Opinión - 07/11/18 - 12:00 AM

Geoingeniería y el principio de la prudencia

... en su forma actual, representa un camino incierto y peligroso... la geoingeniería toma dos formas, ambas destinadas a reducir la radiación que llega a la tierra... sin embargo, podrían producir efectos negativos muy graves masivos e impredecibles sobre el ciclo hidrológico que podrían dar lugar a sequías con capacidad de afectar la agricultura, la generación de lluvias ácidas y la reducción de la capa de ozono.

Algunos de los métodos de la geoingeniería se basan en la manipulación humana del clima, como usar aviones para que rocíen aerosoles de sulfato en la estratosfera. Foto: AP.
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Juan Jované | [email protected] |

 

Entre los peligros más serios que enfrenta la humanidad está la actual tendencia observada en la emisión de gases invernadero.

Esta, de acuerdo con la organización Trillionthtonne.org, ha llevado a que la emisión acumulada de emisiones de carbón a partir de la Revolución Industrial actualmente supere los 625,176.6 millones de toneladas métricas, esperándose, además, que hacia principios del 2036 esta magnitud llegue al millón de millones de toneladas métricas, traspasando el llamado presupuesto de carbón global.

De cumplirse con este hecho, la temperatura de la tierra llegaría necesariamente a colocarse 2 grados centígrados por sobre la observada antes de la Revolución Industrial, lo que activaría los efectos de retroalimentación que podrían llevar a que en este siglo dicha temperatura alcance niveles que estarían entre los 2 y 5 grados centígrados sobre lo observado previo a la Revolución Industrial.

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Quienes pretenden enfrentar estos fenómenos sin generar una profunda transformación civilizatoria, destinada a superar el actual sistema centrado en la generación y acumulación creciente de ganancias monetarias, centran sus esperanzas en la llamada geoingeniería.

Esta, al menos en su forma actual, representa un camino incierto y peligroso.

En su forma de manejo de la radiación solar, la geoingeniería toma dos formas, ambas destinadas a reducir la radiación que llega a la tierra: la inyección en la estratosfera de partículas de azufre, así como la inyección de agua salada en las altas nubes marinas para hacerlas más brillantes y reflexivas.

Estas dos formas, sin embargo, podrían producir efectos negativos muy graves tales como los siguientes: efectos masivos e impredecibles sobre el ciclo hidrológico que podrían dar lugar a sequías con capacidad de afectar la agricultura de la que dependen cerca de 2 mil millones de personas, la generación de lluvias ácidas, y la reducción de la capa de ozono.

La otra forma de geoingeniería se refiere al secuestro y almacenaje de carbón, que actualmente se propone como un proceso de bioenergía.

Esto se realizaría con la siembra de árboles con alta capacidad de capturar carbón, los cuales luego se quemarían para producir energía eléctrica, de manera que la emisión que esta genere sea capturada por nuevos árboles, en un proceso continuo.

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Esta visión también tiene dificultades, las cuales se refieren principalmente al problema de la extensión, pudiéndose ejemplificar en el hecho de que solo para remover mil millones de carbón de la atmósfera se requeriría una superficie equivalente a dos veces la superficie de la India, esto es cerca de la mitad de la actual superficie utilizada en la agricultura.

Más aún, las plantaciones necesitarían un suministro de agua equivalente al que ya se usa para la agricultura.

La dimensión del problema queda clara si se recuerda la masividad de las emisiones corrientes y acumuladas.

La aplicación del conocido principio de la precaución, que señala que si una medida puede llegar a generar serios daños no debe realizarse, permite concluir que, en el estado de conocimiento actual, la geoingeniería no resulta una salida viable.

El cambio civilizatorio centrado en el interés por la vida es, entonces, la única y verdadera solución.

Economista.