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Opinión - 19/1/19 - 12:00 AM

'Knockout' en Turismo

Ojalá la próxima celebración de la JMJ en Panamá termine con la celebración de la santa misa en la catedral de la reconstruida ciudad colonial de Panamá La Vieja, fundada hace 500 años, con su galeón restaurante, sus apedreadas calles, carretas a caballos y hermosas edificaciones que sirvan como un magneto al turismo...

Un grupo de peregrinos en las afueras de la Catedral Metropolitana en el Casco Antiguo de la ciudad. Los panameños han recibido a los peregrinos con alegría y hospitalidad. Foto: Roberto Barrios. Epasa.

Alejado de lo tradicional, la Jornada Mundial de la Juventud nos ofrece un laboratorio de las actividades que debe proyectar permanentemente nuestro Ministerio de Turismo para el pleno desarrollo de la actividad y el robusto crecimiento de la industria en Panamá.

Obviamente, para generar riqueza se hace necesario la inversión.

Parte fundamental de la razón de ser de la Autoridad de Turismo es atraer sana inversión para la permanente generación y multiplicación de ingresos, como vigorosamente lo concibe la Autoridad del Canal de Panamá a través del fluido contacto con navieras y el brote de nuevos esquemas de negocios que permiten el sano ascenso en aportes al tesoro nacional.

Según declaraciones del Comité de Recaudación de la JMJ, la inversión de $75 millones genera un impacto económico directo de $250 millones en sanas cifras de ocupación hotelera, un notable incremento en las ventas de restaurantes, en transporte y en actividades turísticas.

Más importante aún resulta el impacto a la proyección internacional de Panamá que continuará su fortalecimiento, gracias a la consolidación de una imagen positiva de nuestro país.

Desde sus inicios en 1984, en Ciudad del Vaticano, donde asistieron 300 mil peregrinos, las cifras se han ido incrementando hasta 3 millones 500 mil en la más reciente Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, Polonia.

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Sin duda alguna, la Jornada Mundial de la Juventud 2019 es el evento de mayor envergadura turística en el istmo de Panamá durante toda su historia.

Planificado al dedillo por la Iglesia católica, la histórica visita del papa Francisco es la cereza al pastel del evento que, con extremo júbilo, entre cánticos y bailes tradicionales por parte de una juventud eufórica de cada uno de los países participantes, enaltece el primer prelado latinoamericano jesuita con un mensaje que más allá de lo tradicional debiese contar con un latigazo a la atolondrada corrupción en el país anfitrión.

Indicios iniciales resaltan la hospitalidad de los istmeños para con los visitantes.

Con el anuncio del aumento de penas a un severísimo máximo de 18 años en prisión para aquellos que asalten a un peregrino, pone en alerta a los cacos que no vale la pena hurtar durante el evento, tema que debiese ser permanente en la legislación istmeña, trátese de peregrinos o conciudadanos.

Asimismo, de intolerantes debiesen ser las penas para la lacra que mal nos gobierna desde hace décadas, putrefactas, corruptas ratas, germinando un laboratorio de Singapur para el pleno desarrollo del país.

Goza, Panamá, ¡disfruta el despliegue de amor y alegría durante los próximos días!

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Que el repicar de las campanas de la recién remozada Catedral Metropolitana llene nuestros corazones de alborozo y del profundo orgullo de presentar nuestra mejor cara hacia un mundo incierto que nos contempla con particular curiosidad.

Ojalá la próxima celebración de la JMJ en Panamá, quién sabe cuándo, termine con la celebración de la santa misa en la catedral de la reconstruida ciudad colonial de Panamá La Vieja, fundada hace 500 años, con su galeón restaurante, sus apedreadas calles, carretas a caballos y hermosas edificaciones que sirvan como un magneto al turismo, complementando al Casco y al Canal de Panamá, para que los visitantes puedan percibir, palpar, vivir la experiencia de la gloria de la primera ciudad del Pacífico del continente americano, como bien aclamara Ricardo Miró, "En vez de estas soberbias torres con áurea flecha, ...".

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