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Opinión - 16/7/19 - 12:00 AM

PANAMÁ NECESITA DE NUESTRA MADUREZ Y TOLERANCIA

  • Por Riccardo Francolini Arosemena
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Quiero ser muy franco y sincero con ustedes, amigos lectores, me siento preocupado por el escenario que estoy viendo de una población que en medio de la expectativa con la entrada de un nuevo Gobierno, parece impacientarse ante los constantes problemas que naturalmente agobian al país y que necesita de una pronta respuesta.

Creo, como empresario y político, que no debemos ser injustos con las nuevas autoridades, al exigir ya una solución a los problemas existentes. Solamente tienen días de haber tomado las riendas del país y necesitan nutrirse de la realidad con la que han encontrado las instituciones para luego, con lo que tienen, comenzar a ofrecer soluciones. Esto le ocurre a todos los gobiernos que inician y que necesitan tiempo para adecentarse.

Veo con preocupación, que con solo una semana de labores de las autoridades educativas, ya saltaron algunos gremios docentes a exigir el cumplimiento de algunas de sus conquistas. Estoy totalmente de acuerdo con que se les cumpla con los derechos adquiridos y firmados entre las partes. Pero también es cierto, que no podemos quitarle a miles de estudiantes el derecho a clases, porque suspender un día de clases para una marcha o reunión es catastrófico para muchos de ellos.

Exhorto a la dirigencia magisterial a continuar con la política de diálogo y conversaciones con todos los involucrados en mejorar la educación nacional. No tengo ninguna duda que tanto la ministra de Educación, los docentes, empresarios, padres de familia y estudiantes estamos de acuerdo en que hay que transformar el sistema educativo y colocarlo en los niveles de excelencia. Si este es el norte de todos, no debemos tener problema para que se logre un efectivo y real consenso.

Por otro lado, me causó preocupación y a la vez decepción en lo que se convirtió la semana pasada el campus universitario, prácticamente, en un campo de batalla entre los propios estudiantes, en donde los insultos, la diatriba, y hasta los golpes resaltaron en un escenario donde debe prevalecer la tolerancia, el respeto, la madurez y la democracia. Un llamado a las autoridades universitarias, que atiendan los reclamos y denuncias que hacen los diferentes grupos estudiantiles, pero a la vez, un llamado a esa masa estudiantil para que mantenga la cordura y la sabiduría de llevar al diálogo cualquier problema que tengan y no un escenario de conflictos.

Veo con suma inquietud también el ambiente de confrontación que algunos nacionales y extranjeros le quieren dar o atribuir al anteproyecto de ley de regulación migratoria presentado por la diputada Zulay Rodríguez. Considero que más allá de las consideraciones que tienen las partes confrontadas, hay que ver que existe una necesidad y consiste en poner en orden la casa, al igual que mantener los controles migratorios que se exige en muchos países para evitar el ingreso al país de personas que vienen no como turistas, para invertir, trabajar o estudiar sino con actitudes delictivas y eso no lo podemos tolerar.

Como todo documento o proyecto legislativo, deben darse las consultas necesarias para tener los criterios, ya sean a favor o en contra del mismo, con tal de enriquecer la nueva ley que regirá los controles y los destinos migratorios del país. No es a través del conflicto o el enfrentamiento que lograremos resolver el problema. Debe imperar el diálogo sensato con madurez política, el conocimiento y, sobre todo, el respeto entre todos los involucrados

Defender los intereses de la nación no significa ser xenofóbico, pero ver a los extranjeros como enemigos o como la persona que me viene a quitar el pan y el trabajo, tampoco es cierto. La mejor manera para combatir una competencia laboral, estrictamente legal, es teniendo una mejor educación, especializándonos en las diferentes áreas o carreras profesionales, porque así no solo garantizamos una plaza de trabajo permanente, sino que contribuimos al desarrollo económico y humano de Panamá.