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Opinión - 24/5/20 - 12:00 AM

La deshumanización del otro en sociedad

...las escenas nos remontan de inmediato en nuestras psiquis a esos tiempos de los linchamientos clásicos que, gracias a las leyes y la cultura humanizada de hoy en día, han dejado ya de ser parte de la hiperagresividad del ser humano.

Recientemente hemos visto un video de un hombre amarrado a un tallo de plátano, siendo ajusticiado y azotado por otro, de la manera más primaria y más brutal posible.

Se dice que el hecho ocurrió recientemente en Bocas del Toro, ante un supuesto hurto de alimento.

Pero al margen del cómo, el dónde o el porqué, las escenas nos remontan de inmediato en nuestras psiquis a esos tiempos de los linchamientos clásicos que, gracias a las leyes y la cultura humanizada de hoy en día, han dejado ya de ser parte de la hiperagresividad del ser humano.

Para ejercer ese tipo de violencia, de una manera compulsiva, debe primero estar presente en ese victimario algún claro factor de deshumanización hacia la víctima, del Yo sobre el Aquel; siendo aquel, en estos casos, todo lo que representa algo con que el victimario no puede ya identificarse, al momento de la ejecución del acto de violencia.

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Sin adentrarnos en los factores más circunstanciales que pudieron desencadenar ese tipo de agresión, no queda duda que estaríamos ante la presencia de la violencia más primaria del hombre sobre otro.

Una violencia que -según muchos estudiosos- está más bien tatuada ya en el genoma humano y se remonta a las conductas desplegadas de forma natural por nuestros ancestros más arcaicos.

Por un fenómeno de mal adaptación evolutiva, se ha filtrado a nuestros tiempos, como una conducta que persiste, pero que ya no sigue siendo útil para la supervivencia de la especie.

Así que ese método primario de castigo, de infligir dolor y daño "al otro", se remonta a las conductas cavernarias desplegadas diariamente por nuestro pasado atávico, a los umbrales mismos de la formación del sapiens.

Al ver al victimario, salvaje, brutal como primate homínido, estamos en presencia de conductas de vestigio biológico heredado de un pasado violento.

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Probablemente, si se le pregunta al victimario por qué actuó de aquella forma, no sabrá siquiera responder, aunque busque en el trasfondo de su proceso intelectual nublado y turbio.

Según estudios antropológicos, pudo el victimario simplemente ser la presa inconsciente de nuestro primitivo cerebro reptiliano, que aflora en los momentos de violencia y deshumanización, haciendo así del hombre el animal o la criatura más letal de toda la naturaleza.

Debería, eso sí, caer al victimario todo el peso de la ley, que sirve como freno material al fin para esas prácticas que se hacen cada vez menos comunes en la sociedad.

Servirá tal vez de algún consuelo, aunque no de justificación, saber el hecho de que esos episodios de conductas hiperagresivas y de violencia muy primaria, son parte de herencia evolutiva escrita en piedra en el genoma humano, y que más vale conocerlas bien en sociedad, sin dejar por ello a un lado la sanción.

Abogado.

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