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Opinión - 08/10/19 - 12:00 AM

La responsabilidad de los docentes

Hablarle a los docentes panameños sobre tecnología y educación virtual, es como trasladarlos a un mundo que no tiene final y eso les da temor.

El maestro debe ser una persona creíble, mediador entregado a la enseñanza de saberes. Foto: Archivo.

El pasado 5 de octubre celebramos a nivel mundial el Día del Docente.

En 1966, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la UNESCO suscribieron una recomendación referente a la "Situación del Personal Docente".

Observación encaminada a garantizar los derechos y responsabilidades de los docentes frente a las necesidades de su formación inicial, perfeccionamiento, la contratación, el empleo, y las condiciones de enseñanza y aprendizaje.

Por otro lado, en 1997, se adoptó otra recomendación relativa a la Condición del Personal Docente de la Enseñanza Superior, la cual completó la Recomendación de 1966, abarcando el personal docente y de investigación de la enseñanza superior.

Al parecer, para los educadores en nuestro país, este importante logro no es relevante y mucho menos, en los últimos tiempos, cuando la calidad de la enseñanza es corriente y desactualizada.

Los derechos y responsabilidades de los docentes no solo están sujetos a lo que pueden hacer en el desarrollo de la transferencia del conocimiento; sino, por los cambios de actitud y la implementación de planes de estudios innovadores que permitan ofrecer mejor calidad en el proceso de enseñanza aprendizaje, de acorde con las exigencias del mercado.

Sin embargo, cuando el mercado laboral es limitado, es necesario instruir a los jóvenes con competencias emprendedoras que le permitan comenzar su propio negocio.

Las tecnologías de la información y la comunicación son primordiales en la educación del siglo XXI.

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Por esta razón, el maestro debe ser una persona creíble, mediador entregado a la enseñanza de saberes: debe seguir innovando el conocimiento para su formación profesional (Chisag -Lagla -Constante 2017)

Para nada es oculto que los docentes con más de sesenta años de edad, no están dispuestos a dedicar más tiempo de su vida para perfeccionar los planes de estudio y mucho menos para actualizarse en materia educativa con las nuevas Tecnologías de Información y Comunicación - TICS.

Hablarle a los docentes panameños sobre tecnología y educación virtual, es como trasladarlos a un mundo que no tiene final y eso les da temor.

También es muy cierto que las nuevas generaciones de jóvenes, son más dinámicos y creativos que los mismos docentes que le dictan clases en las universidades.

Esta realidad es otro obstáculo más para los docentes ¿Será posible continuar con la misma estructura educativa que hace veinte años atrás?

La tecnología transcurre de forma exponencial y cada vez que a alguien se le ocurre inventar algo nuevo, es posible que simultáneamente existan muchas personas perfeccionando lo anterior o descubriendo algo diferente y los docentes no se dan ni por enterado.

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Sin embargo, cuando un estudiante desea explorar el mundo de la tecnología, en algunas ocasiones, el docente impone su criterio afirmando que su curso está diseñado de otra forma.

Por eso, hay quienes opinan que "No hay malos alumnos sino malos profesores".

Muchos investigadores que han realizado estudios sobre el tema de la innovación educativa coinciden en que los docentes se resisten a los cambios.

Álvarez Méndez. 2001,  en su investigación "¿Qué entendemos por innovación educativa?" concluye que, "se resiste quien no quiere el cambio porque conlleva un esfuerzo adicional de puesta al día en cuestiones didácticas y científicas.

Se resiste quien no está acostumbrado a trabajar en equipo, quien se siente amenazado por los cambios, quien se conforma con la situación que le viene dada, se resiste quien es incapaz de cambiar sus hábitos y seguridad, quien ve en peligro privilegios y derechos adquiridos.

¿Será esta la realidad de nuestros docentes?

Ahora bien, si observamos detenidamente el aporte de los docentes panameños en temas de investigación, el resultado tampoco es muy halagador.

Los que estudian maestrías y doctorados para subir de categoría en las universidades no quieren aceptar la investigación de una tesis como trabajo final.

Solo les interesa el salario.

A las tesis muchos le llaman "el cuco".

Lo que indica que no existe capacidad ni voluntad.

En conclusión, si seguimos así en materia de educación, no lograremos cumplir con los objetivos de la Agenda Internacional de Desarrollo 2030 y en vez de tener un pueblo culto, por el contrario, tendremos un pueblo preso por la mediocridad.

Periodista.