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Opinión - 14/9/19 - 12:00 AM

Competitividad turística

Panamá sufrió una de las mayores caídas respecto al pasado reporte al descender del puesto 35 al 47.... uno de los efectos negativos que recalca el reporte sobre la región latinoamericana es la destrucción del medio ambiente.

Panamá goza de particular atractivo que solamente le hace falta pulir para convertirse en brilloso diamante del turismo universal. Foto: Archivo. Epasa.

La semana pasada, el Foro Económico Mundial nos presentó su informe, que publica cada dos años, sobre competitividad de viajes y turismo.

El reporte, donde figuran 140 países, toma en consideración infraestructuras turísticas y de transporte, seguridad, apertura internacional, competitividad de precios, su actualización tecnológica, la sostenibilidad del medio ambiente, recursos naturales y culturales.

España ocupa el primer lugar a nivel mundial, siendo el segundo país más visitado con 83 millones de turistas (después de Francia con 89 millones), desarrollando una economía enfocada en el turismo.

Su popularidad está marcada por sus recursos naturales y culturales, desde sus vibrantes ciudades hasta sus soleadas playas y una diversidad de programas culturales que cubren desde festivales medievales hasta arte contemporáneo.

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En América Latina, el indiscutible líder, ocupando el puesto #19, sigue siendo México con muchas características que emulan las ibéricas con personalidad propia.

Panamá sufrió una de las mayores caídas respecto al pasado  reporte al descender del puesto 35 al 47.

Aunque no le analizamos con ojo clínico, uno de los efectos negativos que recalca el reporte sobre la región latinoamericana es la destrucción del medio ambiente.

Como prioridad principal del gobierno entrante debe estar la eliminación permanente de la tala de árboles, cochino negocio que enriquece a inescrupulosos rufianes, sobremanera en la provincia de Darién.

Es tan sencillo como ubicar una garita en Arimae y simplemente no permitir el cruce de ningún camión cargado con madera.

Más allá del tema ambiental, el desorden caracteriza nuestra venta país.

Resulta una lástima que gozando de tantos y encantadores atractivos, no les cuidemos ni resaltemos, empezando por el Canal de Panamá, en cuya ampliación, negocio redondo para el país, se nos olvidó la construcción de un majestuoso y revolucionario centro de visitantes en las nuevas esclusas de Cocolí, tarea que debe ser prioritaria para el nuevo Administrador Ricaurte Vásquez, no solo como el sitio más emblemático del país, sino como centro de importantes ingresos que se paga solo y expeditamente, porque el turista del siglo XXI lo que desea ver es el tránsito de los mastodontes y no de los barquitos, y sí me lo manifiestan.

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Al Casco Viejo hay que terminarle, basta ya de ruinas al lado de las preciosas lozanas edificaciones.

Hay que peinarle con su tranvía, convirtiéndole en pleno centro turístico expulsando todas las entidades públicas que entorpecen su desarrollo con deambulantes funcionarios y vehículos que pertenecen a otro sitio.

Hay que exportar su modelo a los extramuros de Santa Ana, Avenida Central y el Barrio chino.

La ley que promulga su debido funcionamiento espera telarañosa la urgente firma del presidente.

Puliendo el resto de nuestro exquisito inventario colonial, la reconstrucción de Panamá La Vieja, serviría como amplio teatro de nuestra vigencia colonial, su Camino Real hasta Portobelo, el peregrinaje obligatorio para los millones de nuevos visitantes que desean palpar azuladas mariposas en la Ruta del Oro.

La cima del cerro Pechito Parao donde el Adelantado Balboa visualiza la majestuosidad del Mar del Sur, reflejada en el golfo de San Miguel. Tanto tenemos, tan poco le valoramos, rodeado de basura y escombros.

Finalmente, la venta, el mercadeo, la promoción.

Siempre le digo a mis estudiantes que hay que liderar con ejemplo.

El pasado lunes, con 66 primaveras a cuestas, recibí mi diplomado en fotografía de turismo del prestigioso New York Institute of Photography, fundado en 1910.

Me importa un bledo el aplauso, deseo aportar extraordinarias gráficas que enamoren complementadas con la tinta de la pluma a ese lector que ávidamente busca sitios excepcionales de visita en un mundo donde Panamá goza de particular atractivo que solamente le hace falta pulir para convertirse en brilloso diamante del turismo universal.

Hace falta un poco, añadiría, muchísimo cariño para catapultar lo que somos a lo que debemos ser.

Como bien acentúa Rubén, "Patria son tantas cosas bellas".

Ojalá así le refleje, como corresponde, la próxima entrega del Foro Económico Mundial.

Líder empresarial.