Opinión - 30/11/18 - 12:00 AM

Maestro de maestros

...debido a la prisa por no perder el cayuco, olvidó los boletines y solo contaba con el libro de registro de notas. Cuando fue a buscar su pago, se lo negaron por no tener los boletines, así que debía regresar a buscarlos. Una semana más tarde, cuando hacía el viaje de regreso a la escuela para buscar los boletines, el cayuco naufragó y ella murió.

Los maestros que trabajan en condiciones y áreas de difícil acceso, ponen en riesgo sus vidas para cumplir su misión.
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Cady Moralesc | [email protected] |

Dios bendiga a todos los maestros, especialmente a los que laboran en lugares de difícil acceso.

Hace un año escuché en las noticias que los maestros que viajan a lugares de difícil acceso todavía tenían pendientes varias quincenas de pago, pero hace poco se repitió el mismo asunto.

Es doloroso que esas personas, con preparación y llamado de Dios, estén en esa situación, especialmente cuando hoy en día se cuenta con millones.

Soy hija de una maestra que murió en el ejercicio de sus labores.

Yo apenas tenía 12 años.

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Para llegar a la escuela donde ella trabajaba era necesario emplear cayuco, pues para ese entonces no era común el uso de lanchas.

Tenía que atravesar el lago, hoy llamado Alajuela.

En su viaje de regreso, terminarían las clases, pero debido a la prisa por no perder el cayuco, olvidó los boletines y solo contaba con el libro de registro de notas.

Cuando fue a buscar su pago, se lo negaron por no tener los boletines, así que debía regresar a buscarlos.

Una semana más tarde, cuando hacía el viaje de regreso a la escuela para buscar los boletines, el cayuco naufragó y ella murió.

Yo cursaba el primer año en Panama School.

Mi madre quiso dejarme una buena educación y por eso había ido a trabajar al lugar donde había salido la vacante.

El Gobierno no me ayudó y como mi padre de crianza trabajaba en Colón, no contaba con el tiempo para lograr que se hiciera justicia, pero siempre agradeceré desde lo más profundo de mi corazón a los esposos Brid, dueños del Panama School, porque pude terminar mis estudios con una beca que cubría las mensualidades.

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Mi abuela y yo lavábamos ropa para sobrevivir y cubrir los gastos.

Me gradué y mi primer trabajo como oficinista fue en Hojalatería Panamá, aproximadamente durante 15 años.

Años más tarde, ingresé a la Industria Panameña de Papel, donde laboré hasta mi jubilación.

Gloria a Dios por su cuidado y aún conmigo, no me ha desamparado, Salmos 27:10.

Hay maestros que se juegan la vida por el sueño de brindar una mejor calidad de vida a sus hijos y familiares.

No es justo que haya otras personas ganando salarios inimaginables y solicitando más y se les otorgue, mientras que los maestros sacrificados en toda forma no son atendidos con el valor que ellos merecen por su sacrificada labor.

En 1 Timoteo 5:18, la Escritura dice: "No pondrás bozal al buey que trilla" y "digno es el obrero de su salario". En Jeremías 31:16: "Así ha dicho Dios: Reprime del llanto tu voz y de las lágrimas tus ojos porque salario hay para tu trabajo. En Levíticos 19:13: "No retendrás el salario del jornalero".

Oficinista jubilada.