Opinión - 08/11/18 - 12:00 AM

Los expedientes de un cura

En Colombia, la Iglesia católica, también vive su propio drama más de 40 sacerdotes han sido acusados de abusos contra de menores. En la mayoría de los casos los abusadores han contado con la protección de la propia curia.

Exigen justicia por los abusos sexuales de los hermanos maristas, el pasado 27 de septiembre. Foto: EFE
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José E. Mosquera[email protected]

El mundo católico vive una epidemia de escándalos sobre curas depredadores sexuales que sacude los cimientos de la Iglesia católica desde el Vaticano, recorre a Europa, África, Asia, América, hasta los confines de Australia.

La Iglesia católica vive un cisma que amenaza su liderazgo espiritual en el mundo.

El pontificado del papa Francisco, tambalea al enfrentar una de las peores crisis en su historia los últimos decenios por causa de los abusos sexuales contra menores por miles de curas.

En Colombia, la Iglesia católica, también vive su propio drama más de 40 sacerdotes han sido acusados de abusos contra de menores.

En la mayoría de los casos los abusadores han contado con la protección de la propia curia.

En la Arquidiócesis de Medellín, se conocen 17 casos de curas implicados en delitos de pedofilia.

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En los últimos años, varios han sido condenados y en la fiscalía general cursan varias investigaciones contra prelados por abusadores. 

La Iglesia en el Chocó no ha sido la excepción con los escándalos de abusadores sexuales de sus ministros.

En el Chocó, después de más de una década de evadir la justicia, fue recluido en la cárcel de Quibdó, el padre Antonio José Mena Abadía (Danilson Mena Abadía).

Un fiscal de Quibdó, lo encarceló hace un mes por haber abusado y embarazado a una niña de 13 años.

El padre Mena es un sacerdote y profesor de la Universidad del Chocó, quién desde sus inicios como catequista y diácono había sido señalado de depredador sexual, pero la Diócesis de Quibdó guardo silencio.

En el 2010, para esconder su pasado y evadir la justicia en Colombia, Nicaragua y Bolivia, se cambió de nombre por el de Danilson.

Su prontuario de abusador se inició desde sus primeros años de catequista en Quibdó.

Luego lo continuó en Riohacha, cuando en 1997 fue nombrado profesor en el Colegio La Sagrada Familia, allí abusó de tres menores entre los 13 y 15 años, pero cuando los padres lo denunciaron en la fiscalía se fugó.

Volvió aparecer cuatro años después en el 2011, en la ciudad de Estelí, Nicaragua, donde abusó de Zayra Ubeda Rodríguez, una niña que para esa época tenía 15 años.

Su madre denunció los hechos ante las autoridades y el 2 de octubre del 2003 fue condenado a 20 años de cárcel.

Sin embargo, antes que las autoridades nicaragüenses hicieran efectiva su detención, huyó sin dejar rastro.

Ahora alega que lo que hubo en Nicaragua fue una condena sin garantías de defensa, pero cuando se lee el expediente se concluye que el sacerdote miente.

La realidad fue que huyó a Bolivia y las autoridades nicaragüenses lo rastrearon y lo encontraron ejerciendo el sacerdocio en la población de Camiri (Bolivia).

Pero antes que las autoridades bolivianas le echaran el guante se fugó por la frontera con Argentina y después reapareció en las selvas del Chocó.

Una pericia para despistar a las autoridades nicaragüenses, que desde el 20 de febrero del 2008 habían solicitado su extradición al Gobierno de Bolivia y la Interpol había expedido una circular roja como prófugo de la justicia nicaragüense.

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Para evadir la justicia, el padre Mena se refugió en Bojayá (Chocó).

Luego en el 2010, se cambió el nombre con la coartada de que lo había hecho por las amenazas que recibía, por haber sido miembro de la parroquia durante la masacre del 2 de mayo del 2002.

Sin embargo, las versiones de los habitantes dicen que estuvo en la zona de 1995 a 1986.

Es decir, seis años antes de la masacre.

En el 2007, reapareció en Bogotá, ejerciendo el sacerdocio en la parroquia San Carlos Borroneo, y a la vez, profesor del colegio María de Alcázar, en el barrio Villa Luz de Engativá, donde abusó de tres niñas.

Cuando en noviembre de aquel año, los familiares de las niñas denunciaron los hechos, se descubrió que tenía una condena pendiente en Nicaragua, pero quedó en libertad porque Colombia no tiene tratado de extradición vigente con Nicaragua, dado que cuando triunfó la revolución sandinista, la junta de gobierno invalidó todos los tratados que había firmado el Gobierno durante la ocupación norteamericana.

Lo censurable fue que la jerarquía de la Iglesia católica colombiana y especialmente la del Chocó, sabían que era un abusador sexual compulsivo, lo protegieron y mantuvieron en secreto sus expedientes de pedófilo.
Periodista.