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Opinión - 10/7/19 - 12:00 AM

Política y desigualdad

...un niño o niña promedio nacido hoy en Panamá solo tendrá la probabilidad de desarrollar el 53.0% de su capacidad productiva potencial... no sería una fatalidad insuperable si existiera en el país la voluntad política de revertir la situación, apoyando fundamentalmente el desarrollo integral de nuestros niños, niñas y adolescentes.

En Panamá la suerte de la persona se encuentra, en gran medida, marcada por su lugar de nacimiento en la estructura social. Foto: Archivo.

Para nadie en Panamá es desconocido el hecho de que nuestro país sufre de una profunda situación de desigualdad económica.

Bien conocido es el hecho de que, de acuerdo con datos del Banco Mundial, para el 2017, la sociedad panameña fue clasificada como la sexta más desigual del Planeta.

Más aún, teniendo en cuenta que, según los datos disponibles para el 2018, el 32.8% de los niños, niñas y adolescentes de Panamá se encuentran en pobreza multidimensional, no es difícil entender que, en ausencia de correctivos, la situación de desigualdad tenderá a ampliarse hacia el futuro.

Es lógico, entonces, preguntarse sobre el origen del fenómeno.

No faltarán, desde luego, quienes desde una posición ultraliberal intenten la absurda idea de que la causa de la pobreza y la desigualdad son los pobres mismos.

Algunos menos osados alegarán que se trata de una situación temporal, la cual será corregida, de acuerdo con la teoría del rebalse, por el propio crecimiento económico.

Ambas explicaciones no tienen el menor rigor científico.

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Para comenzar, en Panamá la suerte de la persona se encuentra, en gran medida, marcada por su lugar de nacimiento en la estructura social.

Un reciente informe preparado por Ambar Narayan, Roy Van Der Weide y otros colaboradores, publicado por el Banco Mundial (2018) bajo el título Fair Progress?, está dedicado al análisis de la movilidad entre generaciones en diversas regiones y países.

El mismo señala en su página 139 que para el caso de Panamá se puede afirmar que si una persona tiene ingresos que duplican los de otra, entonces la diferencia de ingresos que obtendrán los hijos de los más ricos serán en promedio 90.0% superiores a los hijos de los más pobres.

En la siguiente página (140) el documento hace énfasis en que este fenómeno está vinculado con la inequidad en la educación: "la alta persistencia en ingresos es también acompañada por una relativa alta persistencia en educación."

Tampoco es claro que se pueda esperar algo de la teoría del rebalse.

En efecto si se tiene en cuenta que, de acuerdo al Índice de Capital Humano del Banco Mundial, un niño o niña promedio nacido hoy en Panamá solo tendrá la probabilidad de desarrollar el 53.0% de su capacidad productiva potencial.

Queda, entonces, muy clara la carencia de perspectiva de los más pobres.

Esto último no sería una fatalidad insuperable si existiera en el país la voluntad política de revertir la situación, apoyando fundamentalmente el desarrollo integral de nuestros niños, niñas y adolescentes.

Esta posibilidad está bloqueada por la elite económicamente dominante que siempre ha gobernado al país, la cual impide un sistema tributario efectivamente progresivo y redistributivo.

No es casualidad que Panamá sea el segundo país con menor presión tributaria en América Latina, logrando apenas avanzar al cuarto lugar cuando se incluyen los ingresos provenientes del Canal de Panamá.

Todo esto significa que la desigualdad en Panamá no es un simple problema económico.

Es en gran medida el resultado de un sistema político diseñado exclusivamente para atender los intereses inmediatos de los sectores económicamente dominantes.

Economista.