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Opinión - 18/4/19 - 12:00 AM

Las primeras damas, ¿agentes de cambio?

...hay otras primeras damas que son mujeres mortales, con los pies en la tierra y el coraje de dejar una huella indeleble, que ha marcado generaciones, y que las convierte en un referente a seguir.

La primera dama estadounidense, Michelle Obama, anuncia una serie de cambios en las etiquetas de información nutricional, en la Casa Blanca en Washington, EE.UU., el 27 de febrero de 2014. Foto: EFE

Todas las primeras damas que gozaron de las mieles y de los privilegios de acompañar a su cónyuge al solio presidencial, tradicionalmente se acentuaron, no solo por ser adornos glamorosos, lucir los elegantes atuendos de Chanel, exuberantes peinados, alhajas, exquisitos perfumes y un séquito que le sirve de avanzada, escoltas, y protocolos que al llegar al escenario de los eventos, exigen a los organizadores todo aquel capricho al que deben someterse y complacer a la invitada de honor, así como resguardar sus problemas sentimentales.

Sin embargo, hay otras primeras damas que son mujeres mortales, con los pies en la tierra y el coraje de dejar una huella indeleble, que ha marcado generaciones, y que las convierte en un referente a seguir.

Mujeres luchadoras, tenaces, que tomaron una posición que tal vez nunca concibieron ocupar y la diferenciaron a favor de las personas con discapacidad, igualdad de género, marginados y, sobre todo, por esas grandes mayorías sumidas en la extrema pobreza.

Recientemente, llegó a mis manos el libro autobiográfico de Michelle LaVaughn Robinson, socióloga y abogada estadounidense y exprimera dama de los Estados Unidos, Michelle Obama, no perdió el piso ni la embriagó el poder, impuso su agenda política, mas se esforzó por superar el esquema clásico de la primera dama y pone el acento en experiencias universales, ligadas a su vida familiar y profesional.

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Se erigió en defensora a ultranza de las personas con discapacidad, de las mujeres y las niñas en Estados Unidos y en el resto del mundo, introdujo cambios drásticos enfilados a promover una vida saludable y activa en las familias, y acompañó al inquilino de la Casa Blanca, cuando el país franqueaba algunos de los períodos más desgarradores de su historia.

Michelle dedica la primera parte del libro a su infancia y adolescencia en un "estrecho apartamento" de un barrio humilde de Chicago, en una familia descendiente de esclavos.

Sus cavilaciones sobre las divisiones de raza y clase, el machismo o la educación pública dan paso a una segunda parte centrada en el comienzo de su vida con Barack Obama, de quien se enamoró con "una ráfaga de deseo, gratitud, satisfacción y asombro".

Ahora bien, vallamos a Panamá, la mirada de la opinión pública es vigilante y estricta, no pongo en tela de duda el perfil, la gran moralidad y valía de las Primeras Damas de la República que han transitado el renombrado Palacio de las Garzas, sin embargo, en honor a la verdad, no han pasado de ser un rostro hermoso, no han tenido las agallas y audacia para reinventar su personaje, romper con el conformismo, que asienten a todo lo que hace su marido y convertirse en la vocera de los sin voz, desafortunadamente, no han superado todas las expectativas y cuyos vestigios nos deja un resultado desmoralizante y sin sabor para seguir su ejemplo.

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Parafraseando a Michelle Obama, manifiesta que: discreta pero indubitablemente dispuesta a triunfar, decidida a no desviarse de su trayectoria.

La lista de cosas que debía hacer estaba grabada en su cabeza y la acompañaba a todas partes.

Evaluaba sus objetivos, analizaba sus resultados y contaba sus victorias.

Si había un desafío que encarar, lo acometía.

Cada prueba de fuego que superaba la conducía a otra.

Así es la vida de una chica que no puede dejar de preguntarse: "¿Soy lo bastante buena?", y todavía está.

Nada más.

Comunicadora Social.