Opinión - 01/12/18 - 12:00 AM

Recesión y Turismo

...la Catedral Metropolitana, su remozada estirpe, impresionantes cual tablero de damas, pulidos pisos en mosaicos de mármol en blanco y negro, coloridos vitrales exaltando a la Virgen del Carmen, San Ignacio de Loyola, Santa Bárbara, San Antonio y San Vicente de Paul, imponente altar, susurrándonos el frescor del aire acondicionado...

Jaime Figueroa y su esposa Mayin Lugo de Figueroa, en la remozada Catedral Metropolitana.
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Jaime Figueroa Navarro | [email protected] |

Nos acercamos el sábado pasado al escudriño de la Catedral Metropolitana, su remozada estirpe, impresionantes cual tablero de damas, pulidos pisos en mosaicos de mármol en blanco y negro, coloridos vitrales exaltando a la Virgen del Carmen, San Ignacio de Loyola, Santa Bárbara, San Antonio y San Vicente de Paul, imponente altar, susurrándonos el frescor del aire acondicionado, recordándonos el Funeral de Estado, las exequias del presidente Endara el 30 de septiembre de 2009, donde a pesar de portar grácil guayabera, no dejaban de resbalarme en ella las gotas de sudor empapándole toda antes de formar la extendida fila de comunión.

Con ojos tristones y angustiada mirada se nos acercó la descarnada figura de un compatriota, no tan humilde, de seguro clase media, constreñido a la vergüenza de implorar, desempleado cuarentón, mostrándonos la receta, como si ella fuese necesaria, del medicamento que de seguro ya no despacha la ruin Caja y exprimen los agiotistas proveedores al ritmo de ciento y tantos balboas, cuando en la aledaña Colombia cuesta una décima parte.

Le colaboré con lo que podía, no la totalidad, añadiendo un rosario bendecido por el papa, como muestra de solidaridad y un abrazo con apego, como si fuésemos harto conocidos.

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"Somos un país de contrastes", reitero a los primerizos visitantes, ya en el Corredor Sur, al ojeo de majestuosos rascacielos de Punta Pacífica al lado de lo que describo como un retazo de pescadores, las casitas de Boca La Caja.

Adicionalmente al contraste, nos quebranta innecesaria recesión, voluntario producto de la ineptitud de gobernantes y la desenfrenada corruptela.

Más allá de todo esto, el más visible contraste es la capacidad de hacer, la voluntad y profesionalismo de una Autoridad del Canal de Panamá en el hábil manejo de la vía acuática y el "me quedo atrás", las excusas a tutiplén y la mofa comedia de un Ministerio de Turismo que a todas luces debiese ser el líder en ingresos de un teatro que se presta para grandiosas labores, pero que insiste en trespatinadas.

Ante todo, mucha culpa de nuestros presentes males en la industria sin chimeneas, esa innecesaria recesión autoinfligida, la debemos al inexcusable atraso en las obras de expansión del aeropuerto y la entrega del centro de convenciones de Amador.

Esto es tanto flaqueza del Ministerio como de la Presidencia, que contando al inicio de su gestión con los dos proyectos adelantados no supieron, no quisieron, no obraron con visionarios ojos en esculpir su partitura.

Inexcusable el atraso, también, de la Línea 2 del Metro de Panamá, con su ramal al aeropuerto, agilizando de esa forma el flujo de cientos de miles de curiosos turistas para intimar con la ciudad durante obligada escala, para saborear su miel e incitarles futuras visitas.

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En tiempos de recesión ¡planifica! Aprovecha el bajón para tripular la nave en los fuertes oleajes y asegurar un fornido despegue al retornar la cornucopia.

Ante todo, olvida el ignoto avenir sudamericano.

Dedica el grosor de tus esfuerzos a nuestro tradicional mercado norteño, añade el creciente turismo europeo y el incipiente chino.

No solo trata de promoción de destinos.

Tercamente hay que darle seguimiento al primer guiño.

Se trata de una biblioteca preñada de encantos, que tenemos, pero que no auscultamos, dejándole plasmada por escrito, en papel y virtual, en un racimo de idiomas, con impecable traducción y esmero fotográfico.

Añadiendo a la ecuación una meticulosa y continua planificación de sitios de encanto, la creación de destinos con detalles, con amor, con magia y seducción, como aquel restaurante en San Pedro Tlaquepaque, cautivador pueblito de artesanos en Jalisco, donde al enfilarnos para acceder al refectorio, el maître solicita nuestro origen y al llegar encontramos en el centro de mesa una banderita panameña. Detalles en turismo que hacen una garrafal diferencia entre ser y estar.

Líder empresarial.