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Opinión - 06/1/19 - 12:00 AM

Los indomables quinientos metros 

Ernesto Endara | [email protected] |

¿Pero de qué habla? ¿Cómo puede haber metros indomables?  —Cálmese, señor, le explicaré si me tiene paciencia. Me refiero a dos construcciones inextinguibles que emprendió nuestro gobierno desde que asumió el poder. Situémonos. Si baja usted de Las Cumbres hacia la ciudad, se encontrará con un feroz (aunque incruento)  estrangulamiento de la carretera  entre el Banco Nacional (Milla 8) y la entrada al Corredor Norte. Son 500 metros inconstructibles (¡Demonios! cómo me gusta esta palabra, usada solo por franceses y ahora por mí). Parece que hace siglos trabajan en reconstruir, reparar, rellenar, reciclar, o lo que sea, un pedacito de mi entrañable carretera (me refiero a los inconstructibles 500 metros). Ha sido una labor ¿kafkiana?, no, más bien charlichaplinesca. Si nos olvidamos de que han estado trabajando en esos indómitos metros lo que dura este gobierno (más de cuatro años)  y dejamos de lado los consumos inmoderados de combustible, paciencia y tiempo de los usuarios; y si, respirando hondo, nos hacemos un poco los filósofos, resulta hasta divertido verlos simulando que pronto terminarán el trabajo. Después de todo, finalizaron el metro 2 de 21 kilómetros, y los 50 metros de la estación El Ingenio. Pero no han podido con los indomables 500 metros de San Isidro, ni con su cófrade de Los Andes. Por tal razón me complace aplicarles el adjetivo de "inconstructibles" a esa pareja de 500 metros espartanos, tan invencibles. No los pueden someter. Por supuesto, sus despistados y alegres domadores no han aplicado suficiente "pep".  Sí respetaron el lema de "Chi va piano va lontano". Sus esfuerzos han sido, ya que no eficientes, curiosos: rellenaron con tierra los espacios debajo del tren, los volvieron a vaciar. Hicieron vías, aceras, pequeños tramos, desviaron aquí, desviaron allá, echaron cemento y lo volvieron a desmenuzar. Ahora los trabajadores silban, pasean, eructan. Por un tiempo se divirtieron haciendo pequeños cajones de concreto y señalando retornos con diferencias abismales de nivel, mientras escuchaban las maldiciones de los desesperados conductores.

La inmortal pareja de los inconstructibles 500 metros saca el pecho. Pero, ¡oh, milagro! ¡Jesús María y José, papa Francisco hizo el milagro. ¡Kyrie eleison! En cuatro meses terminarán lo que no pudieron en cuatro años. La historia de los heroicos 500 metros de San Isidro y Los Andes quedará igual que la de las Termópilas, enterradas pero no olvidadas al menos por mí. /Escritor.

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