Gracias por ser parte de nuestra audiencia Queremos que sigas disfrutando de los mejores contenidos. Regístrate aquí ¿Ya estás registrado? Inicia sesión
Opinión - 03/8/19 - 12:00 AM

Las guerras y sus consecuencias

La lucha de los imperios, a lo largo de la historia, ha sido terrible. Cartago, Esparta, Egipto, Roma, los árabes, la Reconquista Española, Las cruzadas, la misma conquista de América. En todas esas historias, mucha sangre.

La lucha de los imperios, a lo largo de la historia, ha sido terrible. Foto: AP.

La historia de la humanidad es un reguero de sangre. 

Desde que Caín mató a Abel, la historia sagrada en el Antiguo Testamento es todo un desfile de conflictos sangrientos entre Israel y otras naciones y de Israel internamente. 

Claro, sabemos que hay revelación divina y Dios aprovecha todo para comunicarse y para hacernos el bien. 

Y el Nuevo Testamento tiene historias macabras como la matanza de los niños de Belén, el asesinato de Juan Bautista, y la peor tragedia de toda la historia de la humanidad, el asesinato del hijo de Dios en la cruz. 

Al final de cuentas, detrás de toda violencia está el pecado, la desobediencia del ser humano a Dios.

VEA TAMBIÉN: ¿Quién protege a los niños?

Y por lo tanto, detrás de toda destrucción y maldad está el maligno, el seductor, el padre de la mentira.  

La lucha de los imperios, a lo largo de la historia, ha sido terrible.

Cartago, Esparta, Egipto, Roma, los árabes, la Reconquista Española, Las cruzadas, la misma conquista de América. 

En todas esas historias, mucha sangre.

Últimamente, las dos guerras mundiales, la primera con 20 millones de muertos y la segunda, con 60 millones de fallecidos.

La guerra civil española, con un millón de muertos. 

VEA TAMBIÉN: Los políticos siempre defienden sus negociados

Las guerras tribales en África.

La guerra de Vietnam. 

La de Corea. 

Las guerras de las guerrillas en América Latina. 

Todo un reguero de sangre.

El ser humano fácilmente cae en la violencia.

Y si a eso sumamos las peleas políticas, familiares, gremiales, tenemos un panorama atroz de toda la humanidad.

Todo es lucha, guerra, conflictos, rivalidades. 

Pero también es verdad que mucha gente, a lo largo de la historia de la humanidad, nunca empuñó un arma, jamás agredió a nadie, ni materialmente, ni verbalmente.

En todas la culturas y religiones han habido personas pacíficas, reconciliadores, que hacen el bien, que perdonan, que ayudan, que construyen y que nunca destruyen. 

Y en el cristianismo, empezando por Jesús y siguiendo por sus apóstoles, y a lo largo de la historia, seguidos por millones de hijos de Dios, hemos visto cómo se ha ido construyendo una civilización del amor.

Santos y santas, muchos no canonizados, hombres y mujeres que han estado construyendo un mundo mejor, de paz, armonía, justicia social, respeto a la vida, a la dignidad humana y al bien común. 

Y es Jesús quien guía a la humanidad entera a vivir el misterio del amor. 

Nosotros debemos continuar inspirados por el Espíritu Santo, que proviene del Padre y del Hijo, y en el seno de la Iglesia, seguir trabajando por la paz y la reconciliación en el mundo. 

Hay tanto que hacer. 

Parar tanta guerra, violencia, maldad. 

Y con Dios esto es posible, porque con Él somos invencibles.

Monseñor.