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Opinión - 24/3/20 - 12:00 AM

Despertando a una nueva realidad

La diversión parece que se apaga; en las grandes ciudades, ahora nos vamos a casa temprano; ya no podemos darnos un apretón de mano, ni abrazarnos ni besarnos en las mejillas, porque todas estas expresiones de amistad, y a veces de hipocresía, ahora son armas peligrosas.

Entre todas las cosas malas que le endilgamos al coronavirus, quizás hay una buena: esta haciendo que la humanidad esté despertando a una "nueva realidad". Durante las últimas 10 semanas, el virus nos ha estado moviendo la cama para hacernos ver que hay un nuevo mundo al cual despertamos.

El nuevo mundo es tan distinto al que teníamos cuando nos acostamos a dormir. Todo esta cambiando y seguirá cambiando.

La diversión parece que se apaga; en las grandes ciudades, ahora nos vamos a casa temprano; ya no podemos darnos un apretón de mano, ni abrazarnos ni besarnos en las mejillas, porque todas estas expresiones de amistad, y a veces de hipocresía, ahora son armas peligrosas.

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Ahora tenemos miedo a un virus que nos amenaza constantemente, y al que no podemos ver ni matar con un matamoscas. Que nos empuja a hacer compras de pánico, creando escasez de bienes por acaparamiento que solo evidencia lo egoístas que somos; que nos hace despreciar a los viejitos porque los consideramos desechables, sin pensar que tenemos padres y abuelos y que quizás algún día llegaremos a ser viejos también; que nos pone en evidencia que ese derecho que nos hemos arrogado para decidir quién vive y quién no, es una falsedad y que ahora no podemos ni decidir por nuestras propias vidas; que nos obliga a asearnos las manos con jabón, quizás para lavar nuestras tantas faltas humanas que no queríamos reconocer por arrogancia.

Hoy despertamos con miedos, en medio de aislamiento obligados que nos hace entender lo triste que es la soledad, que nos hace andar con mascarillas para ocultar nuestras debilidades. Las calles se están vaciando y la gente está obligada a permanecer en sus casas y a vivir en familia, retomando los valores que en gran medida habíamos dejado a un lado generando la destrucción del núcleo de la sociedad que es la familia.

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No obstante, estamos reflexionado y hay gente que sale a cantar en los balcones para entretener a sus amigos, que mira a sus vecinos y encuentra rostros de amistad y un espíritu de solidaridad humana. Hay desamparados y gente cansada que hay que proteger. Hay una enfermedad que nos azota y que nos amenaza de muerte. Pero también hay un despertar que anima la esperanza para alcanzar una mejor forma de cómo debemos vivir en este mundo. Tenemos que mirar a un futuro con los cielos despejados y libres de humos y aunque no podamos pisar las calles hay que cantar desde los balcones.

En tiempos de crisis, temores y confusión, hay que elegir el camino más alto, con coraje, comprensión y valentía. Aprovechemos la nueva realidad en la que despertamos.