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Opinión - 28/3/19 - 12:00 AM

Francisco, siente Panamá

... una imagen repetida por doquier pasaba el sumo pontífice: los brazos de los padres presentándole a los hijos como bandera de sus sueños y evidencia de su activo más valioso. … Nuestro timbre de orgullo no es el pasado, sino el futuro, materializado en la corporeidad de nuestros niños y niñas.

Otro de los momentos memorables de la visita del Papa fue su cara de perplejidad y asombro, captada por la cámara de Carlos Yap, cuando los amigos de Lucas Henríquez lo levantan en su silla de ruedas, para que vea al pontífice. Foto: Archivo.

Una mención especial de las reflexiones franciscanas sobre Panamá, merece las que el Papa externó ante los periodistas y medios en su retorno a Roma; un momento en el cual su santidad confiesa que pese a ser latinoamericano, no conocía Panamá.

Allí sintetizó, en una sola palabra, la impresión de que nuestra Patria le hizo experimentar, y lo expresó así: Panamá es una nación noble.

Y  en parla italiana, con gestos de quien capta en el aire una intuición profunda, usó el sustantivo: nobiitá, para ser más sintético su aserto.

Esta introspección vivenciada de muchas horas cara a cara con un pueblo en las calles, emanaba, fresca y clara, de una imagen repetida por doquier pasaba el sumo pontífice: los brazos de los padres presentándole a los hijos como bandera de sus sueños y evidencia de su activo más valioso.

Nuestra nobleza como pueblo, que no se aquilata en títulos rancios sino en la esperanza viva del porvenir.

Al igual que a Lincoln, fibroso ejemplar de otra tierra de simiente joven, a los panameños no nos preocupa tanto quiénes fueron nuestros abuelos sino qué será de nuestros nietos...

Nuestro timbre de orgullo no es el pasado, sino el futuro, materializado en la corporeidad de nuestros niños y niñas.

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De entre las muchas vivencias que impactaron a Francisco, hay sin duda dos momentos estelares, uno de los cuales reiteró.

Este fue advertir a la abuela con la mitra de cartón.

Seguramente atrajo su mirada la anciana con aquella mitra arzobispal de carnestolendas o de baile congo, pero el asombro mayor resultó del propio mensaje de la panameña.

Francisco en dos discursos se refirió a ella. Hablando de las abuelas.

Esta la segunda vez que la veo. La vi ayer y la vi hoy: una viejita así, flacucha.

De mi edad o más todavía, con una mitra.

Se había puesto una mitra con cartón y un cartel que decía: "Santidad, las abuelas también hacemos lío".

Y con base a esa vivencia, Francisco infiere: Una maravilla de pueblo. 

La segunda alusión es aún más vívida y matizada.

Relata el Papa: Les cuento una cosa, cuando venía el primer día por el camino, había una señora con un bonete, una señora mayor ya, abuela, ahí en la reja por donde yo pasaba con el auto, y tenía un cartel que decía: Nosotras las abuelas también sabemos armar lío.

Y ponía: Con sabiduría. Júntense con los abuelos para armar lío, va a ser un lío contundente, genial.

Y concluía con risa socarrona de alguien que es pillado en falta: Parecía muy viejita la señora, le pregunté la edad y tenía 14 años menos (que yo) la señora, ¡qué vergüenza!

Se trataba de Hayira Moly, odontóloga jubilada que ese día cumplía 69 años.

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A su llamado generacional de Cracovia y de Río de Janeiro, esta venerable hija de Panamá, le recordaba al líder de la grey católica, que no solo los jóvenes están llamados a la transformación del mundo.

Lección fue aprendida y repetida por su santidad en sus mensajes y premiada con el canto emocionado de un cumpleaños feliz que todos recordaremos por siempre.

Y finalmente, en estos escolios a una visita memorable, cómo no recordar a los amigos levantando a Lucas Henríquez en su silla de ruedas, como en el pasaje del Evangelio de Lucas (19: 3-6) donde el pequeño Zaqueo que se sube al árbol para contemplar el paso de Jesús por Jericó.

La cara de perplejidad y asombro del Papa captada por cámara de Carlos Yap no solo dio la vuelta al mundo, sino que nos recuerda que entre nosotros hay ángeles capaces de pequeños milagros: amor.

Se especuló mucho sobre por qué Francisco eligió Panamá para la Jornada Mundial de la Juventud.

Seguramente, Panamá reunía las mejores condiciones de todo el istmo centroamericano para acoger a los peregrinos.

Ciertamente también la Iglesia católica debería tener un aliento de renovación y cambio, y necesitaba a su Pastor para enfrentar desafíos como el avance de las sectas e igualmente el Papa quería reivindicar ante un clero conservador los valores de servicio a los humildes de monseñor Romero.

Todo eso pesó sin duda, pero la estancia del Papa-papá nos dejó más que eso.
Gracias, Francisco, por vernos, leernos, pensarnos y sentirnos así.
Gracias, Santidad. Nobleza obliga.

Los panameños rezaremos por ti. (Tríptico franciscano. Tercera y última entrega)

Docente y gestor universitario