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Opinión - 17/4/19 - 12:00 AM

No siempre fui así

...mirándola fijamente le dijo: se equivoca joven, Nicolás murió hace años era mi amigo, se fue y no recuerdo mi nombre, ella en medio del llanto le dijo :¿por qué has hecho esto a tus padres?, donde quiera que estén les hubiera gustado tanto verte convertido en un gran abogado...

Estaba entre dormida y despierta no distinguía dónde estaba, de pronto, pasó una persona muy cerca de mí y se detuvo, no me miró, estaba de lado, no le veía la cara, pero sí su aspecto físico.

Tenía el aspecto de un indigente, vestía un pantalón Jeans, muy raído y roto a media pierna, no llevaba camisa, tenía los cabellos muy rizados y alborotados secos, y llevada una lata en la mano, era de etnia no tanto negra, pero sí muy moreno, estaba asustado o desorientado y allí quedó congelado ante mí, grabado en mi mente porque, fue lo primero que tenia al despertar.

Como siempre, yo me puse a hacer mis oraciones que interrumpía, en ocasiones, pensando en ese hombre de aspecto tan peculiar.

Después de desayunar, meditaba, ¡ahora sí me la pusieron difícil!

Qué mensaje positivo puedo transmitir de esta imagen que, a diferencia de otras, no me llamaba ni siquiera la atención, pero, como sé que, no se borrará de mi mente hasta que no escriba, saqué en conclusión que por algo la vi y les comparto la inspiración.

Lo llamaré Nicolás, no siempre era como lo vi.

Era un provechoso universitario estudiaba derecho, le había dicho a sus padres que quería ser un abogado famoso y proporcionarles una mejor calidad de vida, ya que hacían un gran sacrificio para hacer de su único hijo un profesional.

Formaban una familia cristiana muy creyente y le enseñaban valores a su hijo, que era buen estudiante.

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Tenía una buena amiga, compañera de clases con la que había creado una buena amistad, no estaban propiamente enamorados, a pesar de ser compatibles en muchos aspectos, esa relación de ellos demuestra que,  amistad es amistad y enamorarse era otra cosa; en ocasiones, hablaban de que al enamorarse y casarse no dejarían de ser amigos, así funcionaban Nicolás y su inseparable amiga Querube.

Un día de tantos, en los que sus padres salieron juntos como era su costumbre, en su modesto carro a hacer el mercado, el conductor de una mula, que venía a excesiva velocidad, al tomar una curva, no pudo controlar el pesado vehículo y embistió el auto de los padres de Nicolás, que fallecieron camino al hospital.

Fue tanto el impacto emocional que recibió el pobre muchacho que trastornó su funcionamiento psicomotor que lo mantuvo en shock por varias semanas, ni se enteró del funeral de sus padres.

Después de mucho tratamiento, con neurólogos y medicamentos, fue saliendo poco a poco de su lamentable estado, estaba rodeado de algunos familiares y Querube muy cerca de él intentaba tranquilizarlo, de pronto mirando en derredor como perdida la mirada preguntó: ¿y mis padres dónde están?

Todos se miraron admirados y comprendieron que su subconsciente no había registrado la tragedia, mirando fijamente a Querube le preguntó: ¿Queru, dónde están mamá y papá? 

Ella solo atinó a decirle: lo siento mucho bebé, pero, ya no están entre nosotros, como llevas semanas ausente mentalmente no te has enterado de nada: y le explicó todo lo acontecido.

Vaya, le dijo él,  y ¿cómo permitiste que hicieran el funeral en mi ausencia?

Tuvimos que hacerlo porque pasaban los días y no reaccionabas y tus tías tomaron la decisión de darles cristiana sepultura, pero tomaron fotos para que tuvieras recuerdos de todo lo ocurrido, él mirándola perplejo le dijo: pensé que eras mi amiga, yo no quiero fotos, ni tener recuerdos, si ellos no están conmigo, no quiero vivir, ¿ para qué estudiar y esforzarme, a quién le mostraré el resultado de tanto afán? 

Y alejándose empezó a caminar solo.

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Nadie supo nada de él por casi un año, hasta que un día Querube estaba tomándose un refresco sentada en una refresquería y le llamó la atención un hombre que recogía latas de un basurero, se acercó con temor por el aspecto tan desaliñado y sucio que tenía, como yo lo vi, no obstante, se atrevió y lo llamó, ¿Nicolás?

Este indiferente seguía recogiendo sus latas, ella insistió: Nicolás, ¡soy Querube!

Entonces, mirándola fijamente le dijo: se equivoca joven, Nicolás murió hace años era mi amigo, se fue y no recuerdo mi nombre, ella en medio del llanto le dijo :¿por qué has hecho esto a tus padres?, donde quiera que estén les hubiera gustado tanto verte convertido en un gran abogado defendiendo la justicia y mira, has tirado por tierra todo el sacrificio que hicieron por ti.

Él la miró admirado y como iluminado por una luz interna le dijo: amiga, ayúdame por favor a salir de este fango en el que he caído y no encuentro el camino para salir.

La gente que pasaba la miraba de reojo al verla hablando con un ser despreciable para ellos por su aspecto, ella, venciendo el amor propio, lo tomó de la mano y dándole un beso en la mejilla le dijo: vamos a buscar la luz de salida de este charco de lodo donde has caído.

Nicolás solo atinó a decir: gracias a Dios, porque existen seres tan nobles y solidarias como tú que venciendo el respeto humano no miran apariencias, sino el interior de las personas.

Gracias por ser mi gran amiga.

Escritora.