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Opinión - 27/9/19 - 12:00 AM

El PRD y sus dilemas

En nada ayuda al país un PRD desmovilizado, cuando esa organización tiene cuadros para reconceptualizarse y jugar un papel de mayor relevancia que concite simpatía popular y democrática.

El presidente de la República, Laurentino 'Nito' Cortizo, el 1 de julio, durante el acto de toma de posesión. Foto: Archivo. Epasa.

La única vez que estuve en un partido, lo hice en el Partido Revolucionario de los Trabajadores  (PRT), de izquierda que tuvo como experiencia electoral llevar como candidato a la Presidencia de  la República de Panamá, al Dr. José Renán Esquivel y como sus vicepresidentes a la Dra. Carmen Miró y al Dr. Carlos Pérez Herrera.

Los tres, de reconocida trayectoria en sus respectivos campos del conocimiento científico y comprometidos con las causas sociales, fueron una experiencia interesante, en tanto que en ese proyecto, logramos concitar el apoyo y la militancia de un sector importante de la intelectualidad del país.

Hacen años que no participo como miembro de partido alguno; sin embargo, siempre he inclinado mis simpatías hacia el Partido Revolucionario Democrático muchos de mis amigos, hacen parte de  esa organización, incluyendo cuadros del desaparecido Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).

En los últimos procesos quinquenales, en mi condición de abogado laborista, he participado de la organzación y estructuración del apoyo sindical, al PRD y su candidato.

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En esta última elección, por alguna razón, a pesar de que había ínteres y condiciones, el candidato Nito, no pudo reunirse con los sindicatos que lo apoyaban.     

Ahora bien, algo sucede con el PRD, pasadas las elecciones, deja la sensación de cierta naturaleza clientelista cuyos fines se agotaron con las elecciones y la victoria de Nito.

Lo anterior genera preocupación sobre todo en un medio que demanda de orientación, dado los graves problemas que enfrenta la sociedad y, en ella, los más vulnerables.

Eso riñe con la posición que inicialmente planteó su dirigencia.

No comprometerse con cargo alguno de elección popular y, en consecuencia, dedicarse al trabajo partidario haciendo de este el guía para la organización y acción de sus bases y del pueblo.

Me pareció acertada esa decisión.

Daba cuenta de una dirección, que en ese momento tenía claro lo que constituía el programa electoral  y el programa estratégico del Partido Revolucionario Democrático.

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En ambos, el partido tiene la responsabilidad de tutelaje y fiscalización.

Velar que se cumpla con lo prometido, al igual que hacer prender en la conciencia de masas su programa estratégico.

El PRD no se debe al gobierno en grado de dependencia y subalternalidad, aunque al revés, el gobierno depende de la fuerza política que le sirvió de plataforma a Nito y al gobierno.

Desde una perspectiva de partido, el mismo ni suena ni truena.

Hay situaciones donde el PRD debió haber hecho sentir su voz, aunque no necesariamente sea la posición oficial.

Más ayuda al gobierno y a Nito, un partido crítico interpretando al pueblo, aunque sea contra su propio gobierno.

En nada ayuda al país un PRD desmovilizado, cuando esa organización tiene cuadros para reconceptualizarse y jugar un papel de mayor relevancia que concite simpatía popular y democrática.

Abogado y cientista político.