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Opinión - 13/8/19 - 12:30 AM

A las reformas dile ¡No!

Este proyecto de reformas no emana de la ciudadanía y no tiene la menor participación de la opinión pública, como debe ser para todo cambio constitucional.

Sin la participación ciudadana cualquier reforma será siempre ilegitima, de acuerdo a la teoría y doctrina constitucional, y deben ser rechazadas. Foto: Archivo.

Se han propuesto unas reformas constitucionales preparadas por el Consejo de la Concertación Nacional, a pesar de no tener autorización para preparar reformas de este tipo y menos tener el carácter de una Asamblea Constituyente.

Las mismas han sido recibidas por el Ejecutivo y pasadas directamente a la Asamblea Nacional sin el menor análisis, para que se procesen mediante tres debates en el pleno de su primera legislatura, tres debates más en el pleno de su segunda legislatura, y eventualmente las sometan a la aprobación de los ciudadanos mediante un referéndum.

Estas reformas son consideradas, por muchos, como ilegitimas, ya que no han sido presentadas a los ciudadanos panameños para su conocimiento y debido debate que permita la asimilación de las mismas y evaluación por parte de los verdaderos constituyentes y dueños de la Constitución que somos todos los panameños.

Dichas reformas no contienen la profundidad, solvencia y comprensión del momento histórico que vivimos.

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Este proyecto de reformas no emana de la ciudadanía y no tiene la menor participación de la opinión pública, como debe ser para todo cambio constitucional.

Sin la participación ciudadana cualquier reforma será siempre ilegitima, de acuerdo a la teoría y doctrina constitucional, y deben ser rechazadas.

No obstante, que el pueblo ha sido puesto a un lado en este proceso, sí comprende la importancia de su participación y sabe cuándo debe actuar.

Sin mucho análisis, nos damos cuenta que este proyecto no contiene un solo artículo que apunte a los verdaderos problemas que agobian a los panameños, es decir, nada sobre la mala distribución de la riqueza que mantiene a muchos en la pobreza, como resultado del uso irracional del poder político; nada sobre cómo resolver el alto costo de la vida; nada para modernizar la educación y mejorar los servicios de salud, entre otros. 

Como colofón de la insensatez que rodea este proyecto, el Tribunal Electoral, previendo un rotundo No en el referéndum, está ya proponiendo partir los 40 artículos en tajadas para que el pueblo apruebe por pedazos de Sí o No, y de esta forma burlar la decisión integral y soberana del pueblo.

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Esto más que pretender darnos una bofetada, es un irreverente irrespeto a la gente pensante y honesta de este país.

Lo peor de todo es que las reformas no borran el pecado original de la actual Constitución, que es el exacerbado presidencialismo que nació con un diseño que trasladó el poder omnímodo del cuartel de la Guardia Nacional hacia la Presidencia.

Mientras eso persista, nada cambia.

Este pecado solo se borra con una Constituyente.

Por todo lo anterior, a las reformas dale un No total y rotundo en el referéndum planeado para el próximo año.

Ingeniero.