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Opinión - 29/7/19 - 12:00 AM

Educación superior y producción de conocimiento

....necesitamos un Ministerio de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación, o una agencia pública con músculo intelectual, que impulse la transformación del anquilosado sistema de educación superior panameño con sus cinco universidades disgregadas...

Hay que elaborar un plan de emergencia para la formación de formadores que merece el sistema educativo panameño. Foto: AP.

En materia de investigación y generación de nuevo conocimiento, en Panamá tenemos que pasar en este quinquenio de mil investigadores a al menos tres mil investigadores que hagan también docencia en pregrado y grado en un sistema público coherente de amplios vasos comunicantes y sólidos postgrados conjuntos.

Una red que haga fructificar la inversión nacional que se hace formando capital humano en el extranjero.

E, igualmente, pasar de proyectos pequeños de $5 mil o 10 mil per capita, a proyectos de fuste de $100,000 o más.

Si a prelaciones vamos, necesitamos un Ministerio de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación, o una agencia pública con músculo intelectual, que impulse la transformación del anquilosado sistema de educación superior panameño con sus cinco universidades disgregadas y apalanque, tanto el aparato público como el sector productivo con productos de la calidad científica e innovaciones y no solo con profesionales.

Una de las tareas más urgentes, pues de ella depende reflotar el Meduca, es alinear las variopintas facultades de Educación y que lancen el plan de emergencia para la formación de formadores que merece el sistema educativo panameño.

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Y pidan todo el auxilio internacional que la diplomacia académica puede darnos, evitando los costos elevados de planes como Panamá Bilingüe, que pudo hacerse de manera más eficiente y económica con esquemas de trabajo, países y centros que fueran menos dispendiosos para el Erario.

Es igualmente urgente que se reflote el adormilado Sistema de Evaluación y Acreditación Universitaria y se le otorgue prioridad a la re-acreditación institucional y a la acreditación de programas en las áreas críticas: salud, educación y tecnologías.

Y es importante que los esquemas empleados no sean tanto para llenar papeles y formularios (con centenas de indicadores), como para poder verificar si las acciones remediales de los planes de mejora que se pactaron se han puesto en ejecución.

Y como ello es bastante improbable, pues tales planes no iban acompañados de presupuestos cónsonos, al menos el ejercicio sirva para saber cuánto cuesta cada carrera y cuánto el Estado panameño debe realmente invertir si quiere dotarse de una base tecnocientífica a la altura de nuestros tiempos y realidades.

Y que los resultados sean públicos y no de acceso restringido como hasta ahora: La educación es un bien público social, y si se autoriza el lucro de algunas entidades, ellas deben ser más transparentes que los bancos que sí publican sus resultados por mandato de Ley.

Uno se pregunta si el largo cogitar del nuevo presidente sobre a quién encomendaría la dura, brava y compleja cartera de Educación obedeció a que nos hemos quedado sin verdaderos expertos en ese tema esencialmente humanístico, luego del interregno de los tecnócratas, psicólogos y periodistas a los que les quedó muy grande el puesto, no por mala voluntad sino por desconocimiento del oficio.

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No es verborrea fácil en la TV. ni apelar a la escuelita de Harvard.

Ningún Ministerio necesitará más apoyo del Ejecutivo y ninguno contribuirá a que las canas aparezcan con más frecuencia en la cabeza del recién estrenado mandatario.

Pero el país tiene dinero, hay una hoja de ruta.

Ojalá no amaine la voluntad.

Y sobre todo, saber que tenemos cientos de héroes en las aulas, que han enseñado aunque se les "ningunee" el pago de la quincena por meses, arriesgan la vida para llegar a sus escuelas rancho, o gente joven creativa dispuesta a romper esquemas.

Esa es nuestra esperanza.

El futuro es nuestro.

Y no me digan que sueño.

Como educador estoy obligado a ser optimista.

Docente universitario.