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Opinión - 04/10/16 - 12:00 AM

¿Necesita Panamá una educación integral e inclusiva hoy?

Los programas de educación sexual deberían ser planeados por cada comunidad, para respetar los valores y las creencias, solo así será un proceso de vida en todo momento.

Nuestro país hoy está en el debate del polémico proyecto de ley 61  sobre la educación sexual, entre posiciones en pro y en contra, pero ojalá al final lo que nazca sea una propuesta que nos ayude a reducir las 10,946 niñas, entre 10 y 19 años que resultaron embarazadas en el 2015, en las provincia de Colon y Panamá.

La educación sexual, si es que pensamos que debe educarse la sexualidad, debe ser dirigida hacia la construcción del ser el nuestro, como padres, madres adultas y el de los jóvenes, como futuros adultos.

La sexualidad es una energía creadora, una fuerza que busca amar y relacionarse. Es todo un proceso de aprendizaje que se dará en cada etapa de nuestra vida bajo una perspectiva de aprender desde el modo del ser; esto implica un compromiso en reconocer nuestros sentimientos y la relación que estos guardan con nuestras necesidades.

Los programas de educación sexual deberían ser planeados por cada comunidad, para respetar los valores y las creencias, solo así será un proceso de vida en todo momento.

Se debe tomar en cuenta necesidades, habilidades, valores y el sentido que cada escuela, familia y comunidad desea darle a su desarrollo de educación en sexualidad. Para eso se requiere tiempo.

Para esto debemos desarrollar un plan de acción estratégico que nos permita, entre otros aspectos, mantener los resultados en la prevención de la trasmisión materno infantil de sífilis y VIH, fortalecer los modelos participativos en salud a nivel de atención primaria de salud; introducir en el país el uso de los preservativos en ambos sexos y, sobretodo, fortalecer la educación sexual en las nuevas generaciones como bases fundamentales para la prevención.

A esto debemos añadir a las personas con necesidades especiales que necesitan un tratamiento diferente en cuanto a la educación integral de la sexualidad.

Ante esta situación se requiere poner en práctica un enfoque terapéutico donde no solo se traten las alteraciones sexuales y los trastornos corporales, sino que se lleve a cabo una atención personalizada de acurdo a cada caso, como pueden ser: el seguimiento especial del embarazo, medidas anticonceptivas concretas, detección particularizadas de ITS, prevención del abuso sexual y de la violencia en general.

Es necesario definir como país la política nacional de salud sexual, con enfoque en derecho. También continuar estudiando y contribuir en los estudios de las dinámicas poblacionales, envejecimiento y cómo nutrir a los decisores para que las políticas públicas apoyen estos asuntos. Igualmente debemos enfocarnos en la prevención de la violencia en materia de sexualidad y en la educación integral, de la sexualidad. Nos interesa, además, fortalecer los vínculos con el Estado y promover entonces leyes en ese sentido.

Miembro de las Organizaciones Profesionales de Panamá ante el Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria de Panamá. CONEAUPA.