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Opinión - 01/2/19 - 12:00 AM

Panamá, la verdadera historia de su historia

La verdadera historia de nuestra historia comienza con un grupo de célebres adinerados y sus siervos y continúa así mismo 115 años después.

Panamá es un país de clases, no por los pobres que luchan por mejores días, sino por los poderosos intereses que desde hace siglos se oponen a compartir el pan.

"Tuvieron la oportunidad de ser justos con todos, pero siempre fue más cómodo arrinconarles que abrazarlos, explotarlos que asociarlos.

Por eso somos un país de clases, no por los pobres que luchan por mejores días, sino por los poderosos intereses que desde hace siglos se oponen a compartir el pan".

Andaba auscultando en el baúl de los recuerdos y me pregunté por la posibilidad de escribir la historia nacional.

Pocos minutos bastaron para comprender que no era esa la verdadera necesidad, por el contrario, se trataba de hacer un ejercicio de escritura leal y fiel a los hechos.

Esto por supuesto no era faena fácil.

De ahí concluí que la mejor manera de empezar a analizar el acontecer patrio sería reconociendo que en todas las etapas se han sembrado dudas, propalando mentiras.

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No juzgo las heroínas que nadie puede identificar, menos la carencia de héroes de epopeya ni la oprobiosa tendencia a martirizar a los panameños que con arrojo dieron su vida por su suelo.

La verdadera historia de nuestra historia comienza con un grupo de célebres adinerados y sus siervos y continúa así mismo 115 años después.

La oligarquía, salvo honrosos breves periodos, ha sabido convencer dividiéndonos.

Haciendo creer que uno de sus mesías siempre era el indicado para enrumbarnos al progreso.

Sé que dirán que hemos avanzado y es cierto, antes era la ciudad amurallada y el arrabal santanero hoy es Costa del Este, Punta Pacífica vs. San Miguelito y sus guetitos, en fin, lo mismo malo, pero mejor diseñado.

Los resentidos desde sus clubes llaman a quienes no nos conformamos con la injusticia de las peores y perversas maneras posibles, ora nos dicen agitadores, al rato comunistas, etc.

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Sus reacciones no son solo absurdas y temiblemente tendenciosas, pues muestran que están convencidos de que la explotación del hombre por el hombre es buena para la humanidad, porque permite oasis de riquezas en medio de desiertos llenos de pobres que asemejan cactus fallecientes.

Igualmente son viscerales, dado que sienten que desdeñando nuestras aspiraciones logran resistir el cambio.

Este breve artículo es de por sí una clarinada de advertencia a los núcleos de poder económico y político para que cesen el atropello a los humildes, se pongan a diseñar estrategias integracionistas que hagan posible que la palabra historia signifique algo más que embustes.

El pasado cuenta si se cuenta la verdad, el presente lo construimos si somos capaces de decir que nuestro mundo es desigual, hay que mejorarlo y el futuro nos hará hermanos si cada día las mismas mínimas necesidades se satisfacen dentro de los muros como a sus alrededores.

Eso nos hará contar la nueva historia de nuestra historia.

Abogado.