Opinión - 06/12/18 - 12:00 AM

Boca y River vs. la Cumbre del G20

Las barras bravas tienen una conexión con la policía y los dirigentes las estimulan, como los políticos con los votos. Los socios pueden usufructuar las instalaciones, pero no son propietarios. Así, a nadie realmente le importan los daños que provocan las barras a las que usan como “fuerza de choque” para su carrera política.

Autoridades vigilan a aficionados del Boca Juniors en Buenos Aires.
ETIQUETAS: Argentina | Fútbol | policía | Política
Alejandro A. Tagliavini ([email protected]) |

El ómnibus del plantel de Boca Juniors que iba a jugar la final de la Copa Libertadores en el estadio de su rival, River Plate, dobló en una esquina donde los hinchas locales tiraron piedras hiriendo a jugadores.

El partido se suspendió.

Ahora todos intentan encontrar un responsable, sin ir al fondo.

Las barras bravas tienen una conexión con la policía y los dirigentes las estimulan, como los políticos con los votos.

Y el problema básico es la ausencia de derechos de propiedad bien establecidos ya que se rigen por legislaciones estatales deportivas -impuestas utilizando el monopolio estatal de la violencia- que establecen a los clubes como sociedades de personas y no de propietarios.

Los socios pueden usufructuar las instalaciones, pero no son propietarios y, como los dirigentes tampoco lo son solo les interesa su carrera política y no la propiedad del club.

Así, a nadie realmente le importan los daños que provocan las barras a las que usan como fuerza de choque para su carrera política.

Si los socios fueran propietarios directos entonces existirían estímulos para controlar los desmanes.

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No hay violencia en el golf, ni en deportes masivos como el béisbol o el fútbol americano porque los derechos de propiedad son claros y cada equipo y estadio tiene un dueño.

Algunos clubes de fútbol ya se han convertido en sociedades de capital, anónimas.

Así, no solo ha desaparecido la violencia al desvincularse de la política y reemplazar las barras bravas por propietarios responsables, sino que los clubes se han transformado en empresas exitosas gestionadas por profesionales.

Por caso, el fútbol de España fue parcialmente privatizado en 1990 permitiendo a los clubes ser sociedades anónimas deportivas (SAD).

La mayoría -salvo Real Madrid, Barcelona, Athletic Bilbao y Osasuna- son propiedad de inversores privados.

Hoy el fútbol español es uno de los mejores.

Soccerex clasifica a los clubes con más poder financiero en este deporte que mueve globalmente US$ 700.000 M anuales.

Su último ranking se refiere al Índice Financiero de Fútbol (FFI, en inglés).

En primer lugar, aparece una SAD, el Manchester City con un FFI de 4.883; en segundo lugar, el (SAD) Arsenal con un FFI de 4.559.

Recién sexto aparece el Real Madrid -aunque, al no ser SAD, no paga impuesto a las sociedades- con un FFI de 2.579, y 13 el FC Barcelona con 1.626.

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Los alemanes se ven parcialmente coartados ya que allí los inversores no pueden tener una participación superior al 49% de un club.

Los dos gigantes españoles al no ser SAD bloquean la posibilidad de un gran inversor y, por cierto, si el Real Madrid se capitalizara en la Bolsa quedaría primero en el ranking.

Boca aparece en el puesto 76 con un FFI de 0.191, seguido de River con 0.189.

En fin, al escribir esto, aun nadie sabe si se jugará esta final de la Libertadores ni dónde.

Y, hasta qué punto se mete la política, que Macri presionaba para que se realizara pronto y en el mismo lugar porque quería mostrarle al G20 que su Gobierno puede garantizar la seguridad pública y evitar los delitos debió pensarlo antes ya que el primero en llegar para la Cumbre fue el heredero saudí sospechado de descuartizar a un periodista, y cuyo gobierno ya decapitó unas 200 personas en 2018, pero aunque Human Rights Watch pidió a la justicia local su detención, difícilmente se concrete y podrá moverse libremente.               

Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.