, el poder, y aún de semi dioses, personajes humanos a los que se les inventa una aureola de capacidades casi divinas.

Inclusive se adoran ideologías y sistemas económicos, y hasta imperios, a los que se les reviste de inmortalidad.

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En tiempos de Jesús, estaban los dioses del Templo, de la Ley, y del Imperio, siendo adorados por muchos. 

Jesús vino a desacralizar, desmitificar esos dioses, y poner en el lugar primero, al Dios auténtico. 

Y habla del templo de su cuerpo, y el de todos, como lugar donde está Dios.

Aunque salvando la diferencia con nosotros de que él es Dios y hombre en una sola persona.

Predica de la nueva ley que es la del amor, que deja muy en segundo lugar las múltiples leyes judías. 

Y proclama un nuevo Reino donde los últimos serán los primeros, los más importantes serán los servidores de todos y no se oprima ni se dañe a nadie, dejando al César y al imperio en un lugar simplemente terreno.

Por eso cuando él dice que hay que darle a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César, está quitándole a este último la supuesta divinidad inventada para adorarlo. 

¿Qué pasa con estos dioses? 

El adorarlos destruye a los seres humanos, quitándoles libertad, dignidad, paz, salud mental y física, alegría, pureza, amor, y convirtiéndolos en piltrafas humanas. 

Por eso las guerras, muchas enfermedades, hambre, miseria, corrupción, degeneración moral, soledad, odio.

Si descubriéramos al verdadero Dios, y lo adoráramos, dejando atrás las idolatrías, seríamos felices, y viviríamos en el Reino de él en la tierra.

Monseñor.