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Opinión - 23/7/19 - 12:00 AM

¿Quién protege a los niños?

... lo primero que tienen que considerar nuestros políticos es el bienestar del niño, que no puede ser condicionado ni expuesto a perjuicios o caprichos que afecten su decencia y su inocencia.

Hay que dejar que nuestros niños y niñas decidan ser lo que quieran ser cuando tengan el pleno juicio de sus acciones y sean responsables de sus actos. Foto: Archivo.

El pasado domingo celebramos el día del niño y la niña en Panamá.

Todos felices disfrutaron de un día familiar en diversos lugares de entretenimiento.

Al pasar por una calle de mi barriada, un señor de edad que caminaba con su esposa dijo: "el día del niño parece otra navidad más", refiriéndose a los gastos que ocasionaba la salida con sus hijos o la compra de algún regalo para cada uno de ellos.

Lo cierto es que la niñez, en nuestro país, no tiene otras preocupaciones adicionales, solo las de hacer su tarea, sus deberes en el hogar y jugar con sus hermanos, amigos o vecinos.

Claro, eso depende del lugar donde viva el niño y las condiciones económicas de sus padres.

También es muy cierto que estamos viviendo momentos difíciles.

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La delincuencia juvenil está en aumento.

La deserción escolar cada año es más evidente.

La distorsión y el resquebrajamiento familiar están cada día peor.

La política corrupta toma fuerza y se posesiona de todos los poderes del Estado, solo por dinero.

Existen personas que quieren imponer sus criterios e ideas inmorales sobre las demás, con la excusa que todos somos iguales.

Nos preocupamos por comprar un juguete para un niño o una niña o, darle un momento de diversión, pero no pensamos en su futuro.

Y cuando se habla del futuro de nuestros infantes, no se trata de hacer leyes que los obligue a hacer lo que hoy las personas quieren que ellos sean.

Se trata de dejar que nuestros niños y niñas decidan ser lo que quieran ser cuando tengan el pleno juicio de sus acciones y sean responsables de sus actos.

Imponerles condiciones es atentar contra su dignidad.

Hemos dejado que la juventud tome caminos incorrectos.

La droga, la delincuencia y los malos hábitos son la constante en nuestra adolescencia. Esa es nuestra triste realidad.

El segundo principio de la Declaración de los Derechos del Niño del 20 de Noviembre de 1959, dice explícitamente que: "El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensado todo ello por la ley y por otros medios, para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente en forma saludable y normal, así como en condiciones de libertad y dignidad.

Al promulgar leyes con este fin, la consideración fundamental a la que se atendrá será el interés superior del niño".

Este texto nos dice claramente que no puede legislarse sobre el interés particular del niño.

Es decir, lo primero que tienen que considerar nuestros políticos es el bienestar del niño, que no puede ser condicionado ni expuesto a perjuicios o caprichos que afecten su decencia y su inocencia.

La humanidad debe retomar el camino de la moralidad en cada uno de sus actos.

 

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Otra cosa muy cierta, es que los padres siempre queremos lo mejor para nuestros hijos.

Independientemente de lo irresponsable que sea el ser humano, siempre expresa amor para sus hijos.

Inclusive, aquel que los abandona y los deja al acecho, siempre tendrá amor por ellos, aunque parezca irónico.

El papa Francisco ha dicho que debemos fortalecer la educación de nuestros hijos.

"Es indispensable sensibilizar al niño o al adolescente para que advierta que las malas acciones tienen consecuencias.

Hay que despertar la capacidad de ponerse en el lugar del otro y de dolerse por su sufrimiento cuando se le ha hecho daño.

Es importante orientar al niño con firmeza a que pida perdón y repare el daño realizado a los demás.

Cuando el camino educativo muestra sus frutos en una maduración de la libertad personal, el propio hijo, en algún momento, comenzará a reconocer, con gratitud, que ha sido bueno para él crecer en una familia e incluso sufrir las exigencias que plantea todo proceso formativo".

Más claro no puede estar.

Lo bueno de todo es que todavía queda algo de voluntad para hacer las cosas bien.

La familia debe estar unida, rescatemos nuestra juventud y protejamos a nuestros hijos de las malas intenciones de la indecencia y la lujuria pervertida de los desquiciados mentales.

"Solo quien tiene hijos entiende que el deber de un padre no acaba jamás".

Periodista.