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Opinión - 27/3/19 - 12:00 AM

Francisco, piensa Panamá

"....Ustedes jóvenes deben pelear por su espacio hoy, porque la vida es hoy, nadie te puede prometer un día del mañana, tu espacio es hoy…”. ..en la cercana elección de mayo del 2019, estas orientaciones del papa Francisco deberían resonar muy fuerte para ponerle un alto al despeñadero al que nos conduce el egoísmo exacerbado, el juega vivo permanente, el consumismo y el pesimismo.

El papa Francisco en la ciudad de Panamá, vía España, durante las actividades de la Jornada Mundial de la Juventud en enero de 2019. Foto: Epasa.

La segunda dimensión de la caracterización del papa Francisco de nuestro destino socio cultural,  fue su aserto de que Panamá es tierra de sueños, y, por tanto, no solo un punto estratégico de la geopolítica comercial, sino un hub de la esperanza. 

Con la apoyatura magistral de los versos de nuestro Ricardo Miró, el Vicario de Cristo hizo suyas las estrofas agoreras del bardo de San Felipe y allí nos recordó, y los catapultó al mundo,  aquellos versos de Patria de mis amores que sentencian esta verdad del momento fundacional de la República.

Un sueño que Miró, Jerónimo de la Ossa y la primera generación de poetas y estadistas republicanos entretejieran: Porque viéndote, Patria mía, se dijera /que te formó la voluntad divina/ para que bajo el sol que te ilumina /se uniera en ti la Humanidad entera.

La lectura honda de esta Panamá, como tierra de sueños y hub de la esperanza, viene cimentada para el obispo de Roma en la asunción plena de este lema de las vocingleras Cumbres de Río: Otro mundo es posible.

Otro mundo que supone desafiar, como ya advertía la Exhortación Apostólica, Evangeli Gaudium: las miopes miradas cortoplacistas que, seducidas por la resignación, por la avidez, o presas del paradigma tecnocrático, creen que el único camino posible se transita en el juego de la competitividad, [de la especulación] y de la ley del más fuerte donde el poderoso se come al más débil, cerrando el mañana a una nueva imaginación de la humanidad.

El Papa hizo un llamado a los jóvenes a involucrase, con lío y pasión, en su construcción a fin de que los sueños no queden en algo efímero o etéreo sino, por el contrario: para que impulsen un pacto social en el que todos puedan tener la oportunidad de soñar un mañana.

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Idea del nuevo pacto social para ese otro futurible, cuyo imperativo remató con este aforismo: el derecho al futuro también es un derecho humano.

Pero soñar el futuro y ejercer el derecho a tenerlo, no son meras entelequias.

Como se sabe, en América Latina y Panamá una buena parte de los desempleados y marginados son jóvenes, y grandes estigmatizaciones piensan sobre ellos en el imaginario colectivo.

Por ello exclamará  el pontífice: Qué fácil resulta criticar a los jóvenes y pasar el tiempo murmurando si les privamos de oportunidades laborales, educativas y comunitarias desde dónde agarrarse y soñar el futuro.

Sin educación es difícil soñar futuro, sin trabajo es muy difícil soñar futuro, sin familia y sin comunidad es casi imposible soñar futuro.

Porque soñar el futuro es aprender a responder no solo para qué vivo, sino para quién vivo, para quién vale la pena gastar mi vida. y eso lo tenemos que facilitar nosotros los mayores dándoles trabajo, educación, comunidad, oportunidades.

Aspectos muy concretos y relevantes muy específicamente para la comunidad panameña: trabajo y educación.

Educación integral y trabajo digno que podrían vertebrar cualquier agenda de gobierno realmente importante y pertinente para Panamá en 2019.

Educación, conocimiento, trabajo digno, participación comunitaria activa, fuentes verdaderas de independencia frente a poderes foráneos en los tiempos que corren.

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Tales ideas las reiteró el papa en sus discursos: Es imposible pensar el futuro de una sociedad sin la participación activa -y no solo nominal- de cada uno de sus miembros, de tal modo que la dignidad se vea reconocida y garantizada en el acceso a la educación de calidad y en la promoción de trabajos dignos.

Ambas realidades tienen la fuerza de ayudar a reconocer y valorar la genialidad y el dinamismo creador de este pueblo y a su vez, son el mejor antídoto ante cualquier tipo de tutelaje que pretenda recortar la libertad y someta o saltee la dignidad ciudadana, especialmente la de los más pobres.

El papa, apoyándose en el Evangelio, nos recuerda a todos que: el mundo no será mejor porque haya menos personas enfermas, menos personas débiles, menos personas frágiles o ancianas de quien ocuparse e incluso no porque haya menos pecadores; no, no será mejor por eso.

El mundo será mejor cuando sean más las personas que, como estos amigos que nos han hablado, estén dispuestos y se animen a gestar el mañana, a creer en la fuerza transformadora del amor de Dios.

La fuerza transformadora se apoya hoy en ser influencer, según el lenguaje de las redes sociales, pero no basta con ello.

Esto es demasiado líquido, demasiado gaseoso, adjetivaría Francisco con dejo de Alberto Royo o  Zygmunt Bauman.

Falta para ello afincarse tanto en la escucha entre generaciones y el conocimiento del pasado, lo que el papa llamó las lecciones de las páginas negras de la Historia.

Con relación a la primera, su santidad meditaba: Ser un influencer en el siglo XXI es ser custodios de las raíces, custodios de todo aquello que impide que nuestra vida se vuelva gaseosa, que nuestra vida se evapore en la nada.

Por otra  parte la custodia identitaria es la de la genuina escucha.

Dirá Francisco: La riqueza de la escucha entre generaciones, la riqueza del intercambio y el valor de reconocer que nos necesitamos, que tenemos que esforzarnos en propiciar canales y espacios en los que involucrarse en soñar y trabajar el mañana ya desde hoy.

Pero no aisladamente, sino juntos, creando un espacio común.

Un espacio que no se regala ni lo ganamos en la lotería, sino un espacio por el que también ustedes deben pelear.

Ustedes jóvenes deben pelear por su espacio hoy, porque la vida es hoy, nadie te puede prometer un día del mañana, tu jugarte es hoy, tu espacio es hoy

Para la juventud panameña, en la cercana elección de mayo del 2019, estas orientaciones del papa Francisco deberían resonar muy fuerte para ponerle un alto al despeñadero al que nos conduce el egoísmo exacerbado, el juega vivo permanente, el consumismo y el pesimismo.

Hay opciones y hay que luchar por transformar el mundo, no mañana, ahora./ (Tríptico franciscano. Segunda de tres entregas.)

Docente y gestor universitario