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Opinión - 07/11/19 - 12:00 AM

Filosofía política para una reforma constitucional sustantiva

...incorporar al texto constitucional panameño la idea de pasar del Estado que "reconoce Derechos" a uno que da "la garantía plena de una serie de derechos sobre todo sociales (como educación, salud, sanidad)"

Protesta pacífica de la juventud en contra del paquete de reformas constitucionales. No puede esperarse una Constitución democrática si no se educa, informa y prepara al demos, al pueblo. Foto: Víctor Arosemena. Epasa.

El Premio Nobel de Economía, Amartya Sen, es más reconocido en estos lares como uno de los padres de la teoría del desarrollo humano, la cual ayudó a formular a Mahbud ul Haq y sus epígonos dentro del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y de su famoso concepto de desarrollo humano como ampliación de capacidades y libertades fundamentales de las personas concretas.

Estos conceptos derivan de su preocupación seminal de la lucha contra la pobreza (un indio pensado en Madre India) y que se ha erguido frente al economicismo rancio del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional como parte de un paradigma alternativo del desarrollo.

Pero Sen es también un posible fundamento teórico para darnos una Constitución que atienda no a la entelequia del Estado perfecto o del Estado justo y perfecto que quede esbozado en una Constitución perfecta.

No hay tal cosa como una Constitución perfecta, pues no hay un Estado perfecto.

Lo que tenemos son constituciones más o menos buenas (o más o menos malas), cuya bondad se mide por cuanto logren expresar lo que Martí lamaba "los factores naturales del país" y La Salle, "los poderes reales" en función de lograr el menor sufrimiento posible a la mayoría.

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Necesitamos una ley fundamental, no simplemente anclada en Montesquieu y Sieyés, en Hamilton y Jefferson, sino en sintonía con las luces de nuestro tiempo.

Lo que en Panamá una de cuyas características fundamentales es ser una sociedad muy desigual y con una dinámica concentradora y excluyente- en combatir la injusticia y a la desigualdad desde la Constitución misma.

Por todo ello, la idea que me parece crucial a tener en cuenta, es la de incorporar al texto constitucional panameño la idea de pasar del Estado que "reconoce Derechos" a uno que da "la garantía plena de una serie de derechos sobre todo sociales (como educación, salud, sanidad)", así como consagrar características de la atención a tales derechos en medidas concretas: gratuidad de la enseñanza del parvulario a la universidad; destinar un 6% del PIB del país a temas de educación, ciencia y tecnología cada año para poder tener al cabo de una generación una nueva ciudadanía, una ciudadanía ilustrada, sensible y capaz de asegurar la prosperidad de sus hijos y nietos).

La garantía de derechos por el Estado (democrático, republicano, laico, inclusivo) se corresponden en nuestros tiempos fincados en temas de manejo de datos, información, propiedad intelectual, innovación, manipulación genética, inteligencia artificial, en el rediseño de la formulación de los derechos civiles tradicionales (por dar un ejemplo, el derecho a la información y las decisiones sobre el propio cuerpo y la vida) que eran impensables y ni remotamente factibles en tiempo de Jefferson, pero sobre las que toda sociedad contemporánea tiene que pronunciarse, o, por lo menos, perfilar el camino para preservar nuestras libertades individuales y sociales, y proteger derechos de no-humanos o complejos humanos-máquinas, amén de otras especies diferentes del homo sapiens sapiens, en suma, lo que algunos llaman la cuarta, quinta y sexta generación de derechos.

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Estos temas de un futuro que es ahora (todo futuro es consecuencia de nuestras acciones presentes) no pueden esperar a que la Constitución se cambie en un futuro incierto, y, lo que es peor, sin una real discusión por parte del soberano de una democracia: usted, su vecino, el barrio, el municipio, todas las gentes de este país.

No puede esperarse una Constitución democrática si no se educa, informa y prepara al demos, al pueblo.

No vale el "juega vivo" para sancionar un orden fáctico de juerguistas que le chupan sangre y cerebro a quienes dicen representar; y usan el dinero de todos como si fuera patrimonio propio, y lo gastan impunemente, pues ellos hacen las reglas o las acomodan.

Miren a Venezuela, miren a Nicaragua, miren a México. Miren a Ecuador. Miren a Chile.

Síganle el pulso a Brasil.

El crimen esencial fue pensar que se puede engañar a todos todo el tiempo.

El dedo de Lincoln señalando al corazón nos recuerda la esencia de lo que es el sistema político menos malo: la democracia.

La hemos pervertido.

A la voluntad debemos unir las luces, la razón, la inteligencia, el diálogo.

¿Están nuestros constitucionalistas de hogaño mirando hacia el siglo XIX o hacia el siglo XXI?

Me temo que la gran mayoría está mirando más a Montesquieu que a Sen, si es que a algún lado -que no sean sus propios bolsillos- son capaces de mirar una parte muy visible y vocinglera de ellos.

Pero somos docentes.

Somos pacientes.

Hasta que el pueblo quiera.

Dixit.

Economista y docente universitario.