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Opinión - 04/9/19 - 12:00 AM

El acto docente, más allá de una formación académica

...cada docente, el cual producto de una adecuada formación, logre empoderarse de su labor individualizada, procurando obtener resultados exitosos, comprendiendo su compromiso ético con el estudiante, con su entorno y con su familia, sin necesidad de considerar, que la solución está en manos de otros actores...

La formación del individuo se ha debilitado, ya que su enfoque se fundamenta en su entrenamiento para responder a las exigencias de un mercado laboral. Foto: EFE.

Al hablar de compromisos educativos de Panamá, será necesario explorar el comportamiento profesional del docente, más allá de los aspectos relevantes de su formación, alejado de toda crítica destructiva.

Es conveniente para una sociedad moderna, observar con detenimiento los factores que pudieran producir efectos colaterales en detrimento del proceso de enseñanza aprendizaje.

El capítulo quinto de la Constitución Política de Panamá en su artículo 91 nos plantea que todos tienen el derecho a la educación y la responsabilidad de educarse.

El Estado organiza y dirige el servicio público de la educación nacional y garantiza a los padres de familia el derecho de participar en el proceso educativo de sus hijos.

Estos argumentos nos invitan a preguntarnos, si realmente estamos cumpliendo con lo expuesto en esta redacción.

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Marqués (2001) nos define el acto didáctico como la actuación del profesor para facilitar los aprendizajes de los estudiantes.

Se trata de una actuación cuya naturaleza es esencialmente comunicativa.

Este planteamiento nos invita a hacer los siguientes cuestionamientos, ¿la educación panameña, está cumpliendo con la formación adecuada de hombres y mujeres, capaces de criticar, analizar, reflexionar y aportar aspectos positivos para el beneficio de la sociedad?, en ese mismo orden cuestionar con firmeza el producto que estamos obteniendo como resultado de una formación educativa.

El Magister Julio Góndola, docente de vocación, en una de sus intervenciones en el año 2018, manifestaba atinadamente que la educación en Panamá ha entrado en un proceso de evolución, y es el compromiso de todos determinar qué producto queremos como sociedad, sumado a esto nos indica que la propia formación del individuo se ha debilitado, ya que su enfoque se fundamenta en su entrenamiento para responder a las exigencias de un mercado laboral.

Hoy día, a pesar de las proliferaciones de centros educativos, universidades, y sobre todo de las incorporaciones de nuevas especialidades académicas, podemos observar deficiencias, las cuales deberán ser compartidas en gran cantidad con los actores involucrados en este compromiso social.

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Esto nos lleva a preguntarnos, ¿cuál ha sido la diferencia entre la labor docente de otrora con la que en el siglo XXI se está desarrollando?

Sin necesidad de buscar culpables, mas allá de disponer de una posible solución, debemos concretar acciones que faciliten la retroalimentación del proceso; asociado a esto, sería interesante comprender el nivel de responsabilidad de manera integral, sin menoscabo de opiniones, indistintamente de corriente y afinidad política.

Este accionar requiere de adecuaciones dinámicas y flexibles, las cuales nos lleven, paulatinamente, al progreso educativo de una nación en pleno desarrollo.

Nuestra identidad educativa, va de la mano de un desprendimiento de lo habitual, donde predomine un comportamiento profesional de cada docente, el cual producto de una adecuada formación, logre empoderarse de su labor individualizada, procurando obtener resultados exitosos, comprendiendo su compromiso ético con el estudiante, con su entorno y con su familia, sin necesidad de considerar, que la solución está en manos de otros actores; solo así iniciaremos un proceso de crecimiento como país.

Magister.  Docente universitario.