Opinión - 09/8/18 - 12:00 AM

Por qué llora un militar

... esto fue fabricado para matar no para cargar como un juguete en sus manos, pero de ustedes depende qué uso le darán porque no es lo mismo usarlo para defender sus vidas en defensa propia, que fríamente apuntar a un inocente y quitarle la vida sin motivo.

Soldados oran con mucha disciplina militar y moral.
Bernardina Moore [email protected]

Dormida, vi a una fila de militares uniformados, de color kaki, de rodillas, en una capilla y al desviar la mirada había uno mayor que los otros ante mí, mirándome emocionado hasta el llanto y se congeló la imagen.

Al despertar ahí lo tenía igualito mirándome.

Meditando me dije: ¿qué imagen es esta, un militar llorando?

¿Qué voy a escribir al respecto?

Pero, como siempre, hasta que no escriba la imagen, no se borra.

Les comparto con respeto a los militares.

El sargento Juan de Alba estaba encargado de un pelotón de unos veinticinco soldados, la tarea no era fácil porque cada cabeza es un mundo, pero él decía para sus adentros: "podrán tener cada uno su mundo pero aquí viviremos en un solo mundo" y como su misión era hacer de ellos dignos servidores de la patria y hombres ejemplares para sus familias con frecuencia les repetía: "militar que no respeta con buena moral y honestidad a su familia, jamás lo hará con su patria".

El sargento Juan predicaba con el ejemplo porque daba testimonio de vida intachable que nadie ponía en duda.

A menudo decía a sus subordinados, con el fusil en la mano, esto fue fabricado para matar no para cargar como un juguete en sus manos, pero de ustedes depende qué uso le darán porque no es lo mismo usarlo para defender sus vidas en defensa propia, que fríamente apuntar a un inocente y quitarle la vida sin motivo.

A pesar de que ustedes se entrenan para prestar servicio, si el caso lo amerita, recuerden que las guerras sangrientas no son buenas a pesar de que es un deber sagrado defender la patria si estuviese amenazada, combatir tiene sus pros y sus contras, la diferencia la hacen ustedes; un soldado entrenado solo para matar es un ser sin alma, porque las leyes son frías y ustedes deben ponerle el amor necesario para disparar este artefacto, solo si consideran que es necesario, no olviden que una vida cegada por placer no es caldo de cultivo para lucir medallas.

Y así, día tras día, con ejercicios y teoría, el pelotón del sargento Juan de Alba se formaba con mucha disciplina militar y moral.

Un día reunió a sus muchachos y les dijo: Quiero compartir con ustedes una práctica que si me hizo bien a mí, de seguro le hará bien a ustedes.

Todos tienen bien claro por qué están aquí, de sobra saben que se entrenan para defender la patria, si corren peligro, pero no se están entrenando para defenderla sin derramamiento de sangre; muchos de ustedes no regresarán, llenarán de luto sus hogares y sepa Dios de cuántos más, por eso yo considero que además de enseñarles a empuñar un arma mortal también sería provechoso que aprendieran a no tener necesidad de utilizarla si nos proponemos rogar al Todopoderoso, día a día, para que haya menos guerra en el mundo, para que baje la estadística de familias sufriendo el flagelo de las mismas.

Hay muchas almas buenas que oran por esta intención, pero ustedes, que son los involucrados directos, también deben aportar su granito de arena.

Por eso los invito a que a partir de la semana que viene asistan diariamente a la capilla a recibir primero el entrenamiento que viene del alto comando celestial y después el de este humilde servidor.

Cuando terminó de hablar, todos estaban conmovidos y el sargento Juan concluyó la reunión con estas palabras: Cuando el Señor me llame y me pida cuentas de mi misión con ustedes, quisiera poder decirle: "Señor, he formado militares según las leyes del hombre, pero con humildad los he incorporado a tu ejército celestial".

Ese fin de semana cuando se dirigía a la Capilla, como era su costumbre, ¡no podía creer lo que veía!

Todo su pelotón de rodillas, ante el Supremo General, rindiéndole los honores que por su grandeza merecía.

Y sin poderlo evitar, fue tan grande su emoción que con llanto como lo vi, exclamó para sus adentros: Señor, solo de rodillas ante ti serán verdaderos servidores de su patria y soldados entrenados y formados según tu voluntad.

¡Wao! Ojalá esto se hiciera realidad.

Bernardina