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nytimesinternationalweekly - 23/1/20 - 09:00 AM

Labor frailea mantiene a flote a Venezuela en medio de la crisis económica

Aunque la mayoría admira al reverendo Nelson Sandoval, las denuncias que hace contra Maduro le han valido críticas. Algunos jefes yukpa resienten su interferencia en lo que ellos ven como asuntos indígenas, otros creen que su politización de los problemas afecta las probabilidades de obtener recursos públicos.

El padre Sandoval ha llevado educación y cuidados médicos a un área descuidada por el Gobierno venezolano. Foto / Adriana Loureiro Fernandez para The New York Times.
  • Anatoly Kurmanaev

EL TUKUKO, Venezuela — Los choques del reverendo Nelson Sandoval con funcionarios socialistas, rebeldes marxistas y jefes tribales le han valido seguidores y enemigos en una remota aldea indígena de 3 mil 500 habitantes en la selva tropical del oeste de Venezuela.

Durante los últimos 15 años, Sandoval ha estado trabajando para llevar educación y atención médica a El Tukuko. Sus aliados dicen que la está manteniendo a flote en medio de la crisis económica venezolana.

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Los detractores me dicen que iré al infierno, apunta Sandoval, un jovial fraile capuchino, de 49 años. Les digo que ya estoy viviendo en el infierno.

El Tukuko ha sido devastada por la crisis venezolana. La energía eléctrica y las conexiones telefónicas son esporádicas. La desnutrición es generalizada y la clínica pública local se ha quedado sin medicinas. La circundante Sierra de Perijá, que se extiende hasta Colombia, ha quedado bajo el control de narcotraficantes y rebeldes.

Sandoval culpa a los socialistas de muchos años en el poder. Son una maldición que nos ha caído, expresó sobre el Gobierno de Nicolás Maduro. Viven como reyes mientras que la gente come porquería.

Durante el auge petrolero de la década del 2000, el Gobierno de Venezuela utilizó repartos económicos para tratar de debilitar el dominio de la iglesia católica en las comunidades indígenas.

Sin embargo, en el colapso económico, la misión Los Ángeles del Tukuko que Sandoval supervisa está asumiendo nuevamente algunas de las funciones básicas del Estado.

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Aunque la mayoría lo admira, las denuncias de Sandoval contra Maduro le han valido críticas. Algunos jefes yukpa resienten su interferencia en lo que ellos ven como asuntos indígenas; otros creen que su politización de los problemas afecta las probabilidades de obtener recursos públicos.

Sandoval ha acusado a algunos jefes de robar el suministro subsidiado de alimentos y de ser cuatreros, valiéndole el apodo de el Diablo entre los simpatizantes de los líderes.

Monjes españoles construyeron la misión de Tukuko en 1945 para convertir al pueblo yukpa y establecer el primer contacto pacífico con la tribu bari más pequeña y más belicosa en lo profundo de la sierra. Los bari habían estado librando una guerra perdida con los ganaderos venezolanos, quienes pagaban una recompensa por miembros muertos de la tribu.

Sandoval nació en el pueblo ganadero de San José, a más o menos una hora de allí. Su madre era una maestra y su padre, un milusos alcohólico. La violencia provocada por el alcoholismo de su padre lo llevó a unirse a un club juvenil católico local. Descubrió la misión de Tukuko y dedicó su vida a su labor.

La misión opera una escuela para 716 niños indígenas, que también ofrece comidas. Unos 30 alumnos viven allí.

La misión de Tukuko y sus tierras de cultivo son la mayor fuente de empleo en la aldea. Tiene reservas de medicamentos obtenidas de la ONU y de Cáritas, un grupo católico de beneficencia.

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Un programa organizado por Cáritas con el apoyo de Sandoval ayudó a 105 niños y mujeres embarazadas a recuperarse de la desnutrición el año pasado, señaló un funcionario de Cáritas.

La retirada del Gobierno de Maduro ha traído un rival que compite por las mentes y los corazones de El Tukuko: el Ejército de Liberación Nacional, guerrillas marxistas con sede en Colombia. Para granjearse la preferencia de los indígenas, prometieron redistribuir tierras privadas y expulsar a los parásitos de la iglesia.

Tras altercados verbales, ahora hay una tregua tensa entre la misión y los rebeldes, narró Sandoval. Yo los incomodo, no son mis amigos, indicó. Pero no me tocan porque saben que tengo el apoyo de los indígenas.

A pesar de predicar a los aldeanos que lleven una vida con valores morales, entiende los dilemas que enfrentan. Muchos alumnos han renunciado a sus estudios para trabajar en la producción de cocaína en Colombia, donde perciben 20 veces el salario mínimo de Venezuela.

No puedo competir con esa oferta, manifestó Sandoval.

Sheyla Urdaneta contribuyó con reportes a este artículo.