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Opinión - 19/4/19 - 12:00 AM

Jesús murió para que yo viva

“…pero yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10).

Durante la Semana Santa se revive, paso a paso, cada uno de los momentos que llevaron a Jesús, hasta la cruz del Calvario. Foto: EFE.

Muchos cristianos en el mundo celebran, en estos días, la Semana Santa o Semana Mayor.

En ella se revive, paso a paso, cada uno de los momentos que llevaron a Jesús hasta la cruz del Calvario.

En esta oportunidad deseo motivar a cada lector, para que meditemos en esta gran verdad: Jesús murió para que yo viva.

Como psicóloga he tenido la oportunidad de escuchar todo tipo de historias de personas de todas las edades en diversas circunstancias, que les llevan a tener pensamientos o ideaciones suicidas, es decir, deseos intensos de querer poner fin a sus existencias.

Deseo morir, me siento muy triste, como si mi corazón estuviera partido en pedazos.

¡Ya no quiero más esta vida!, son de las tantas frases que tristemente he tenido que escuchar en consulta.

Al conversar con ellos, en relación con las razones o motivos para sentirse y pensar así, salen a relucir todo tipo de problemas, frustraciones, sufrimientos, ocasionados por grandes pérdidas, dolores físicos y emocionales, en fin, aspectos de la vida que les hacen sentir el mundo sobre sus espaldas.

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Es por ello que deseo aprovechar estas líneas para hablarles de Aquel que decidió morir por cada uno de nosotros, para que a cambio gozáramos de vida plena y abundante.

Jesús, bien lo expresó de la siguiente manera: pero yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia (Juan 10:10).

¡Digamos no! a esos pensamientos negativos que dominan a la mente.

Como vemos, son pensamientos contrarios a los deseos de bienestar que tiene Dios para cada uno de nosotros.

Les digo todo esto para que encuentren paz en su unión conmigo. En el mundo, ustedes habrán de sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo (Juan 16:33).

Aquí encontramos una gran realidad, y es el hecho de que sin importar nuestra edad, sexo, raza, credo o posición social, todos los seres humanos estamos expuestos al dolor y todo tipo de problemas y padecimientos.

Un mundo lleno de aflicción: las enfermedades, los reveses económicos, el desempleo, el amor no correspondido, los anhelos o sueños frustrados, sentimientos de soledad, las tragedias y las catástrofes, en fin, todo tipo de situaciones que pueden generar, en la vida de cualquier persona, impotencia, desánimo y  aparente derrotaPero en todo esto salimos más que vencedores por medio de aquel que nos amó (Romanos 8: 37).

Porque todo el que es hijo de Dios vence al mundo. Y nuestra fe nos ha dado la victoria sobre el mundo. El que cree que Jesús es el Hijo de Dios, vence al mundo (1Juan 5: 4-5).

¡No dejemos de creer!

Psicóloga.