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nytimesinternationalweekly - 21/5/20 - 06:00 PM

La pandemia detiene el flujo migratorio

En algunos lugares, los migrantes que ya no pueden ganarse la vida en el extranjero han decidido regresar a casa, incluso si sus países de origen están envueltos en un conflicto político y la ruina económica.

Migrantes que intentan entrar a EE.UU. desde México encuentran restricciones más rigurosas. Foto / Jose Luis Gonzalez / Reuters.
  • Kirk Semple

CIUDAD DE MÉXICO — Un albergue para migrantes en el sur de México llamado La 72 tiene años de ser una popular estación de paso para los que viajan de Centroamérica a Estados Unidos. El año pasado recibió un número récord de visitantes, a veces alojando a más de 2 mil al mes.

Sin embargo, en semanas recientes ese tráfico se ha detenido e incluso ha dado marcha atrás.

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De fines de marzo a principios de mayo, en medio de la pandemia del coronavirus, no más de 100 migrantes pasaron por el albergue. Y casi todos se dirigían al sur, de regreso a sus hogares en Centroamérica.

“Nunca había visto a algo retardar la migración como el coronavirus”, dijo Ramón Márquez, ex director del albergue.

Los cierres fronterizos, los programas de asilo suspendidos, las interrupciones en el transporte global y las cuarentenas han frenado drásticamente la migración en todo el mundo.

La cantidad de africanos orientales que cruzan el Golfo de Adén para buscar trabajo en los Estados del Golfo se ha desplomado. Las granjas en Europa Occidental enfrentan escasez de mano de obra al tiempo que las prohibiciones de viaje han bloqueado a los trabajadores migrantes de temporada de Europa Oriental.

En algunos lugares, los migrantes que ya no pueden ganarse la vida en el extranjero han decidido regresar a casa, incluso si sus países de origen están envueltos en un conflicto político y la ruina económica.

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Miles de venezolanos que habían buscado refugio y trabajo en Colombia han regresado a Venezuela, afganos han regresado a casa procedentes de Irán y Pakistán, y lo mismo han hecho los haitianos procedentes de República Dominicana.

“Son las personas que están en al fondo de la pirámide”, dijo Gillian Triggs, alta comisionada asistente para protección en la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados. “Y casi siempre son los primeros en irse”.

El reverendo Pat Murphy, director de la Casa del Migrante, un albergue en la ciudad fronteriza mexicana de Tijuana, dijo que unas 10 personas se habían presentado en su puerta durante dos semanas en abril y mayo. La mayoría acababa de ser deportada de Estados Unidos.

Pero el Padre Murphy y la mayoría de los demás operadores de albergues en Tijuana y en otros lugares han cerrado sus puertas a los recién llegados para proteger a los residentes en cuarentena. Y algunos albergues en la región han cerrado por completo. Uno de ellos, Casa del Migrante Nazaret, en Nuevo Laredo, suspendió operaciones luego de que un brote enfermó al menos a 15 residentes.

La mayoría de los migrantes que ha llegado a la frontera suroeste de Estados Unidos en el último año han provenido de Centroamérica, pero los defensores dicen que el estricto cierre y las medidas de control fronterizo en toda la región han convencido a algunos de retrasar sus salidas.

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Los migrantes también se han desanimado por la decisión de la Administración Trump, en abril, de endurecer las restricciones fronterizas. Citando la amenaza del coronavirus, la Administración instituyó una nueva política bajo la cual ha estado deportando rápidamente a personas que cruzan ilegalmente la frontera. La Administración también detuvo el procesamiento de inmigrantes indocumentados en los puertos de entrada.

En todo el mundo, los gobiernos han cerrado temporalmente sus puertas a los refugiados. Triggs indicó que de los más de 120 países que han ordenado algún tipo de cierre fronterizo, sólo unos 30 están dando alguna consideración a los reclamos de solicitantes de asilo.

Y el reasentamiento de refugiados, dijo, “se ha detenido en la práctica” debido a las limitaciones en los viajes aéreos.

En las últimas semanas, barcos con cientos de refugiados rohingya han sido rechazados de puertos de Malasia, reportan grupos de derechos humanos.

Pero las deportaciones han continuado, en ocasiones con consecuencias perjudiciales para la salud. Veintenas de repatriados enviados a Guatemala de EE.UU. en las últimas semanas han dado positivo para COVID-19, dijeron funcionarios guatemaltecos.

En algunos lugares, los migrantes varados están hacinados en albergues, campamentos y habitaciones de hotel, sin poder practicar el distanciamiento social. Unos 2 mil 500 migrantes, muchos de ellos haitianos, están atorados en centros gubernamentales en el sur de Panamá porque la frontera con Costa Rica está cerrada, dijo Marcelo Pisani, director regional de la Organización Internacional para las Migraciones para Centroamérica, Norteamérica y el Caribe. Al menos 23 de ellos han dado positivo para el coronavirus, informó.

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Erol Yayboke, miembro senior del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington, dijo que incluso una vez que la pandemia disminuya, los impulsos proteccionistas en algunas naciones ricas podrían continuar, frustrando una reanudación total de los patrones migratorios. En lugar de ello, los flujos pueden ser mayores de lo normal entre los países en desarrollo que presenten menos restricciones.

Demetrios G. Papademetriou, cofundador del Instituto de Política Migratoria en Washington, ofreció otra posibilidad: pese a las restricciones fronterizas en los países ricos, la demanda acumulada podría llevar a gente desesperada a cruzar las fronteras en grandes cantidades. Esto plantearía retos para gobiernos de mentalidad liberal, dijo.

“¿Qué hacer entonces?”, expresó Papademetriou. “Eso va a desafiar a los países que han estado empleando la retórica de los derechos humanos, la solidaridad y la cooperación”.

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