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Opinión - 03/2/19 - 12:00 AM

Alíviese

Cuando murió la mamá, Angélica suplicó a su papá que la dejara estudiar por módulos para ayudarlo en la frutería, él se negó totalmente pero la chiquilla lo supo persuadir con argumentos convincentes y mucha ternura.

ETIQUETAS: Adolescente | Angélica | Venta de frutas
Bernardina Moore [email protected]

Estaba agobiada por la calor y me tocaba tomar mis vitaminas, las tomé y me recosté, nada más cerrar los ojos cuando la imagen de una adolescente, como de 15 años, como un flash se apareció frente a mi cara con una vasija honda que contenía algo como frutas, la extendió hacia mí y me dijo: ¡Alíviese!, y contrario a las otras imágenes desapareció igual como vino velozmente,  sin congelarse.

Como ya mi mente es como una cámara se grabó enseguida.

Vestía una falda color verde limón con un cinturón del mismo color, amarrado adelante, una blusa con mangas cortas y rayitas que combinaban con la falda.

Estaba peinada con dos colitas con cintas verdes, tenía flecos, era muy delgada y sonreía, no estaba iluminada ni brillaba, pero se veía sumamente clara,  muy blanca.

Como no estaba dormida, abrí los ojos y quedé pensativa.

De todos modos me recosté y me dormí por un par de horas, desperté con la imagen clarita en mi mente, almorcé y les comparto lo que descubrí.

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La llamaré Angélica, ese fue el nombre que sentí debía llamarla.

Ayudaba a su papá en una frutería que tenía en el populoso barrio donde vivían, tenían muchos clientes porque además de vender frutas en buen estado y muy variadas eran muy amables y se habían ganado el respeto de sus clientes.

Tenían servicio a domicilio que Angélica llevaba a veces en su bicicleta, si eran pedidos pequeños, los más grandes los llevaba un mozo en un transporte que tenían para tal fin.

Cuando terminaban la jornada del día cerraban la frutería y se retiraban a la vivienda que estaba en la parte trasera.

Había una señora que hacía los quehaceres de la casa y les cocinaba.

Cuando murió la mamá, Angélica suplicó a su papá que la dejara estudiar por módulos para ayudarlo en la frutería, él se negó totalmente pero la chiquilla lo supo persuadir con argumentos convincentes y mucha ternura.

Ella era muy querida por muchas señoras y familias a las que le llevaba pedidos con frecuencia debido a eso ganaba clientes y su papá estaba contento con el comportamiento de su hija.

Un día que estaban descansando en el portal, ella le dijo a su papá: oye papito, yo creo que las ventas han subido porque está haciendo mucha calor y la gente consume mucha fruta para refrescarse e hidratarse ¿no crees?

El respondió: pudiera ser porque esta calor agobia, el calentamiento global aumenta y es terrible lo que estamos viviendo.

Terminaron su tertulia y se fueron a dormir.

Al día siguiente, don Nicanor le dijo a su hija que había muchos pedidos chicos, al rato empezó su faena de aquí para allá y de allá para acá.

Al terminar su papá le dijo: ven acá mi niña que aquí pasa algo raro, mira, de pronto siento que hay una persona muy sofocada pero no sé donde mandarte, no te preocupes pa, tú prepara el pedido que yo la encontraré, como que me llamo Angélica.

Su papá la miró sorprendido y alzándose de hombros fue a preparar el pedido. 

La chiquilla miró al cielo y dijo: lo dije para convencer a mi papá pero no tengo ni idea dónde ir, así que, como tú sí sabes, nos vamos juntos ¿Vale?

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Tomó su encargo y empezó a pedalear sin rumbo fijo.

Después de mucho andar le entró mucha sed, se le había quedado la botella del agua así que decidió tocar a la puerta de una casa donde nunca había llevado un pedido.

No le abrían, pero la puerta estaba abierta y sintió un enorme impulso de entrar.

Caminó y vio una señora recostada, se paró delante, esta al verla la miró y la chiquilla rápidamente le ofreció las frutas y le dijo: ¡Alíviese!

Como me dijo y la vi y salió apuradita de esa casa.

Al regresar su papá le preguntó que ¿cómo le fue?

Ella sonreída le dijo: mejor de lo que te imaginas.

Pero, cómo sabías que era alli que tenías que llevarlo, yo no lo sabía, pero el que todo lo sabe sí lo sabía..

No sé qué pensar.

Lo cierto es que me siento mejor al terminar esta historia.

Bernardina