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Opinión - 01/8/19 - 12:00 AM

Metafísica sociopolítica del panameño

...en el istmo no parece existir un espíritu político que oriente a sus ciudadanos, algo así como una intelligentsia (elite intelectual con idea de nación)...

Esta toma de consciencia permitiría un cambio necesario en la cultura política en Panamá; pasaría de ser un país con una cultura política parroquial y de súbditos (partidistas), a otra de carácter democrática-participativa. Foto: Archivo.

¿Qué significa la política para un panameño?

En principio, para algunos de estos, la política no es más que una forma de conseguir trabajo en el Gobierno y vivir tranquila y cómodamente por un lustro.

Para otros, la política no es más que un juego sucio del cual no quieren saber nada.

Para otros grupos, la política viene a ser algo así como un mecanismo de esperanza, casi una religión, en la cual ponen todas sus expectativas de cambio y transformación del país.

Existe también otro grupo de panameños que piensa que la política es algo más que todo eso; por ello, creen firmemente que este es un mecanismo legítimo para acceder al poder público y lucrar de él, honesta o corruptamente.

No importa, el hecho es que son políticos de profesión y cada cinco años los vemos en una u otra papeleta partidista.

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Por último, hay otro grupo de panameños, intelectuales principalmente, algo adormilados que siguen pensando la política en términos ideales y no en términos reales, para estos individuos la política es una herramienta conceptual y teórica que sirve para el buen manejo del Gobierno y el poder; sin embargo, y a pesar de tener estas concepciones bien arraigadas, difícilmente uno los ve en la pragmática política del día a día; ya sea generando consciencia política fuera de los claustros universitarios o en la praxis política como candidatos políticos a puestos públicos.

Quizás, la respuesta a esta interrogante se encuentra en lo que el sociólogo alemán, Max Weber, denominaría el antagonismo del espíritu científico con el político, lo que en pocas palabras significa que ambas orientaciones profesionales son excluyentes de por sí; ya que mientras una está orientada al saber y a la generación de conocimientos, la otra está dirigida a una pragmática del hacer, en donde el conocimiento y los saberes se utilizan, en el mejor de los casos, como utillaje y es la obligación del político profesional la de decidir su justo o injusto uso y aplicación.

Así, muchos intelectuales deciden por quedarse al margen de lo político y solo tratar de interpretar dicho fenómeno desde la distancia y seguridad de sus oficinas o salones de clase.

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Por ende, no tienen en sí ninguna injerencia ni en lo público, ni en el sentir de los panameños en relación a lo político.

Aunque duela, en el istmo no parece existir un espíritu político que oriente a sus ciudadanos, algo así como una intelligentsia (elite intelectual con idea de nación); tampoco parece haber un empoderamiento real de lo político por parte de los ciudadanos en general, lo cual no consiste solo en una pragmática del ejercicio electoral; sino una comprensión exacta de que es lo político y cuáles son sus implicaciones formales en la vida de un pueblo.

Esta toma de consciencia permitiría un cambio necesario en la cultura política en Panamá; pasaría de ser un país con una cultura política parroquial y de súbditos (partidistas), a otra de carácter democrática-participativa la cual terminaría dando al traste con anacrónicas instituciones públicas y muy posiblemente con la transformación del mismo sistema político, lo cual mejoría, a su vez, la gobernabilidad.

Sociólogo.